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Fuera de cuadro: Arrepentidos. Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Vivimos en una época terrible de impulsos colectivos e histéricos. A la moda de hacer frases tan antinaturales como la explotada “si o sí” o las contracciones tipo “finde”, que viene a añadirse a las ya antiguas “cole”, bici” y otras del mismo calado, especialmente de nombres propios, ahora se han puesto de moda en nuestra sociedad los arrepentidos. Es aquello de que quien este libre de culpa tire la primera piedra y se produce una lluvia de piedras que mata al más pintado. Si buscamos en el Diccionario dela RAE(bendita página web que tienela Academia) el verbo arrepentirse veremos que tiene dos acepciones a cual más explícita. La primera dice así: “Dicho de una persona: Sentir pesar por haber hecho o haber dejado de hacer algo”. Y la segunda lo remata así: “Cambiar de opinión o no ser consecuente con un compromiso”. Y sobre arrepentido las dos definiciones que dala Academiason: “Que implica arrepentimiento”. Conducta arrepentida, y “Dicho de un delincuente: Que colabora con la justicia, generalmente mediante delación, a cambio de beneficios penales”.

Es curioso que en una sociedad como la española, empecinada con un Estado laicista, que no digo que sea ni mejor o peor que un Estado confesional, utilice, use y fomente prácticas procedentes de determinadas religiones como es la culpa y el arrepentimiento. Y es curioso porque si se ha de cambiar algo se debe empezar por lo más esencial. Yo tengo que declarar, me abstendré de confesar, verbo que también podría utilizarlo gramaticalmente pero que puede tener connotaciones religiosas, que no me gustan los arrepentidos. Y al decir los arrepentidos me refiero a los arrepentidos públicos, porque entiendo que en la intimidad de cada uno, nos podemos arrepentir de aquel acto equivocado, de aquella decisión errónea, de aquella palabra a destiempo, que enlazaría con la primera acepción que hace el Diccionario dela RAE.Mientrasque la segunda acepción es la que a mí me hace rechinar los dientes, la que dice lo de “cambiar de opinión o no ser consecuente con un compromiso”.

Vivimos faltos de compromiso, hemos borrado esta palabra de nuestro disco duro y vagamos como sombras fantasmagóricas en ese espacio muerto de la indefinición. Y ya no hace falta añadir mucho más, si nos remitimos a la segundo acepción que da el citado Diccionario sobre el arrepentido “que colabora con la justicia, generalmente mediante delación, a cambio de beneficios penales”.

Que terrible palabra: delación!!!. Que dolorosa moral la del delator, que fúnebre ética la del chivato, que patética ilusión la del que delatando se cree que se ha sacado las pulgas de encima. John Ford, ya que el cine es una fuente inagotable de ejemplos y reflexiones, realizó en 1935 una obra maestra titulada precisamente “El delator” (“The Informer” en su título original), donde un gran Victor McLaglen tenía que lidiar con su delación. Y que decir de las tristemente famosas (frase hecha pero muy rica como tal) delaciones durante el macarthismo, por no hablar de  las todavía más tristes delaciones que sufrieron los judíos durantela Segunda GuerraMundial.

“Arrepentidos del mundo entero uníos” podría ser el nuevo grito de esta sociedad tan postmoderna, que de tanto, tanto ser postmoderna, se ha tropezado con su propia espalda y confunde “el culo con las témporas”.

No creo en los arrepentidos que vocean su arrepentimiento, porque en la humildad, el silencio y la moderación es donde está el verdadero arrepentimiento, aquel que no te roba el compromiso ni te convierte en delator. Los arrepentidos están de moda y como todas las modas, que van a velocidades de la luz, pasarán dejando la estela suficiente para que muchos conflictos que actualmente se viven en España se solucionen gracias a los arrepentidos.

 Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

 

Estrambote: “No me arrepiento de nada. El que se arrepiente de lo que ha hecho es doblemente miserable” (Baruch Spinoza, filósofo holandés del siglo XVII).

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