Me acerqué al tanatorio de Collserolla y aparqué donde pude. Son circunstancias tristes que a nadie gusta recordar y menos relatar. Bajé del coche y me dirigí hacia el tanatorio donde José Maria descansaba entre familiares y amigos, saludé algunos conocidos y salí otra vez al exterior (algo me inquietaba).Ahí estaba Santi Lapeira, hombre de conciencia y principios firmes, lo encontré conversando consigo mismo, pues estaba preparando unas palabras que pronunciaría durante el acto de la ceremonia  de José Maria, conversé muy brevemente con él (estaba consternado), y decidí marcharme, hacía frio, era un día gris y yo estaba en plena producción de la película documental “La Barbacoa” de contenido animalista / biocentrista. Cuando estás realizando una producción cinematográfica estás en el mundo de los vivos de espectador…pues tu inconsciente rige tu realidad.

Subo  al coche, (barro y algo de lluvia), gente de otros tanatorios  se me cruza por el camino (molestan, porque gritan y sonríen) y finalmente me voy, conduzco despacio y empiezo a recordar cuando estuve con José Maria y Lluís Valentí  (productor de cine) participando como amigo y actor en la película de Jose María “A la Soledad”, iban pasando los minutos, los kilómetros y me alejaba cada vez del área metropolitana. De pronto,  en medio del asfalto de la carretera,  me encontré atropellada pero aún con vida una preciosa cabra negra la cual estaba preñada, paré el coche en medio de la calzada  para protegerla, pulsé los cuatro intermitentes de emergencia y me dirigí hacia ella, (hacía pocos minutos me había dirigido hacia Jose Maria que dormía para siempre). La situación era peligrosa porque esto sucedía en medio de una recta de doble  circulación en el mismo sentido y me sentí  totalmente desprotegido, la cabra sangraba y rebufaba , de pronto aparecen dos tipos, (mientras los  coches nos esquivan y ni nos miran, no les importamos nada… )

Mirándolos a ambos les digo:

Hay que retirarla con cuidado y dejarla en el arcén…

Uno de los tipos responde en tono enfadado:

Joder, se me ha cruzado el animal y me ha jodido el coche, yo me voy que tengo mucha prisa, ostias…

El otro tipo y yo nos miramos, no dijimos nada recogimos a la cabra y la depositamos en el arcén, (nos manchamos de sangre), tras lo cual acerqué mi coche (es un familiar), preparé el maletero y cargamos la cabra…

Me despido de aquella buena persona, subo al coche y me voy con la cabra preñada, empecé a pensar muy rápido, si voy a la policía no entenderán nada, y si  lo entienden aun será peor, yo quiero salvar a la cabra, ellos querrán explicaciones  y la cabra necesitas acciones, en breves instantes decidí llevarla a mi amiga la veterinaria, la llamé por teléfono indicándole lo que sucedía y que me dirigía hacia su consulta, llamé a mi esposa y a un amigo, y pasó lo que pasó el olor a muerte embriagó todo el vehículo y lloré …Pero seguí  conduciendo bastantes kilómetros y entre lágrimas y pensamientos decidí dejar que la naturaleza siguiera su curso, me adentré en un camino de bosque y descargué a mi amiga y sus crías que llevaba en el vientre en un lugar apartado donde los córvidos (garzas, hurracas ) y demás colectivos de costumbres carroñeras cerraran el ciclo de vida de tan preciado animal.
Fue una jornada especial donde seres queridos  desaparecieron  físicamente mientras yo continuaba con mi rodaje, eran días en los que entraba  en mataderos a rodar sesiones de sacrificios de corderos y terneras, mi convicción de no matar para comer y seguir viviendo  se enraizó mucho más, los ojos  de cualquier ser vivo son el espejo de su alma, todos los animales tenemos alma y José Maria Nunes lo sabía.

Enric Urrutia