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“Expediente Warren: El caso Enfield»: Cine de sustos (que no de terror)

imagesTanto “Expediente Warren» como “Expediente Warren: el caso Enfield» parten de buenas premisas: adaptaciones de dos casos reales llevados a cabo por los parapsicólogos Ed y Lorraine Warren. Si en la primera parte el matrimonio ayudaba a una familia de Rhode Island a expulsar al espíritu maligno de su casa, en la segunda parte viajan a Londres para hacer lo propio en una vivienda del barrio de Enfield habitada por una madre soltera y sus cuatro hijos.

La secuela de “Expediente Warren” (“The Conjuring”), a pesar de estar catalogada como género de terror, más bien estaría situada en un supuesto subgénero de susto. Y es que el film es una continua búsqueda en la oscuridad de un malvado espíritu que puede aparecer de la nada de repente, como cuando juegas al escondite y en cualquier momento el amigo de turno pega un “buuu” que te hace gritar del sobresalto. Aún así, tiene escenas bien conseguidas que logran que pegues un brinco, utilizando los consabidos ingredientes para este tipo de películas (música in crescendo y luego pararla en seco, primeros planos con fondo de instrumentos de cuerda a lo “Psicosis”, oscuridad, movimientos de cámara, reflejos…). La diferencia con otro tipo de productos del mismo estilo es que, en el caso de “The Conjuring 2”, consigue un resultado que puede satisfacer a los amantes del género. Yo lo veo como cuando, utilizando los mismos ingredientes, mi madre prepara una paella riquísima y yo otra que no quiere ni el inglés más hooligan de Magaluf. Mi madre es a Jamen Wan (director de esta secuela) lo que yo al director de “El otro lado de la puerta” Johannes Roberts, por ejemplo (incluso ambos coinciden en la participación de Javier Botet en las películas citadas).

420881.jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxx“Expediente Warren: el caso Enfield” sigue la misma línea que su antecesora pero con mejor resultado. Puede que también influya lo poco que me gusta Lili Taylor (una de las protagonistas de la primera parte) y la horripilante película en la que participó a finales de los 90 junto a Catherine Zeta-Jones y Liam Neeson titulada “The haunting”, también de terror.

Una de las condiciones primordiales para disfrutar en su esplendor esta película es ir a verla al cine. Y, sobre todo, evitar las sesiones en las que puedan ir hornadas de teens, el target principal del film. Yo fui a un pase el viernes y estoy segura que si hubiera ido en otro momento me hubiera evitado tener que compartir sala con ruidos de jugueteos con la palomitas, bromas en voz alta sobre alguna escena, risitas tontas, flirteos con el grupito de la fila de delante y un largo etcétera.

Y qué buen negocio programar esta película, por cierto, porque lo que calculé en chuches, bebidas y palomitas debe superar con creces el precio de la entrada por persona.

 

Helena García Castaño

@hgcsirena

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