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Entrevista a Ángeles Parra, presidenta de la Asociación Vida Sana y directora de las ferias BioCultura

Esta es una entrevista que hace mucho tiempo que quería hacer pero que siempre se iba postergando. Ángeles Parra es  una persona a la que admiro y que tiene una forma de vida y un discurso a tener en cuenta.

Ángeles Parra (Sant Feliu de Guixols, Girona, 1960) es la máxima responsable de la Asociación sin ánimo de lucro Vida Sana y las ferias BioCultura, vamos a centrarnos en esta ocasión en su trayectoria en el mundo del ecologismo.

J.L.P: ¿Cómo entras en el mundo del ecologismo?

Ángeles Parra: Soy ovolacteovegetariana, de forma natural, desde la más tierna infancia. Esto, supongo, ha tenido algo que ver. Siempre he rechazado el comer carne y pescado, de forma natural. En mi casa se comía y les preocupaba mi actitud, pero yo siempre me las apañé para salirme por la tangente. Por otro lado, siempre tuve la consideración de que nuestro planeta y el universo entero son un templo sagrado que hay que cuidar, proteger, de los poderes que quieren corromperlo. Y, a partir de la mayoría de edad, dejé las teorías y me puse a la acción. He pasado por muchas etapas. He vivido en comunidad, he vivido en una masía aislada en una montaña… Ahora quiero vivir en este mundo porque eso es lo más difícil que hay. No quiero espiritualidades de cartón piedra. Ni utopías ni nada parecido. Quiero salir adelante, ayudando a los demás en todo lo que pueda, con consciencia del momento que estamos viviendo. Esto es una prueba realmente muy difícil de conquistar. Las cumbres nevadas de la espiritualidad ya no están en largos periodos de aislamiento y de ayuno o algo así, sino en estar al frente de una familia y vivir en este increíble mundo  y lo que ello conlleva: no hay prueba más dura que esa.

J.L.P: ¿Cómo surgió la Asociación Vida Sana?

A.P: Un grupo de personas queríamos tener una alimentación sin pesticidas, sin contaminación genética, sin conservantes. Éramos un grupo de jóvenes, de familias, de consumidores, que queríamos apostar por otro mundo. Teníamos dos tipos de acciones. Por un lado, en la parte privada, desarrollábamos una vida en comunidad, con niños estudiando en casa, con todas las ventajas y desventajas que ese estilo de vida lleva consigo. Por otro lado, en la parte pública, apostamos por la agricultura ecológica y la vida sana intentando que ambas apuestas no se confundieran, lo que era nuestra apuesta privada y lo que era la actividad de la asociación. No siempre se consiguió y a veces hubo que pagar un precio muy caro. Pero, por otro lado, aprendí muchas cosas de esa etapa, buenas y no tan buenas, pero sobre todo me sirvió para no volver a cometer los mismos errores. Ahora mismo, no volvería a repetir la experiencia de vivir en comunidad. Sí, en una ecoaldea o algo similar, pero, como dice la sabiduría popular: “cada uno en su casa y Dios en la de todos”. Hasta los cazadores recolectores tienen normas muy claras en lo que respecta a la vida en comunidad. Eso de que: «Todo es de todos y nada es de nadie»… no sirve. Sólo trae problemas. Entre el egoísmo a ultranza de la sociedad moderna y la comuna naïf hay un paso intermedio, donde está la consciencia, la responsabilidad personal y lo genuino de nuestra especie. Eso de abandonar tu ego para ponerlo en manos de un gurú trasnochado… es de otra época, no del mundo actual.

J.L.P A nivel personal ¿qué cambios han sido los más importantes en tus 30 años de experiencia en el ecologismo?

