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Fuera de Cuadro: Muertos. Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

A los muertos, sean los que sean, hay que dejarlos en paz. Porque, para bien o para mal, ya están muertos y hay que dejarlos tranquilos en eso que los vivos llamamos la paz eterna. A los muertos, buenos y malos, feos y guapos, altos y bajos, famosos y desconocidos, inteligentes y tontos, ricos y pobres, hay que dejarlos tranquilos estén donde estén enterrados, se sepa o se ignore, porque ya están donde deberemos estar todos, en la tranquilidad sin fin, en eso que llamamos muerte y que como define el diccionario de la RAE, en su primera acepción, es la “cesación o término de la vida”, del latín (ese origen de tantos idiomas) “mors, mortis”. Pero mucho más interesante es la segunda acepción en ese mismo diccionario que dice: “En el pensamiento tradicional, separación del cuerpo y el alma”. Resulta curioso como la RAE (no me gustan los acrónimos, pero para no tener que escribir cada vez Real Academia Española, me decanto por la comodidad del escribidor -de varias e interesantes acepciones que recomiendo se consulten- y del lector), se cuida en salud y antes de lo de “separación de cuerpo y alma”, coloca el prudente “En el pensamiento tradicional”. Pero sea en el pensamiento tradicional o en el pensamiento moderno, posmoderno y futurista, lo cierto e irrefutable es que el cuerpo y llaméese alma, inteligencia, emociones o el etcétera que cada uno, en su sano juicio, quiera poner, en llegado ese momento de la muerte se separan.

El cuerpo, que aunque sea una definición bíblica, polvo es y en polvo se convierte, mientras el resto de lo que configura nuestra dimensión humana, es decir nuestra inteligencia, nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestra personalidad, nuestro vivir, seguirán intactos más allá del tiempo y del espacio, proyectados, asentados, fijados en los que nos sucedan. Porque la vida y la muerte son los dos puntos extremos de una cadena sin fin, de una cinta de Moebius, que se repite más allá del conocimiento humano. No hace falta creer ni en esto o en aquello, para entender que a los muertos hay que dejarlos tranquilos, como tranquilos querremos estar cuando nos muramos. Respetar a la muerte y a los muertos, es decir a la causa y al efecto, es fundamental para que la vida sea más tranquila y apacible, y ya que nunca, en vida conseguiremos la paz eterna, aunque si se puede luchar por la paz perpetua (Immanuel Kant dixit). Dejemos a los muertos en la tranquilidad anónima de sus cuerpos y aprovechemos de sus almas, inteligencias, emociones… lo que de bueno nos hayan dejado.

Sobre Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Periodista cultural,Crítico de Cine

Estrámbote: Que nadie llore por mí o que celebre mi funeral con luto; porque todavía vivo, cuando paso de un lado a otro por la boca de los hombres. Quintus Enniu (Rudiae, 239 a. C.-Roma, 169 a. C., dramaturgo y poeta épico latino)

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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