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Enric Urrutia entrevista a Julián Marcilla, pionero en la distribución de productos ecológicos en Euzkadi. Por cortesía de Bio Eco Actual

Julián Marcilla Santisteban, pionero en la distribución de productos ecológicos en Euskadi, desde 1987. Fundador de la distribuidora Dispronat, un negocio con alma.

Julián Marcilla, Ceuta 1958, polifacético en sus actividades, la ecología forma parte de su estilo de vida. Si algo define a esta persona es su espíritu emprendedor y, según los que le conocen bien, integridad y trabajo duro son sus señas de identidad. Presidente de la revista Vida Natural, publicación dedicada al análisis de los caminos que llevan a alcanzar nuestro bienestar físico y espiritual. También es propietario y dirige WAY DIET marca de complementos alimenticios que se está implantando de forma sólida entre terapeutas y pacientes por la calidad de sus productos y la innovación galénica con la que se fabrican estos. Desde Dispronat, siempre pendiente de acercar al consumidor nuevos productos dietéticos, de nutrición – alimentación ecológica, está ahora también emprendiendo nuevos proyectos de cara al otoño con la inauguración de Elikasi, un centro especializado en la obesidad infantil y adolescente en el centro de Bilbao y, asimismo, finalizando la construcción de unas nuevas instalaciones ecosostenibles para Taller Madreselva, una empresa dedicada a la fabricación de cosmética ecológica.

Mirando hacia atrás, ¿qué te motivó para crear una distribuidora de alimentación ecológica en 1987?

Julián Marcilla: En aquel momento la alimentación y producción ecológica estaba prácticamente en pañales, no existía una acepción concreta y la distribución era sobre todo de producción natural y dietética.

En mi caso convertí mi motivación en una forma de vida. Recorrí el camino a la inversa, ya que, normalmente, se crea un negocio y luego “se vive” ese negocio. Yo llevaba años enfocando mi vida en el consumo y divulgación de los productos naturales y, a posteriori, de una forma fluida y totalmente espontánea nació Dispronat.

Ya en 1983 abrí mi primer negocio, un herbolario en Laredo, con una filosofía un tanto “especial”. Recogíamos las plantas en el campo y luego las comercializábamos a granel haciendo mezclas según las necesidades del cliente, vendíamos cereales, legumbres, etc. al peso. Teníamos una zona donde se hacían zumos naturales en el momento, bizcochos integrales e infusiones, etc. En fin, un espacio totalmente alternativo que en el año 83 era una oferta original y atractiva, pero que quizás por demasiado innovadora, no funcionó y , me parece recordar, al cabo de tres o cuatro años se cerró.

Recuerdo, como curiosidad, que para hacer el pan, nos desplazábamos hasta Daroca, un pequeño pueblo de La Rioja donde comprábamos sacos de trigo biológico. La molienda la realizábamos semanalmente en un molino de agua en Entrambasaguas (Cantabria) con el objetivo de que el cereal, recién molido, estuviese presente en el pan de esa semana, que se comercializaba en el herbolario, en el camping de Oriñón y en algunos supermercados de Laredo. Disfrutábamos enormemente con todo el proceso pero la rentabilidad era nula.

Ahora lanzas un proyecto de cosmética ecológica, cuéntanos también como surgió.

Julián Marcilla: En realidad, Taller Madreselva lleva ya 30 años fabricando productos naturales de forma artesanal. La demanda ha ido creciendo de forma constante, pero no hemos querido ni podido desarrollar nuevas líneas de producto debido a la falta de unas instalaciones adecuadas. El año pasado surgió la posibilidad de construir una fábrica ecoeficiente, con un impacto medioambiental mínimo: el edificio se ha construido sobre pilares para no alterar el terreno; la energía para calefacción y refrigeración se extrae de la tierra mediante sistemas geotérmicos y se ha utilizado tecnología LED para la iluminación. Las nuevas líneas de producción que vamos a implantar serán íntegramente ecológicas y será esta filosofía ecosostenible la que defina todo el proyecto.

La confianza que fluye entre un negocio detallista de productos ecológicos y un productor- distribuidor, se forja día a día. ¿Se ha visto reforzada esta confianza por la existencia de las entidades de certificación ecológica?