A.P: A un nivel muy personal, para mí lo más importante es y ha sido volver a una espiritualidad esencial, directa, sin intermediarios, sin gurús de baja estofa. En este aspecto, tengo que reconocer que la influencia de Edward Goldsmith, fundador de The Ecologist, ha sido muy grande. Me he replanteado muchas cosas gracias a las conversaciones que tuvimos y gracias a sus escritos. Yo creía que la ecología era una cosa y con él descubrí que, en realidad, la ecología es o debería ser considerar la Creación como algo sagrado. No como un ente biológico sin más. Como algo verazmente sacro e inviolable. Sólo así podremos llegar a una verdadera armonía con el planeta y con nosotros mismos. Sin esta espiritualidad esencial, la ecología es un movimiento político que para mí, y pido perdón a los que les duela, no tiene ninguna relevancia. Con Edward Goldsmith, con Vandana Shiva, con Jerry Mander y algunos otros hemos vuelto a ver la Tierra como parte de una teofanía eterna, infinita y velada. Creo que este debería ser el último eslabón de todo viaje «ecologista». El estudio y el profundizar en las formas de espiritualidad tradicional (sufismo, cristiandad, hinduismo…) me ha ayudado a quitarle velos a esas verdades universales inquietantes y misteriosas que están ahí mismo, para que nosotros las descubramos.

J.L.P: ¿En qué ha cambiado la actual sociedad con respecto a 30 años atrás en cuento a conciencia ecológica?

A.P: Hace treinta años nadie veía la conexión existente, por ejemplo, entre una agricultura industrial, la globalización de la alimentación y la crisis climática. Hace treinta años hablar de los problemas que conlleva el uso de pesticidas en la salud de la ciudadanía y en el medio ambiente era enfrentarse a un muro tremendo de incomprensión. Hace treinta años poner en tela de juicio los principales dogmas de la sociedad consumista era como ser luddita en la primera fase de la Revolución Industrial. Pero hoy muchas cosas están cambiando porque hay cada vez más personas que están empezando a ver con claridad.

J.L.P: ¿Por qué crees que los grandes medios de comunicación siguen sin informar sobre ecología?

A.P: La cosa está clarísima. La ecología profunda pone en tela de juicio los principales dogmas que asientan la sociedad del desarrollo y la modernidad. Hablar de ecología profunda significa poner en tela de juicio esos dogmas y, por tanto, la sociedad misma en que vivimos, que se presenta a sí misma como la única solución posible, pero no es verdad, es mentira. Hay otras formas eco-nómicas, otras formas de producir, otras formas de gobernar, otras formas de consumir, otras formas de vivir. La modernidad ha instalado en todo el planeta un sistema económico-político-social que nos está llevando al colapso, económica, social, ecológica, política y medioambientalmente. La usura y los movimientos especulativos son perfectamente legales en el mundo moderno, por ejemplo. Ha sido aplaudida por todos durante siglos, cuando siempre estuvo prohibida en las tradiciones espirituales reveladas.

J.L.P: ¿Cómo surgió la primera feria BioCultura?

A.P: Fue a raíz de un encuentro con Don Enrique Tierno Galván. Ahora ya no hay políticos como él. Él se dio cuenta de que lo que nosotros decíamos era incontestable. Y quiso ayudarnos sin fisuras. Y para ello nos cedió un pabellón en Madrid y nos dijo: montad aquí el proyecto de futuro que queráis y se nos ocurrió el formato de una feria: escaparate de productos y actividades de información. Y así lo hicimos. Ese fue el embrión de BioCultura. Treinta años más tarde, BioCultura es una feria consolidada que, en realidad, es el nexo en la vida de un montón de miles y de miles de personas que quieren vivir de otras maneras, que quieren un futuro digno para las generaciones venideras, que quieren y aspiran no a cambiar de consumo, sino a cambiar por completo el Sistema, tarde o temprano. Porque el Sistema es el problema.

J.L.P: ¿Qué cambios han sido los más significativos en los años que lleva la feria?

