Dirigido por Javier Giner, “El amor me queda corto” comienza a rodarse en localizaciones de Madrid.

Tras estrenar sus dos cortometrajes “Save me” y “Night Flowers”, ambos galardonados con el Premio Corto del mes en la plataforma Filmin, Javier Giner, a través de su productora ACTUS Producciones S.L. rodará durante tres días este nuevo proyecto.

Sinopsis: Samuel tiene diez años y está locamente enamorado de Lucía. Lucía tiene doce años y un plan maestro para deshacerse del único obstáculo que queda en su vida, tras la misteriosa muerte de su padre en un accidente, para conseguir lo que desea. Lucía no dudará en utilizar todas sus armas de seducción, emulando a las femme fatales de las películas de detectives que tanto le gustan, para convencer a Samuel, en nombre de su amor, de que la ayude. Ambos se reúnen en el banco de un parque infantil para ejecutar un baile de manipulación, que cobrará un nuevo significado cómico e inquietante, con los adultos que les cuidan como testigos inocentes. Como en las clásicas historias de cine negro, la fatalidad, la manipulación, los celos, la pasión y las justas dosis de surrealismo cómico, de una negrura inquietante, se convierten en protagonistas de una historia infantil acerca del poder de la imaginación y del precio que, algunas veces, se paga por el simple hecho de amar.

Javier Giner ha comentado que : Ya hemos elegido los zapatos de Lucía (Lucía Caraballo), le hemos confeccionado un vestido y conseguido unas gafas de sol que molan mucho. Samuel (Izan Corchero), ahora mismo, es una mezcla entre Víctor Erice, David Lynch y Wes Anderson, en miniatura, más guapo y con melena. He ensayado con ambos a lo largo de muchas tardes en el sofá de mi casa con mucho Aquarius (ambos son fans devotos de esta bebida). Después de todo este curro, siento que estoy en buenas manos y ya no me imagino a los personajes sin el físico y el talento de Izan y Lucía. Son infalibles como actores, aunque tengan 11 y 12 años, respectivamente. También hemos negociado los permisos de una localización endiablada e imposible, en pleno centro de Madrid, exteriores. Y liado a una multitud de amigos a que se vengan con sus niños a hacer cameos. Incluso hemos convencido a dos ACTRIZONES (en mayúsculas) a las que adoro y admiro de que formen parte de esta aventura: Mariola Fuentes y Pepa Charro. Atrás dejamos muchas horas de casting y reuniones llenas de referencias visuales, planes de trabajo, pruebas de maquillaje y vestuario y desgloses por departamento. Todo el mundo está en la línea de salida, ilusionado y expectante. Algunos días capitanear a un equipo de pros como el que me rodea, me produce vértigo y seguridad, una mezcla curiosa que disfruto al máximo. Espero poder darles todo lo que me han dado ellos a mí durante los meses (sí, meses) que ha llevado la preparación de “El amor me queda grande”. Hoy, a 24 horas de decir “acción”, no tengo mariposas en el estómago. Tengo directamente hipopótamos. Ahora sólo queda rodarlo. Casi nada. Tengo ganas de vivir aislado del mundo en esos días en los que la imaginación cobra vida y se hace de carne y hueso. O de fotograma, que para nosotros, los del cine, es lo mismo. “El amor me queda grande” es un personal homenaje al cine de mi infancia, el cine clásico, y una carta de amor a dos de las mujeres de mi vida: Lana Turner… y Bárbara Stanwyck, por supuesto. Pero no pretendo resultar un académico repelente ni un teórico del remake. Tampoco un babosillo nostálgico. En mi imaginación, a diario, cada vez que trabajo en él se agolpan multitud de imágenes y referentes: las niñas, las niñas que imaginan, las madres, las madres que son mujeres fatales, las mujeres fatales que son niñas, las niñas que son madres, las madres que son niñas. Los niños, los niños enamorados, los enamorados que son niños, los niños que ven cine. Lo que os decía al comienzo: el cine de mi infancia. E importantísimo también son los niños que son adultos y los adultos que son niños. Y tú, de niña, y también de niño. Y los juegos, de todo tipo. Porque un juego no solo es una estructura de madera o un tobogán o un divertimento digital que te descargas en el iphone. Hay juegos que son mucho más peligrosos y que no tienen ninguna gracia.  Pero si te soy sincero, me estoy tirando el pisto. Tengo que esperar a que esté terminado para poder decir qué es “El amor me queda grande”. Así que estas palabras no tienen ningún valor. Por ahora yo sólo espero poder estar a la altura de aquello que imagino. Lo cual, en si mismo, es un trabajazo. Alguien cercano que leyó el guión no hace mucho lo definió como un cruce entre “Perdición” y “Pequeña Miss Sunshine”. Ojalá el resultado se asemeje, aunque sea de lejos, a ese corto que aún no existe y que sólo está en la cabeza de todos los que, con ganas y fuerza, formaremos parte de “El amor me queda grande”. Hasta pronto, espero.

De Javier Giner dicen que ha trabajado con Pedro Almodóvar, Isabel Coixet y que conoce a todo el mundo. Cuando se lo preguntas, él sonríe en silencio. No suelta prenda. Javier Giner es cuentista, cineasta, gordo en invierno, delgado en verano y muy amigo de sus amigos. Ha publicado una novela, “El dedo en el corazón” (Atico ediciones), y varios relatos y cuentos.