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Fuera de cuadro: El VAR. Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

El VAR (Video Assistant Referee), en inglés queda más bonito, porque Árbitro Asistente de Vídeo, que sería ASV, es de la mala pronunciación, ha matado definitivamente al fútbol. Hace ya tiempo que el llamado deporte rey vive en la incongruencia de querer modernizar lo que no se puede modernizar, de querer cambiar lo que no se puede cambiar, por ello la aparición del VAR no hace más que testificar la muerte del paciente.

Porque aunque en el VAR aparezca el termino referee (árbitro), quien decide es la máquina (o las máquinas, porque son muchas pantallas y vídeos lo que siguen el devenir del juego) y, porque, y esto es lo más importante, el árbitro, o los árbitros, que van a interpretar lo que se ve en las pantalla (penalti o no, tarjeta o no falta o no, gol o no, etc…), están cómodamente aislados del mundanal ruido, y no pueden ni ser vistos ni oídos por ese público enervado, histérico, violento que vive los partidos de fútbol.

A partir de ahora, el “noble deporte” de insultar al árbitro (desde hijo de su madre a cabeza con cuernos) ha desaparecido. Con lo cual se plantea el dilema de ¿para qué ir al fútbol, sino se puede insultar al árbitro, el mal de todos los males?, ¿para qué el sufrimiento por la victoria, por el buen juego, si la bilis no se puede transmitir a otro ser humano?

¿Puede haber algo más aburrido que insultar a una máquina? Qué alguien se atreva a negar que, en más de una ocasión haya insultado al teléfono móvil que te deja colgado, a la televisión que se apaga en el momento justo del gol, al ordenador que se vuelve loco de golpe y porrazo, o a la lavadora que echa espuma por todos los poros. Y cuál es el resultado, de absoluta decepción, porque la máquina, como máquina que es, ni reacciona, ni te contesta, ni sabe que existes.

Que aburrimiento ir al fútbol para saber que una máquina va a decidir por un ser humano. ¿Dónde estará la polémica en los programas deportivos, dónde en los bares, donde en las oficinas? Porque como muy bien se sabe, las máquinas ¡malditas máquinas! no se equivocan nunca. Lo que es blanco es blanco y lo que es negro es negro. Es el ojo del ser humano el que ve los matices, es el cerebro, apasionado, enardecido, lanzado a mil kilómetros por hora, el que ve el blanco y el negro, desde diferentes matices, ese ojo que ha seguido entregado, hasta la muerte, esos noventa minutos de infarto y que quiere volver a su cueva para gritar por el triunfo o llorar por la derrota, felicitando o maldiciendo al trencilla.

Cuando un deporte de sangre, sudor y lágrimas se quiere convertir en un partido de tenis en la verde hierba de Wimbledom, se ha matado, finiquitado, el noble deporte del balompié. Que dejen en libertad los codos, las zancadillas, los empujones, las patadas, los rodillazos, incluso los mordiscos y no digamos los insultos y los escupitajos, para que ese deporte tan antiguo como el ser humano, porque patadas todos las hemos dado a una piedra, a una lata, o una pelota de tenis, siga siendo lo que es, un encuentro de fuerzas desatadas, de situaciones imprevisibles, de emboscadas, de hostilidades sin fin, donde lo previsible se vuelve imprevisible, dónde lo lógico es saboteado una y otra vez, y donde el sabor del triunfo o de la derrota, no lo provoca ninguna otra actividad humana.

¡Muerte al VAR! ¡Viva el fútbol!

Sobre Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Periodista cultural,Crítico de Cine

Estrambote: “El fútbol no es una cuestión de vida o muerte, es mucho más que eso”. (Bill Shanky, entrenador de fútbol británico, 1913-1981).

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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