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En las Islas Cíes (disfrutando)

Estuve por primera vez en las Islas Cíes un agosto del primer lustro de los años 80 del siglo pasado (no consigo recordar el año exacto), volví en 1993.

Mi tercera visita a este lugar que hay que visitar una vez en la vida y es una maravilla, tuvo lugar el pasado 27 de junio. Mi sensación fue muy diferente, ha sido en la que he disfrutado más, en la que había menos gente.

Fue la primera vez en la que cogí el barco en Cangas de Morrazo (antes lo había hecho desde Vigo). Salimos a las 10 de la mañana en un barco grande de la empresa Mar de Ons (por cierto, hace unos años fuimos a la Isla de Ons, os recomiendo que la visitéis, me parece más “salvaje” en el sentido positivo del término). El viaje de ida y vuelta cuesta actualmente 16 euros. El trayecto con parada en Vigo, dura unos 75 minutos, aunque me comentaron que en agosto el trayecto se hace más rápido.

Día curioso, algo de lluvia antes de salir, tiempo fresco y muchas nubes cuando practicamos senderismo, algo que nos fue muy bien, porque no sudamos y luego sol fuerte y calor, a partir de la hora de comer. En la vuelta, de nuevo lluvia.

Las islas Cíes, en el municipio de Vigo, forman un archipiélago situado en la boca de la ría del mismo nombre, en las Rías Baixas gallegas (que me parece la zona más bella de toda Galicia), en la Provincia de Pontevedra (España), formado por tres islas: Norte o Monteagudo, Del Medio o do Faro y Sur o San Martín. Las dos primeras se encuentran unidas artificialmente por una escollera y naturalmente por el arenal de la Praia de Rodas. Distan aproximadamente 14,5 km de la ciudad de Vigo. Fueron declaradas parque natural en 1980, y están incluidas en el Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia creado en 2002.

Lo mejor al salir del barco es elegir una ruta y caminar, observando atentamente el paisaje, la vegetación, el entorno privilegiado, la tranquilidad. Es una oportunidad para pensar, reflexionar, o bien compartir charla y camino de forma amigable y distendida.

En febrero del año 2007 el periódico británico The Guardian eligió la playa de Rodas como la mejor playa del mundo. No soy experto en esta materia pero me parece muy exagerado, no es lo mejor y más bello de las Cíes.

En noviembre del año 2013 el Ayuntamiento de Vigo inició los trámites para que las Islas sean declaradas Patrimonio de la Humanidad, posteriormente en mayo del año 2017 la Junta de Galicia envío su solicitud al Ministerio de Cultura solicitando que todo el conjunto del parque de las Islas Atlánticas sea reconocido por la Unesco.

El lago Dos Nenos es el nombre que recibe la superficie que se forma justo detrás de la playa de Rodas y que une las dos islas: Monteagudo y do Faro. Por el lado abierto al mar hay una pasarela que se convierte en el único nexo de unión entre ambas islas cuando la marea sube mucho

La isla de Monteagudo está separada de la costa del cabo Home, en la península del Morrazo, por el canal Norte, y de la isla de San Martiño por un estrecho de aproximadamente 500 metros conocido como Freu da Porta. Mientras, la isla do Faro ha acabado unida a la isla Norte por una acumulación de arena en la parte interior del archipiélago, en la cara este de las islas, que forma la playa de Rodas, de 1200 metros. Al subir la marea, el agua pasa entre las dos islas por la cara oeste y, taponada por la playa, se llena la albufera formada entre el arenal y las rocas. El pico más alto se encuentra en la zona norte de la isla de Monteagudo, en el Alto das Cíes, de 197 metros de altitud y tiene una superficie emergida de 434 hectáreas.

Su formación geológica es de finales del Terciario, cuando se produjeron los hundimientos de algunas partes de la costa, con lo que penetró el mar y se crearon las rías. Todas las islas atlánticas son las cumbres de las sierras costeras que quedaron parcialmente bajo el mar y están formadas casi en su totalidad por piedra granítica.

Las tres islas son montañosas con una cara oeste abrupta, con acantilados casi verticales de más de 100 metros y numerosas cuevas (furnas) formadas por la erosión del mar y el viento. La cara este tiene laderas algo más suaves cubiertas por bosques y matorral y se encuentra protegida de los vientos atlánticos, lo que permite la formación de playas y dunas.

