El pasado miércoles 13 de febrero, sucedía un hecho de película. Sobre las 16:30 tenía que encontrarme con Gerardo Tudurí, uno de los realizadores del proyecto “Cine sin Autor” cuya central de operaciones se encuentra en el espacio Intermediae del centro cultural de Matadero Madrid. Allí me disponía a entrevistarlo para conocer más a fondo el pensamiento y las acciones que han llevado a cabo en esta iniciativa de hacer cine sin autor. Y para mi sorpresa, no podía haber llegado en mejor momento porque allí me encuentro a un grupo de jóvenes en pleno momento de trabajo en la primera etapa que requiere hacer una película. Allí estaba también Gerardo Tudurí quien me invitó a sentarme con el grupo y presenciar como una más ese momento. Me encontraba en el proceso de narración de una película de cine sin autor.

Mi llegada coincidió justo con un ejercicio; estaban mirando un video en el que estos mismos jóvenes aparecían respondiendo a dos consignas: ¿te gustaría hacer cine? y ¿qué escena o película te gustaría grabar? En relación a la primera pregunta, las respuestas eran de lo más variadas ya que era una cuestión muy personal y estos jóvenes han estudiado diferentes disciplinas, han vivido en diferentes lugares del mundo, han tenido vidas que les ha dado una visión muy particular a cada uno de ellos. Allí, a través de este video, se estaban presentando, se estaban conociendo. La segunda pregunta también ocasionaba respuestas diferentes, pero me llamaba la atención que la temática era la misma: ¿cómo vivimos la crisis los jóvenes? Frente a este planteo los chicos y chicas imaginaban alguna escena o alguna historia que en pantalla pudiera expresar este conflicto. Más tarde Gerardo me contaba que la temática en realidad hacía un año que había aparecido con algunas personas que integraban este grupo y que ahora lo estaban retomando con la idea de hacer una película. Pero para concluir y resumir más o menos este momento, fue como un encontronazo inesperado con gente joven que tras una larga charla en la que en un comienzo las ideas personales distaban bastante unas de otras finalmente lograron conseguir un consenso, una escena, un primer personaje y un espacio donde todo lo que se dijo iba a tener momento y lugar para ser expresado. Ahora estos jóvenes continúan trabajando en una nueva película con ideas más claras y un grupo muy bien organizado que cuenta con perfiles muy valiosos y que seguiremos de cerca para continuar comunicando su evolución.

Después de esta agradable ocasión, entonces sí pude hacerle mis preguntas a Gerardo Tudurí y supe que este proyecto de “Cine sin Autor” nació en el año 2005 a partir de una revisión crítica sobre la producción cinematográfica en todas sus etapas. El propósito era “rastrear un cine colectivo y horizontal” donde sin tener nada en contra de los autores, “la autoría y la propiedad pudieran pertenecer a las minorías”. Según esta ideología, se considera que alrededor del cine se ha levantado toda una organización empresarial que parte desde la propiedad de los medios y termina en la autoridad sobre la toma de decisiones en lo que se hace y se muestra en las películas. El cine industrial y el de autor son ejemplo de ello y ambos pareciera que se han convertido en un cine hegemónico al cual nos hemos acostumbrado.

Pero este impulso de democratizar el cine que Gerardo Tudurí junto con varios compañeros tenían, continuó;  y en el año 2007 en el barrio Malasaña de Madrid, en un colegio abandonado y ocupado conocido como el “Patio Maravillas”, se creó y puso en funcionamiento el primer colectivo para el desarrollo de un cine sin autor, un cine social hecho desde abajo. En el 2009 trabajaron en el sur de Madrid, en la localidad de Humanes, luego se trasladaron a Tetuán donde permanecieron tres años y el pasado año 2012 se establecieron en el centro cultural de Matadero. A lo largo de todos estos años además de efectivamente haber logrado realizar varias películas sin autoría en cada uno de los lugares donde han trabajado, han desarrollado un concepto bastante interesante. Esto es que “allá donde se encuentre el colectivo se monta una fábrica” dice Gerardo, el concepto es el de montar una fábrica de cine sin autor donde exista un colectivo interesado en realizar una película. Es decir, que “la fabrica” no está en el Matadero ya que allí sólo se coordina la fabricación, sino que cualquier espacio social se puede convertir en una fábrica de cine que incorpora todas las opiniones y voces que normalmente circulan allí, en ese ambiente.

De este modo hoy en día llevan a cabo varias películas: una de ellas es la que comentaba sobre este grupo que colectiviza la idea de cómo afecta la crisis a los jóvenes y que se encuentra en sus etapas iniciales; por otro lado están trabajando en un colegio con niños y niñas de 9 años; también están haciendo una película policíaca en un centro de rehabilitación psico-social y participan además con otro grupo en un corto sobre la soledad.

El funcionamiento o la receta para llevar a cabo estas películas dice Gerardo que es considerar a cada una de las etapas en las que se divide la producción de una película “como un acontecimiento social, como un encuentro social con un sujeto social”. Es decir, cada fase de: pre-producción, narración, rodaje, montaje y gestión de la película, se realiza de manera asamblearia. “Si te juntas y dejas la palabra circular, la película se construye sola” dice Gerardo. Sólo es necesario el interés y la motivación, ni si quiera se plantean la viabilidad sino un interés mutuo. En la introducción a este articulo veíamos cómo se realizaba la etapa de narración con este grupo de jóvenes que hablaban de la crisis; en el rodaje ocurre lo mismo, como ejemplo apuntaba Gerardo que una persona que conoce muy bien el espacio donde se va a realizar la filmación porque lleva 40 años viviendo allí le puede indicar al camarógrafo o a la luz donde ubicarse porque sabe bien que allí va a captar algo muy especial; el montaje igual, otro debate; así de este modo a través de documentos parciales, armando escena a escena completan un film que muestra una historia que compete a todos los que la han realizado.

Finalmente con el resultado obtenido de las experiencias que han llevado cabo, se ha abierto otro dilema: ¿qué pasa con la película? y ¿qué pasa si hubiera beneficio? porque la calidad de estos trabajos ronda la posibilidad de ser presentados en los festivales y en tal caso ¿quién representa la película? El grupo de Cine sin Autor que opera desde el centro cultural de Matadero no son ni se sienten autores o representantes de ninguno de estos colectivos, si que participan con ellos y les echan una mano en cada uno de los procesos. Gerardo por ejemplo se dedica dentro del colectivo a generar la idea teórica para realizar una película sin autor escribiendo semanalmente y conteniendo el pensamiento en el grupo sobre todo lo que allí ocurre, otros ayudan en el montaje, otros en el rodaje, pero nadie tiene autoridad sobre nada ni nadie.

Toda una novedad frente al cine al que estamos acostumbrados y todo un cuestionamiento hacia la cadena de producción capaz de verse transformada y democratizada. Lo que ocurra con la cadena de distribución seguiremos indagando y en cuanto a la película de este grupo de jóvenes que se los comienza a conocer bajo el título de “Vida Fácil” procuraremos mantenernos cercanos para adelantaros todas las novedades. Que así sea; continuará.

Rocío Vázquez