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“La virgen de agosto” (2019): Hacia la madurez. Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

El sexto largometraje de Jonás Trueba (Jonás Groucho Rodríguez Huete Trueba, Madrid, 1981), sin contar las cuatro piezas, entre documentales y ficciones; del grupo “Quién lo impide”, realizado en 2018, que lleva por título “La virgen de agosto”, es la película de la madurez como cineasta del joven director madrileño, que ya ocupa un lugar distinguido en la relación de los nuevas generaciones de directores españoles. Porque de madurez, la de Eva, la protagonista de la película va la historia de un agosto caluroso y festivo en la capital de España.

Si se tiene en cuenta que Jonás Trueba tiene 38 años y Eva, la protagonista, tiene 33, se puede entender en una primera lectura que se está ante una película generacional, que aprovecha ese mes de verano y esa festividad de la Virgen de agosto, para narrar con un estilo, cada vez más depurado, directo y conciso, esa historia de Eva (una sublime Itsaso Arana, coguionista junto a Jonás de la película y su compañera sentimental actual), una muchacha normal y corriente, que decide pasar el mes de agosto en el Madrid de las fiestas populares, los conciertos al aire libre y las largas noches de insomnio.
Una película que mira, a través de los ojos de la protagonista, una curiosa y muy precisa galería de mujeres y hombres, cada uno con sus problemas, sus ideas sobre el amor, sobre los hijos, sobre su futuro. Con diálogos que parecen recogidos en directo de personas anónimas pero reconocibles, la película discurre como un río en esa zona de meandros, donde la corriente fluye serena y paciente, como si el tiempo no corriera. Y así es como Eva va contando las horas y los días que van desde el 1 de agosto hasta el 15 del mismo mes, cuando las fiestas populares inundan la piel de toro del país y Madrid (como Barcelona y otras grandes ciudades españolas) vive febrilmente la aventura del estío, el tránsito cada vez más cercano a ese otoño que marca el regreso a lo cotidiano, a lo repetitivo. La película tiene escenas memorables (como la del río, con el pequeño hijo de su buena amiga, que tiene reminiscencias de la novela “El Jarama”, de Rafael Sánchez Ferlosio, editada en 1956, o las de las fiestas populares, donde Eva va coincidiendo con unos y con otros, y evolucionando, madurando, episodio en episodio, hasta un desenlace tan bello como esperanzador. No se podría entender la película sin la presencia mágica de Itsaso Arana que ya había trabajado con Jonás en “La reconquista” (2016), ya que es ella la que hace real, plausible, viva y fresca esa historia de un Madrid festivalero, caluroso, pero abierto y conciliador, de amistades volátiles, pero de reflexiones profundas y sentimientos sinceros. Jonás Trueba ha conseguido perfeccionar y potenciar todo lo que ya se vislumbraba en sus anteriores películas y ofrece uno de los títulos más importantes del cine español de esta segunda década del siglo XXI.

Sobre Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Periodista cultural,Crítico de Cine

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About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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