Julián Marcilla: Las entidades de certificación son imprescindibles para la seguridad de toda la cadena de comercialización de productos ecológicos. Dan seguridad a los dueños de los establecimientos, a los distribuidores, pero sobre todo, desde mi punto de vista, son verdaderamente fundamentales para el consumidor final, que sabe que el sello garantiza la calidad y seguridad del artículo que va a adquirir. Las competencias de la certificación eco están transferidas a las comunidades autónomas y como tenemos productos certificados en WAY DIET, que está en Cantabria, y en DISPRONAT, con nuestra marca BIOSUIT, en Euskadi y otras zonas que nos elaboran productos he comprobado con que rigor y profesionalidad trabajan organismos reguladores independientemente de la autonomía que sea. Como a veces salen en los medios informaciones tendenciosas que cuestionan la integridad del sector ecológico, aprovecho este espacio que me das en tu periódico para decir a tus lectores que pueden estar muy tranquilos ante la fiabilidad de que los productos ecológicos, lo son 100%.

 ¿Crees que la sobreproducción, el productivismo y el consumismo a que nos empuja el sistema económico actual es sostenible?

 Julián Marcilla: La filosofía de este sector reside precisamente en la sostenibilidad. Trabajamos con empresas de comercio justo y tenemos proveedores de materias primas a los que se paga adecuadamente para que puedan mantener una forma de vida digna. En caso contrario, el ritmo de desarrollismo y consumismo de esta sociedad cuestionaría inevitablemente el futuro de nuestro planeta. Cuando hablo de consumismo y productivismo, siempre me acuerdo de un documental de la directora de cine Agnes Varda que se titula “Los espigadores y la espigadora”*. En este documental, Varda refleja la importancia de evitar el desperdicio habitual de alimentos que se da en la mayoría de hogares del mundo “desarrollado”. Hay que ver la cantidad de comida que se tira en los restaurantes, supermercados, etc. En estos últimos años, con la dichosa crisis generada por los mismos que dicen que nos van a sacar de ella,  bueno como decía en los últimos años vemos a personas en las puertas de los supermercados a la hora de cierre recogiendo los productos caducados para poder comer al día siguiente, esto que hoy es una necesidad ya lo plantea Agnes Varda, como una forma de vida alternativa a la sociedad del despilfarro.

La naturaleza se autorregula, ¿por qué nos cuesta tanto a los humanos autorregularnos para mantener el equilibrio físico y mental?

 Julián Marcilla: Creo que cada día nos alejamos más de la naturaleza. A mediados del siglo pasado, hubo una avalancha de abandono de los pueblos para vivir en las grandes ciudades. Esto ha originado que las últimas generaciones se encuentren tremendamente distanciadas del campo y sus labores, de la tierra y sus funciones, lo que incide negativamente en ellas.

 Ya vimos hace muchos años a través del cine, con Tarzán,  la intromisión del hombre blanco en las selvas vírgenes y sus consecuencias, ¿Crees que el cine es útil para transmitir la realidad del planeta a la sociedad?

Julián Marcilla: “UNA IMAGEN VALE MÁS QUE MIL PALABRAS” esta frase contestaría a tu pregunta. Actualmente los medios audiovisuales son imprescindibles para la comunicación de ideas, de proyectos, etc. Existen múltiples ejemplos de documentales y películas sobre el medio ambiente y su deterioro que han sido muy efectivos para aumentar la concienciación del riesgo que corre nuestro planeta (pérdida de selvas vírgenes, derretimiento de los casquetes polares, desaparición de especies vegetales y animales, etc.). Sin duda, el cine es un magnifico instrumento para interpretar y comprender la realidad menos complaciente.

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos realizamos acciones que repercuten en nuestro entorno y en nosotros mismos. Danos tres razones para tener una actitud eco social en nuestro día a día.

Julián Marcilla: Respeto, en esta palabra resumo las tres razones que me pides. Respeto a nosotros mismos con un consumo responsable y consciente en el que la calidad prime sobre la cantidad.

En segundo lugar respeto por nuestros semejantes y una actitud positiva en las relaciones, ponernos en el lugar del otro es una extraordinaria fórmula de mejorar nuestra actitud eco social, a la que te refieres.

Y, por último, respeto al planeta. Somos meros viajeros de paso y tenemos la obligación de dejarlo a las próximas generaciones al menos como lo hemos encontrado.

Enric Urrutia

 

 

 

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