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LARACHE, O CÓMO SENTIRSE COMO EN CASA… EN MARRUECOS. Por Pedro Burruezo

ALEGRÍA DE VIVIR

Pedro Burruezo y su troupe han estado participando en el Festival Internacional de Larache (Marruecos) este pasado fin de semana. Como de costumbre, Burruezo resume para nosolocine.net estas experiencias que trascienden lo que es un concierto habitual del grupo.

 

Larache es una ciudad marroquí, “La Perla del Norte”, en la que cualquiera que venga desde cualquier rincón de España… se siente como en casa. La villa tiene unas playas salvajes bellísimas, la desembocadura del río Lixus (donde la Naturaleza se manifiesta con todo su esplendor), unos zocos y callejuelas con un encanto precioso… Pero lo mejor de Larache es su gente. El “marhabba” (bienvenido) está en su boca continuamente. Hay una hermandad muy bonita entre los habitantes de Larache y nosotros. Esa hermandad está muy presente en todo momento.

Y, si la gente de Larache es muy buena gente, ¿qué podemos decir de todo el equipo que organiza el Festival Larache Entrerritmos. Profesionales nacidos en Marruecos que trabajan fuera del país, en medio mundo, y que vuelven cada año para trabajar por la convivencia, el respeto al otro y a la Naturaleza, la búsqueda de la Belleza… Invierten su trabajo y su dinero en un ideal de confraternidad que, verazmente, es encomiable en un mundo como el actual, presidido por los muros y las ganas de atomizar. El caso es que, además, Larache siempre fue una ciudad donde musulmanes, cristianos y sefardíes vivieron en armonía. No eran gente de diferentes religiones enfrentadas, sino buenos vecinos que lo compartían prácticamente todo. Ese pasado sigue presente en Larache. Ahora, se manifiesta de otras maneras, como con la creación del Festival Entrerritmos.

Allí estuvimos en la edición de hogaño Burruezo & Nur Camerata + Virginia Joëlle. Es decir, Jordi Ortega (chelo y coros), Robert Santamaría (qanun), Virginia Joëlle (danzas) y este trovador loco que les habla, “al maynun”. Dimos 3 conciertos. Uno en el centro cultural Zeljou. Otro, en el cine Avenida. Y el tercero, en el antiguo Palacio del Sultán, hoy Conservatorio de Larache. En los dos primeros, el cartel lo componían diversos artistas de medio mundo. En los dos primeros, además, colaboramos con dos artistas locales emergentes, el Dúo Ismaili, con Raouya Ismaili Fraiha (voz) y Amounia (laúd árabe). El tercero fue un concierto en solitario, fuera de programa, que resultó ser la guinda del pastel. En los tres, el aforo prácticamente lleno. La entrada era gratuita hasta completar el aforo. El festival busca acercar la cultura a todo el mundo, sin ninguna distinción.

Abderrahman Lanjri, un tipo encantador y con una energía interminable, está al frente de todo este asunto. Abdelmalek Rghioui es el hombre del festival en España y el que nos invitó a participar. Y, por supuesto, a ellos les acompañan un sinfín de encantadores y encantadoras voluntarios/as que te hacen la vida muy amable cuando estás por allí. Y no quiero olvidar a la pléyade de señores y señoras que colaboran haciendo la comida de todos los artistas, de más de 10 países diferentes, que participan. Su comida sabe a gloria porque está hecha con amor. También los que te llevan de un lado a otro de hacen sentir la mar de bien. La ciudad entera, o casi, se vuelca con el festival. Es de admirar.

Os dejamos con un pequeño vídeo, muy doméstico, muy casero, pero que da buena idea de lo que fue el último de los conciertos que dimos en el festival. Un concierto que, además, se llevó a cabo fuera de programa. Pero el FB hace milagros y al final la sala se llenó. Tocar en el antiguo Palacio del Sultán, en riguroso acústico, fue un auténtico placer para los músicos y para el público, a tenor de sus encendidos aplausos. Para sorpresa de muchos, de alguna manera, ese concierto fuera de programa fue uno de los hitos del certamen. Tradición y vanguardia en un lugar con una historia tan legendaria. Ante un público ávido de escuchar un mensaje espiritual sentido de verdad y con unas formas que recuerdan a la tradición pero que muestran atrevidos pasos hacia adelante, con humildad, eso sí. En fin, que fue una despedida preciosa y que nos volvimos encantados de haber cerrado tan intenso fin de semana con una sesión tan evocadora. Y es que cuando vimos esa sala… no tuvimos dudas. No paramos hasta convencer a los organizadores de que había que hacer algo allí. Y así fue. Y el Amado envío tropeles de ángeles para que fuera una sesión inolvidable para todos. El año que viene, inshalah, volveremos… Y, posiblemente, demos un concierto conjunto con la orquesta andalusí local. Para gourmets. Al Andalus, de la tradición al futuro… Volvemos muy complacidos de haber contribuido al mensaje del festival con una música que es especialmente eso: música dirigida a los corazones desde lo corazones. El mundo necesita más música y menos gritos.

Os animo a visitar Larache y a estar pendientes de la edición de 2020, que va a ser de traca. Algunos festivales sirven para comprobar que la Humanidad es una sola. Si os acercáis por allí, seguro que nos vemos en algún café, en alguna callejuela, en algún escenario. Alegría de vivir, como dijo Ray Heredia.

 

Pedro Burruezo

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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