Tras un fin de semana intenso carretera arriba y carretera abajo, puedo decir definitivamente que Guadalajara está por descubrir.

Al ritmo de Guadalajara Guadalajara emprendí un viaje de a penas 24 horas que se ha convertido, sin duda, en le viaje del verano.

Aterricé con mi pareja en una casa rural en un pueblo que no llegaba a ser pueblo llamado Monasterio.  Y como en los pueblos casi todo, si no todo, tiene una razón de ser, resulta que la aldea que nos acogió de forma totalmente gayfriendly, resultó ser en sus días pasados un antiguo monasterio.

Nos alojamos en una de las casitas que una pareja formada por una mujer de Girona y un hombre de Donosti tienen en el pueblo.  Las casas rurales de El Rincón de Monasterio son un lujo ibérico en plena naturaleza. Realmente el turismo rural cobra sentido cuando Mercedes y Mikel te abren las puertas de su casa para hacerte el registro y te ofrecen su colección de dvd´s por si eres de los que ves películas antes de irte a la cama.

Las casas han sido reformadas de forma que se mantiene todo el encanto rural, que de eso se trata, y al mismo tiempo está repleto de comodidades, como una televisión de plasma que no llegamos ni a encender. Nos bastaba con mirar la chimenea apagada mientras nos planteábamos encenderla y hacer nuestra propia noche de San Juan adelantada.

Nuestra casita era de 3 plantas. En la planta baja estaban el spa y la sauna que disfrutamos la mañana siguiente, en la primera la sala de estar con una pequeña cocina totalmente equipada, un baño y una mesa que miraba a la sierra. Verdaderamente desayunar viendo los tejados  de los vecinos del pueblo te hace respirar el auténtico aire rural que buscamos los urbanitas que nos pasamos el día mirando la pantalla del ordenador o intentando respirar sobre el asfalto. Por último, en la planta de arriba se encontraba el nidito de amor con dos gozosos albornoces  perfectamente doblados.  En cuanto los vi supe que nuestra estancia iba a ser patrocinada por la felicidad.

Al día siguiente tras el desayuno disfrutamos del spa. Yo no soy muy de agua y aún así reconozco que no hay nada más idílico que un spa privado a tu disposición sauna incluida.  Te guste o no, es bien y más si es sólo para ti y tu pareja.

Tras el spa seguimos las instrucciones de quienes se han convertido en nuestros amigos de Guadalajara y emprendimos un viaje de 5 horas recorriendo sitios que jamás pensé tener tan cerca.

Nuestra primera parada fue en Umbralejo, un pueblo deshabitado desde 1970, cuando sus habitantes fueron expropiados.  Hoy en día es el destino perfecto para visitas de colegios ya que sus casas han sido rehabilitadas y han pasado a ser talleres, aulas y comedores donde los más pequeños reciben formación y ayudan con ciertas labores a la conservación del pueblo.  Un sitio absolutamente maravilloso. Una visita obligada si vives en Madrid y tiendes a quejarte del verano del horror.

La segunda parada fue en Valverde de los Arroyos. Simplemente te dan ganas de ponerte una bota de monte por mucho que seas lady tacón y seguir a las personas que pululan por el pueblo sujetando un bastón y una sonrisa.

No llegamos  a la cascada, porque como gente de ciudad que somos todo esto lo hicimos con unas preciosas hawaianas. Pero por lo que he leído y lo que escuchamos de los lugareños, bien merecía la pena hacernos un esguince si con ello disfrutábamos de la belleza que los saltos de agua que Despeña el agua ofrecía.

Antes de terminar de contar mi estancia en la mejor casa rural de Guadalajara debo hacer una mención especial al momento ducha…. Tened paciencia, pues entrar en la ducha del cuarto de baño de la habitación es como entrar en la estación de la nasa. Palancas, botones, chorros inesperados y sensación de pérdida. Una ducha ideal para cuando coges confianza… pero no para unas prisas. También es cierto que nadie que se hospede en alguna de las casas rurales del Rincón de Monasterio (nuestra casita tenía el nombre de Jara), tendrá prisa. Además la absurda ley que nos obliga a abandonar nuestra estancia a las 12.00 del mediodía se ve que no ha llegado a El Rincón del Monasterio, y se agradece.

Eme Be

Fotos: Eme Be