A.P: La feria ha ido cambiando con el paso de los años a mejor, no sólo a más grande. Hemos aprendido nosotros y eso nos ha ayudado mucho a mejorar. La feria es hoy más estricta en sus criterios de selección que al principio, por poner un ejemplo. También han evolucionado y crecido mucho los sectores que la forman y eso se ve reflejado en la propia feria… pero quizá en lo que más se nota el cambio es en el tipo de público. Antes, se trataba de un público muy militante. Hoy, llegamos a multitud de personas de procedencias diversas, de ideologías diferentes que vienen a BioCultura a conocer, a compartir, a pasar un buen rato también. Pero BioCultura también es la gran cita para los profesionales de los diversos sectores que utilizan la feria como plataforma y tarjeta de visita para hacer negocios sanos y éticos, que ¡claro que sí señores, se puede ganar uno la vida con la conciencia bien tranquila! Hay que reconocer también que BioCultura tiene una idiosincrasia muy propia, muy de mercado mediterráneo, cosa que no pasa con las ferias «bio» del norte de Europa, donde las ferias son sólo para profesionales. Cada uno tiene que conservar sus particularidades culturales y se consecuente con la realidad de su momento.

J.L.P Hasta ahora BioCultura estaba presente en Madrid, Barcelona y Valencia, pero este año vais todavía más allá, la feria debuta en Bilbao ¿qué novedades encontraremos?

A.P: Vamos a desembarcar en Bilbao por primera vez, pero con la seguridad que da el saber que tenemos una sociedad, la vasca, que nos va a dar una muy buena acogida. Hace tiempo que teníamos en mente este nuevo proyecto y bueno, por fin, hemos dado el paso. La feria, antes de empezar, está siendo ya un éxito, numerosas empresas han reservado ya sus stands y se están involucrando. Nosotros tenemos claro que el norte es un buen mercado y que BioCultura va a suponer un buen empujón al aumento de la conciencia de las ventajas de la producción y el consumo ecológico. Vamos a dedicarle todo el esfuerzo que requiera. El tema gastronómico va a ser principal en esta nueva feria y vamos a preparar numerosas actividades en ese sentido.

J.L.P: España es uno de los países con mayor producción de agricultura ecológica y sin embargo la mayoría de la producción va a otros países ¿qué sensación te genera eso?

A.P: La culpa en gran medida la tiene la Administración. En España, ni el PP ni el PSOE, ni los diferentes gobiernos autonómicos, han apostado nunca por el consumo ecológico. Viven sometidos a los intereses de la gran industria agroalimentaria. En España, el lobby químico es fortísimo, y está en todas partes, hasta en los ayuntamientos. Hay mucho dinero en juego. En otros países, como Alemania o UK, la alimentación ecológica y todo lo que gira a su alrededor no es algo de izquierdas o de derechas, sino una cuestión de estado. Tienen legislaciones que promulgan una producción sana, los incentivos fiscales son notorios, se llevan a cabo campañas de promoción en medios masivos… En España, es al contrario. En fin, somos unos luchadores infatigables y alguna vez todo esto cambiará. De hecho, el cambio ya ha empezado, y si hemos llegado donde estamos es gracias a un sector que lucha día a día por salir adelante, y lo hace con profesionalidad, inteligencia y creatividad…

J.L.P: ¿Qué cambios prevés en los próximos años en el sector de la producción biológica?

A.P: En los próximos años, el aumento del consumo interno seguirá creciendo. Y, quizás en cinco o diez años, habremos llegado a la media de consumo de Alemania. O, para ser más prudentes, a la media italiana, que sigue siendo alta. Cada vez habrá más proyectos de ecología profunda más intensa y radical. Y, al mismo tiempo, los productos ecológicos llegarán cada vez más a un público más amplio y estarán presentes en todos los puntos de venta habituales. Esta parece que será la trayectoria…  y en nuestras manos estará que el consumo de productos ecológicos sea además ético y sostenible en todos sus aspectos.

J.L.P: Esto es todo por hoy ¡Muchas gracias, Ángeles ha sido un honor y un placer!

A.P: ¡Muchas gracias, José!

José López Pérez

 

 

 

 

 

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