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Las enseñanzas de los poetas, sabios y monjes taoístas. Por Esteban Zarauz

Nota inicial del editor: Este es el tercer post de una serie de 6. El artículo que publicamos ahora forma parte del número 77 de la revista The Ecologist, perteneciente al segundo trimestre de 2019. Y lo hacemos, como siempre, con autorización expresa.

 

Esteban Zarauz nos recuerda los versos del Tao y las enseñanzas de los maestros, poetas y monjes de la antigua China. Todos ellos utilizaron la Naturaleza para enseñar al pueblo. Para amonestarle sobre la necesidad de la vida en armonía con el medio natural… Si no, el desastre estaba garantizado. Aquellas profecías se han cumplido…

Chuang Tzu

El cielo, la tierra y yo vivimos juntos
Y todas las cosas y yo formamos
Una unidad inseparable

Chuang Tzu

Alguien podría llegar a pensar que la literatura de Naturaleza es algo contemporáneo y que fue Thoreau el gran y único pionero. Pero, verazmente, esto no es del todo así. Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha plasmado en diversos formatos literarios (y sus afines)… la armonía con el universo natural y la biosfera. Uno de los posibles ejemplos es la poesía taoísta.

Los maestros, los poetas y los monjes taoístas utilizaban los diversos medios a su alcance para educar al pueblo en la senda taoísta y, por ende, en la senda de la armonía. «El taoísmo como practica pedagógica nos enseña que la capacidad de la percepción no fragmentada es el principio de la contemplación natural del universo. Dicho estado indiviso intensifica la sensibilidad y da lugar a la apertura del espacio y el silencio interior, que son pilares de una nueva educación que debe propender por la búsqueda de los mejores métodos para solucionar los grandes problemas ambientales de la actualidad”, nos dice El profesor José A. Gómez. Los problemas medioambientales son un problema, básicamente, de la modernidad, al menos a un nivel planetario. Pero hace siglos el taoísmo ya empleaba muchos esfuerzos en corregir toda suerte de desviaciones de la sociedad humana. De ahí que los maestros y poetas se esforzaran en transmitir en sus versos y en sus enseñanzas el deber de vivir en el medio sin dañarlo.

En los versos y enseñanzas taoístas, se hace continua referencia a la unidad de lo visible y lo invisible, de lo interior y de lo exterior, de lo humano y lo divino… Por activa y por pasiva, el creador del Tao y los que le sucedieron nos enseñan a seguir el curso de la Naturaleza para seguir la máxima virtud. Los poetas de la antigua China vieron la Naturaleza ejemplarizando principios femeninos. De ellos, fluía una belleza sin límites.  “Quien conoce su esencia masculina, / y se mantiene en el principio femenino, / es como el arroyo del mundo. / Mientras sea como el arroyo del mundo / la virtud eterna no lo abandonará, / y retornará a la infancia. / Quien conoce su propia blancura, / y se mantiene en la oscuridad, / es como ser el modelo del mundo. / Mientras sea como el modelo del mundo, / la virtud eterno no se alterará en él, / y retornará a lo absoluto”. La Naturaleza, que no deja de ser algo material, es el espejo donde se refleja lo inmutable y lo infinito. Seguir su curso, ser uno con ella, es ser uno con el todo, incluso con aquello que la Naturaleza no manifiesta, aunque ella misma sea una de sus máximas evocaciones.
El Tao es un continuo elogio a la sencillez. Esa sencillez que brota de la Naturaleza, aunque la Naturaleza sea extremadamente compleja. Los versos taoístas nos llaman a trascender la visión mecanicista del mundo moderno para volver a una visión intuitiva y metafísica, que es la misma que tienen los niños. El Tao destruye de un plumazo a Descartes y a todos los cientifistas. El secreto de la armonía, del bien y de la paz no está en el conocimiento científico, sino en la intuición que fluye de un corazón en armonía con la unidad.   “El Tao engendra. / La virtud nutre. / La materia conforma. / La energía perfecciona. / Por esto, de todos los seres / no hay ninguno / que no venere al Tao / y estime la virtud. / Esta veneración al Tao / y la estima de la virtud / no es impuesta sino / una eterna inclinación espontánea. / Porque el Tao los engendra, / la virtud los nutre, / los hace crecer, los perfecciona, / los conserva, los madura / y los protege. / Engendrar y criar, / engendrar sin apropiarse, / obrar sin pedir nada, / guiar sin dominar, / esta es la gran virtud”. Todas las tradiciones nos enseñan que, en el mundo natural, todo sigue el curso de la Unidad. Sólo el ser humano, por su libre albedrío, puede optar por vivir en esa armonía o romperla. Los poetas, sabios y monjes budistas utilizaron los versos, las enseñanzas orales y otras técnicas para que el pueblo aprendiera a vivir en la humildad de la Naturaleza. A la vista está que no consiguieron sus objetivos, pero lo intentaron… Esto es algo que no se circunscribe únicamente al Tao. Diferentes tradiciones orientales como el zen o el sintoísmo nos enseñan más o menos lo mismo de diversas maneras…

Esteban Zarauz

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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