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Fuera de Cuadro: Necrológicas. Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

A lo largo de mi carrera profesional, como periodista cultural (para nada de ningún otro  ámbito informativo que están mucho más condicionados por intereses políticos y económicos) y crítico de cine, he tenido que escribir cientos de necrológicas de personajes famosos, populares y conocidos, siempre bajo la dimensión de que al ser un personaje público, de mayor o menor alcance, prácticamente todo se sabía de él. Incluso en mi época de redactor en “Diario de Barcelona” había escrito necrológicas de más de un personaje famoso mucho antes de que se muriera, por aquello de tener ya preparado el consiguiente panegírico y solamente tener que añadir lo más reciente de sus actividades. He seguido escribiendo necrológicas de famosos conocidos y de famosos desconocidos para mí, en diversos medios, siempre intentado aportar elementos diferentes al resto de las necrológicas, algo tan difícil como alcanzar la Luna en los tiempos de Méliès si no era con la imaginación de Julio Verne, con lo cual escribir necrológicas, aunque la persona fallecida era uno famoso que por muchas razones  te afectaba, se convertía en algo rutinario y hasta cierto punto sin alma.

Pero a lo largo de la vida, sea más larga o más corta, siempre ocurre un acontecimiento que te hace ver las cosas desde otras perspectivas. En menos de dos semanas he escrito dos necrológicas (a mí me parece más acertado decir recordatorios) de dos personas que no tenía el gusto de conocer, de dos personas anónimas, sencillas, pero de enormes, cada una en su medida, dimensiones humanas. Dos personas que sin conocerlas directamente las he conocido a través de sus hijos. El fallecimiento de don José López Díaz, el pasado 15 de Septiembre, a los 93 años  de edad, padre de José López Pérez, como bien se sabe “alma mater” de esta web inmejorable; y el fallecimiento poco más de una semana después, concretamente el pasado 23 de este mismo mes de Septiembre, de don Tomás Fernández Cazorla, padre de Tomàs Fernández Valentí, compañero de quien esto suscribe en la revista “Imágenes de Actualidad”, me han hecho descubrir que los recordatorios dedicados a quienes nos han abandonado de esta transitoria y compleja vida, deben escribirse con el corazón, con los sentimientos, con las emociones propias y de aquellos que han perdido a un ser tan querido, tan importante, tan transcendental como un padre. La amistad con José y con Tomàs, el hecho de viajar juntos en este especial y variopinto mundo que es el cine, me ha hecho vivir, no como ellos, pero sí muy profundamente, la pérdida que han sufrido mis dos amigos y compañeros. Cuando ya no tienes, en la carrera de la vida, a nadie delante y sabes que la meta está reservada para ti, entiendes perfectamente el dolor ajeno, la perdida ajena, el duelo ajeno, que, casi de puntillas, te recuerdan los propios e intransferibles.

En tiempos de duelo personal, que se transmuta en duelo colectivo, escribir necrológicas (recordatorios para mí) debería ser un acto nacido del corazón, de los sentimientos y de las emociones. Quizás soy un iluso (que seguramente como todas las personas lo soy en más de una ocasión), pero que hermoso seria que el duelo, el dolor, la pena ajena pudiera ser profundamente el duelo, el dolor y la pena propia. Yo por lo menos, en esta semana, he sentido, en lo más hondo, el dolor, el duelo, de José y de Tomàs y como ellos también he llorado.

Sobre Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Periodista cultural,Crítico de Cine

 

 

Estrambote: “Cuando los que amamos parten, pasan de vivir entre nosotros a vivir en nosotros” (Anónimo)

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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