Las borrascas atlánticas pasan sobre las islas, descargando al chocar con la costa, por lo que las Cíes reciben más o menos la mitad de lluvia que el resto de la costa de las Rías Bajas.

En 1980 las islas Cíes fueron declaradas como parque natural debido a su alto valor natural de este espacio y al rápido deterioro que estaba sufriendo a causa de las actividades humanas. A lo largo de los años, la situación legal de protección va variando hasta que el 21 de noviembre de 2000, el Parlamento Gallego acuerda por unanimidad pedir al gobierno central la declaración del archipiélago como parque nacional. El Congreso de los Diputados tomó el acuerdo definitivo en julio de 2002, creando el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia, formado por un conjunto de archipiélagos, islas e islotes que son las Cíes, Ons, Sálvora (al respecto recomiendo la película “La playa de los ahogados”, en la que tiene mucha importancia), Noro, Vionta (nombre de un conocido albariño), Cortegada y Malveiras.

El parque tiene una parte terrestre y otra marítima que comprende una franja de 100 metros, medidos a partir de la bajamar. En las Cíes está prohibida la pesca submarina desde 1992.

Desde 1988 las islas tienen además la consideración de ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves). También se encuentran incluidas, en el ámbito europeo, en la Red Natura 2000, que desarrolla directivas comunitarias de hábitats y aves.

Los parques nacionales son áreas naturales poco transformadas por la acción humana que, sobre la base de su interés paisajístico, geológico, sus ecosistemas o la singularidad de su flora y su fauna, poseen unos valores estéticos, ecológicos, educativos o científicos por los que merecen una especial protección. En las Cíes están excluidas, por tanto, todas las actividades que alteren o pongan en peligro la estabilidad de los ecosistemas. Se permite la pesca artesanal profesional, siempre supeditada a la conservación de los recursos naturales. Sí se apoyan las actividades tradicionales que hayan contribuido a conformar el paisaje y que sean compatibles con su desarrollo.

Las ZEPAs son zonas a proteger especialmente para evitar la contaminación y el deterioro de los lugares en que habitan y nidifican las aves de forma permanente o en sus migraciones.

El matorral se compone fundamentalmente de especies autóctonas, como el toxo (tojo), la xesta (retama), la esparraguera, el torvisco o la jara.

El bosque es el que ha sufrido las mayores alteraciones, pues han desaparecido especies autóctonas como la higuera y otras como el rebollo han quedado reducidas a áreas casi testimoniales, al haber repoblado con pino y eucalipto casi una cuarta parte de la superficie del parque. Los vientos fuertes con alto contenido en sales dificultan, a su vez, el desarrollo de los árboles.

En las dunas, playas y acantilados se mantienen especies, algunas de ellas endémicas del litoral galaico-portugués, propias de estos medios, con unas condiciones físicas y climatológicas muy extremas. Destaca la presencia de la armeria (Armeria pungens), conocida en toda Galicia como herba de namorar, en peligro de extinción, y una importante cantidad de caramiñas (Corema album) que además son las únicas en el sur de Galicia.

En la zona de la laguna se encuentra vegetación típica de marismas, como los juncos.

22.000 parejas de gaviotas patiamarillas constituyen la colonia más grande del mundo y es la especie dominante en Cíes. La sigue el cormorán moñudo, con 2.500 parejas, y la gaviota oscura, con 20 parejas. En 1960 se censaron 400 parejas de arao ibérico, que en la actualidad se encuentra casi extinguido en las islas. Hay otras muchas especies de aves rapaces, palomas torcaces, pardelas, alcatraces, tórtolas, pájaros carpinteros y otros pájaros de diferentes clases, que nidifican en árboles y acantilados. Asimismo, numerosos y variados tipos de aves invernan o descansan en sus viajes migratorios. En el Alto da Campá (Illa do Faro) y en el Faro do Peito (San Martiño), existen observatorios ornitológicos. También hay en la Illa do Faro un aula de la naturaleza.

En esta ocasión protagonicé la anécdota de nuestra estancia en la isla. Lo que me sucedió me hizo pensar en dos película, la mítica “Los pájaros” de Alfred Hitchcock, y “El día de los animales”, de 1977, dirigida por William Girdier, y que vi en el mítico cine Florida de L´Hospitalet de Llobregat que estaba al lado de mi casa y lleva décadas cerrado. Concretamente en la Pedra da Campá, una gaviota intentó atacarme hasta en 8 ocasiones, tuve que apartarme y desaparecer del lugar por piernas. Debí de estar muy cerca de donde tenía sus crías.

