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La vida, en la sección Fuera de Cuadro de Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Según definición del diccionario de la RAE en su primera acepción la vida se define como: “Fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee”. Y es evidente que el ser humano, la mujer y el hombre, tiene esa fuerza o actividad esencial mediante las cuales puede desarrollarse. Pero la vida, y ahí entra mi muy particular visión de la vida, se divide en cinco grandes etapas: La infancia, el paraíso de la vida. La juventud, la enfermedad de la vida. La madurez, la realidad de la vida. La vejez, la verdad de la vida. La muerte, la liberación de la vida. Pero analicemos y razonemos cada una de esas cinco etapas de la vida.

Que La infancia es el paraíso de la vida parece algo indiscutible y, sobre todo, muy evidente. La infancia, desde que el ser humano nace hasta que entra en la juventud, es la etapa de la inocencia (estado del alma limpia de culpa), la etapa de la aprehensión (captación y aceptación subjetiva de un contenido de consciencia), la etapa de la absorción (atraer la atención de alguien o mantener a una persona ocupada por completo), la etapa de la formación (preparar intelectual, moral o profesionalmente a una persona o a un grupode personas). Es por lo tanto la etapa más importante de la vida y a la que menos importancia se le da en la sociedad actual, ni los padres (en general), ni la educación (en general), ni las instituciones (todas) son conscientes de que ésta es una etapa donde se forman mujeres y hombres útiles para sí mismos y para la sociedad a la que van a formar parte.

Que La juventud es la enfermedad de la vida es, aunque duela, otra evidencia absoluta, más allá de verdades opinables a favor o en contra. La juventud, para bien y para mal, es el estallido de las hormonas, la explosión de los sentidos, el desajuste entre infancia y madurez, la etapa más peligrosa, dura y condicionante del ser humano. Se están rompiendo las cadenas, el cordón umbilical real, y se sale al exterior creyendo que por el status que te da la edad eres el héroe o la heroína que en la infancia te hicieron ensoñar. Es la etapa de las dudas eternas o de las verdades absolutas, porque no hay lugar para el término medio. El péndulo se mueve de extremo a extremo descompasando el ritmo de la vida. Todo es blanco o negro y el mundo solo la juventud. No hay lugar para el dolor, ni el sentido de la muerte, el futuro no existe, el hoy se ha de quemar constantemente y el ayer (la infancia) se niega y se olvida, porque la enfermedad de la juventud no tiene pasado, ni presente, ni futuro. Es cuando se quiere cambiar el mundo, dinamitar los cimientos de la sociedad en la que se ha entrado y alcanzar lo que anteriormente sus antepasados no alcanzaron, sea en lo social, creativo, político o filosófico. Una enfermedad que no todas las personas superan y que arrastran, con mayor o menor disimulo, a lo largo de las siguientes etapas de la vida.

Que La madurez es la realidad de la vida es una evidencia que cae por su propio peso. Pasada la enfermedad de la juventud, cuando la realidad supera las hormonas, los vientos revolucionarios, los ideales juveniles, llega la verdad de lo real, el día a día en cualquier vida, lo que no se puede obviar con el famoso “mañana será otro día”, los hechos que se deben resolver, en definitiva la supervivencia. En la madurez, los que no se han instalado en la eterna adolescencia fomentada por la sociedad de consumo, se descubre que la vida sí que tiene un final y que no se puede hacer todo. Cambiar de rumbo o empezar de nuevo resulta más difícil. Se asumen las responsabilidades de los hijos (quienes los tengan) y de los padres que ya son ancianos (y que la mayoría  tenemos durante esta etapa de la vida). Se tienen que asumir las responsabilidades sociales de autogestión y supervivencia personal, familiar y social: Empleo, vivienda, colegios, residencias, impuestos, créditos, contratos, seguros, etc. La cotidianidad se convierte en la realidad de la vida y la salud es, muchas veces, imprescindible cuando se deben tomar decisiones. Es la etapa más larga de la vida, la de más sacrificios y retos, pero, también la más creativa, la etapa de afirmación personal y social.

Que La vejez es la verdad de la vida es otra evidencia indiscutible. Con los años, con el paso del tiempo, todo se posa en su lugar exacto. Se ha superado la enfermedad de la juventud, la infancia es un recuerdo difuminado, difuso, troceado, y la madurez ha dejado las huellas y heridas de esa etapa transcendental en el ser humano. Con la vejez las cosas personales y sociales se colocan en su sitio, nada es lo que era y nada es lo que se cree. Todo adquiere su verdadera tonalidad. La salud se convierte en un elemento fundamental y ya se ha aceptado que lo que no se puedo hacer en la madurez no se podrá hacer jamás. En buena medida, aunque la sociedad lo oculte, es la etapa de la verdad absoluta. A un paso de la muerte, con el deterioro, la decrepitud y sin energías, la vejez pone sobre el tapete la transitoriedad de nuestra existencia, lo volátil de nuestra vida. La vejez es la etapa de las despedidas, de los silencios, de las soledades. La vejez es el momento del retorno, de la memoria perdida, de la mirada ausente. Es el paso hacia la liberación.

Que La muerte es la liberación de la vida es algo consecuente con las cuatro etapas anteriores. Es el momento del vuelo eterno. El viaje sin fin. La despedida final. El adiós absoluto. En definitiva el descanso. El sosiego y la paz interna y externa. El reencuentro con lo que has sido y no has sido. Es a la vez la etapa más corta y más larga de la vida. Y por lógica, cada muerte, como cada nacimiento, es el momento más personal e intransferible de la vida de cada uno. Mientras que en las anteriores etapas de la vida diferentes situaciones y decisiones se pueden repetir desde diferentes ángulos, solo hay una liberación absoluta, solo un viaje personal. La muerte como liberación de la vida se convierte pues en el momento sublime de la vida. Es como el estallido de una estrella, la creación de una nueva galaxia, el infinito. Y, trágicamente, esta etapa de la vida es ocultada, manipulada, condicionada, por la sociedad humana, porque la idea de la liberación final es demasiado revolucionara, demasiado ácrata, demasiado cierta como para que los poderes fácticos de la sociedad no quieran envolverla en oropeles religiosos, filosóficos, morales, políticos o culturales. Por todo ello, se puede afirmar que más que una etapa es la exaltación de la vida, la consagración de la plena felicidad.

Sobre Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Periodista cultural,Crítico de Cine

Estrambote: “La vida es una obra teatral que no importa cuánto haya durado, sino lo bien que haya sido representada”  (Lucio Annea Séneca, llamado Séneca, el Joven, 4 a. C-65 d. C.)

 

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About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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