Se decía que vestida y seca era una más, pero en traje de baño y mojada era única. Y es verdad. Esther Williams, que nos dejó la pasada semana con 91 años cumplidos, reinó durante diez años en las pantallas de todo el mundo. Desde ‘Escuela de sirenas’ (George Sidney 1944) hasta ‘La amada de Júpiter’ (George Sidney 1954). Sus películas no engañaban, ya se sabía lo que ofrecían: una historia romàntica en Technicolor con números musicales de gran espectacularidad y agua, mucha agua. En la España gris, triste y pobre de los años 40 y 50 no se podía pedir más.

Inventora de la natación sincronizada nunca pensó que triunfaría en el cine. Ella era una deportista consumada que se había preparado para las Olimpíadas de 1940, pero la guerra frustró sus esperanzas. Cuando actuaba en un célebre espectáculo acuático titulado Acquade, fue descubierta por un caza talentos de la MGM que le propuso hacer una película. Entró en la Metro a regañadientes pero a partir del éxito de ‘Escuela de sirenas’ ya no pudo escapar. El estudio construyó piscinas imposibles para que Esther hiciera ‘el más difícil todavía’. Naturalmente nunca tuvo a ningún especialista que la doblara en las secuencias de más riesgo, ¿quién iba a reemplazarla?. En ‘La primera sirena’ (Mervyn Leroy 1952) se deslizaba de pie por un largo tobogán, se sumergía en el agua de la piscina, para, acto seguido, agarrarse a una argolla suspendida de una cuerda que la elevaba hasta el cielo. Después con redoble de tambores se dejaba caer al agua acertando en el centro del ballet acuático que la esperaba abajo. Una coreografía espectacular, con trapecios, antorchas y bengalas del genial Busby Berkeley. En un número submarino de ‘Faldas a bordo’ (Sidney Lamfield 1952) estuvo acompañada de Tom y Jerry. El trompetista Harry James y la orquesta de Xavier Cugat eran habituales en sus films. En Estados Unidos sus películas  se estrenaban por Pascua o Navidad, en España en verano. La publicidad lo dejaba claro: ‘No hay verano completo sin un film de Esther Williams’.

Esther fue el equivalente femenino de Johnny Weissmuller, Tarzán, pues ambos provenían de la natación, incluso habían actuado juntos en espectáculos acuáticos.

Cuando su estrella empezaba a declinar hizo una incursión en el drama: ‘Sombra en la noche’ (Harry Keller 1956) donde era una profesora que sufre acoso de uno de sus alumnos. Naturalmente fué un fracaso. ¿A quién le podía interesar ver a Esther Williams vestida en un papel dramático? En 1962 regresó al cine dirigida por su tercer marido, Fernando Lamas. La película se titulaba ‘La fuente mágica’, se rodó en España y no se llegó ni a estrenar.

Todo el mundo que la conoció decía de ella que era una persona absolutamente maravillosa. Opinión que responde a la imagen que nos dejó en sus películas, aquellas viejas películas en Technicolor.

Carlos Mir