Conejo, erizo y nutria son los únicos mamíferos silvestres con cierta presencia actualmente. También hay ratones de campo, musarañas y murciélagos, así como algunas otras especies de pequeño tamaño y en menor cantidad.

Reptiles, representados por diferentes tipos de lagartos, lagartijas y culebras; anfibios (en menor medida por la escasez de agua), como salamandras y sapos, e invertebrados como los caracoles, escarabajos, arañas y mariposas acaban completando la fauna de las islas

La zona submarina que rodea Cíes forma uno de los ecosistemas más ricos de la costa gallega. Lo más destacable es un importante bosque de algas pardas.

El perímetro de las islas tiene diferentes tipos de entornos: los acantilados, expuestos al fuerte oleaje, están poblados por percebes y mejillones. En su parte submarina, muy pedregosa, se pueden encontrar nécoras, centollos, bogavantes y pulpos. En las playas de las zonas más protegidas hay multitud de moluscos bivalvos, así como rodaballos, sollas y lenguados. Las zonas rocosas pero protegidas del interior de las islas están pobladas por verdaderos bosques de anémonas y numerosos erizos de mar.

Habitualmente las aguas que rodean las Cíes son visitadas por delfines, ballenas y tortugas marinas.

El sistema de circulación de aguas que entran y salen de las rías gallegas y la mezcla de agua dulce y salada favorecen la concentración de nutrientes y microorganismos que suponen fuente de alimento al resto de las especies marinas.

Se puede observar también en estos fondos marinos restos arqueológicos.

En la antigüedad fueron llamadas Siccae (‘áridas’). Desde la antigüedad, los hombres visitaron y habitaron las Islas Cíes. Se han encontrado en las Cíes restos arqueológicos que datan la presencia humana sobre el 3500 a. C., si bien los restos del primer asentamiento humano de que se tiene constancia son un castro de comienzos de la Edad de Hierro. También se tiene constancia de un asentamiento que data de la Edad de Bronce (entre el 500 y el 100 a. C.), es un castro situado en las laderas del monte Faro.

Por allí pasaron los romanos, dejando restos como un anillo de oro datado en el siglo II de nuestra era, así como ánforas, cerámica y diversos útiles que se exponen hoy en el Museo de Pontevedra, así como escritos de Estrabón, Plinio o Diodoro. Existen leyendas que mencionan la presencia de Julio César en su lucha contra los Herminios, como la relatada por Dion Casio en su controvertido libro ‘Historia romana’.

Actualmente las Cíes sólo están ocupadas por los servicios del parque, camping y restaurante y el acceso está restringido a un máximo de 2.200 personas diarias.

A los pocos días del hundimiento del petrolero Prestige, el director de Parques Nacionales reconoció que, en una primera oleada, el 85% del parque nacional resultó afectado. Con posteriores oleadas, la cifra llegó al 90%. Las Cíes se vieron afectadas en un 30%. Las islas que forman el parque fueron la barrera natural que frenó la entrada del fuel en las Rías Baixas.

El impacto no solo afectó al medio ambiente, sino que tuvo importantes consecuencias económicas y sociales. Esto generó la mayor respuesta social al hundimiento de un petrolero en Galicia.

Tras varias horas caminando, recorriendo varias rutas, a las 3 de la tarde decidimos comer en el restaurante que está cerca del embarcadero, el Rodas, que me sorprendió por sus precios más que razonables. Tomamos unos calamares fritos que sirven, como mi madre, con patatas fritas como guarnición. Ración muy copiosa, cuesta 10 euros. También disfruté tomando una deliciosa cerveza San Miguel Especial de barril.

El camping está a tan solo 700 metros del restaurante Rodas.

Las vistas desde los faros son impresionantes, conmovedoras.

Fue una gran jornada que nos dejó con ganas de volver a repetir. Eso sí, las gaviotas son una plaga (ja ja), ya que en la terraza del Rodas si pueden se llevan las viandas de los comensales, hay un aviso muy gráfico al respecto.

Bromas al margen, las Cíes son un lugar de obligada visita, una maravilla.

José López Pérez

@JLPnosolocine

Fotos: Bianca Baust

 

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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