Seguimos con la mini serie dedicada a las salas de cine de diferentes localidades. En esta ocasión es nuestro colaborador Enric Urrutia el que nos aporta su lúcida mirada. Sin más preambulos os dejo directamente con él.

CINE DE PROXIMIDAD, PARA TODOS, O LA LIBERTAD DE PODER SOÑAR
DESPIERTO CADA SEMANA EN UN CINE DE PUEBLO. CASTELLTERÇOL 1976 (BARCELONA)

Por 75 pesetas al cambio  0,45 € dos largometrajes , este era el menú cinematográfico que todos los viernes me alimentaba en el Cinema del Centre en Castellterçol, población que está a una altitud de 725 metros sobre el nivel del mar, limítrofe del valles oriental con la comarca de  moianés, pueblo que evolucionó, como tantos otros, hacia la desaparición y destrucción de estos núcleos  de conocimiento y entretenimiento que son los cines y en muchas ocasiones símbolos del estatus social de una población, de inconfundible estética arquitectónica y marcada peregrinación social. No confundir con salas nocturnas de juego (bingos cutres) ni otros antros de moral distraída.

Cines de verdad, con suelos de madera que crujían al andar, aforos reducidos pero suficientes, de 250 personas , butacas de madera forradas de terciopelo granate, cabina de madera con su empleado vendiendo entradas que misteriosamente se convertía en acomodador, técnico en la sala de máquinas pendiente del  proyector Westrex Xenon 35/70 , o quizás sería un proyector OSSA VII, que estamos en Castellterçol y no en Valencia ni en Bilbao ni otra gran ciudad, eso sí …olor a celuloide , carteles de las viejas películas amontonados en un armario, nuevos carteles aún por colgar y esas prisas… que la sesión empezaba a las 10:00 de la noche y según qué viernes se llenaba la sala y como siempre al comprar la entrada le preguntabas , ¿es verdad que la próxima  semana pondrán Blow-Up
(1966 Michelangelo Antonioni)?.Aquel hombre lo tenía que pensar dos veces, abría una libreta intentaba leer lo escrito y asentía con la cabeza y te quitaba del medio para seguir atendiendo y que nadie se colase dentro sin pagar.

Esa mezcla de componentes socio – culturales y este gesto gregario que nos caracteriza a los humanos, animales con la rara habilidad de razonar y contener las emociones e instintos en grupo, y contemplar en silencio historias ajenas pero cercanas en nuestra existencia del día a día, esta razón tan inconsciente hace que nos guste y atraiga el cine, porque nos pone al límite emocional sin aviso previo.

Era necesario, se había convertido en una rutina esperada durante toda la semana, no sabías quien era Pier Paolo Pasolini pero estabas viendo con 14 años Los Cuentos de Canterburry (1972) o bien Teorema (1968) películas que vi por primera vez en 1976 y me fascinaron. Al día siguiente te enfrentabas a aquellas terribles comidas largas en casa de sábado o domingo con la familia, y percibías que algo de aquello que habías visto en la sala de cine también ocurría cerca de ti y tampoco lo podías contar …, pues nadie entendía a nadie, y muchas veces contemplar a Ornella Muti en un film S era preferible al puritanismo  social de mi entorno.

Lo curioso es que recuerdo que ciertas películas nos influían de tal manera sobre nuestra conducta que nos afectaba la forma de expresarnos, relacionarnos, hasta el punto que el pensamiento del adolescente se convierte en el pensamiento de un joven que comprende el mundo de otra manera, decide aparte de tomar ciertas conductas fuera de lo establecido llevarlas a la práctica, y claro a esto se le llama expediente de calificación por edades, cosa que en los pueblos de 800 a 1000 habitantes se pasaba por alto, lo equivalente a fumar y beber siendo menor de edad, todo ello contribuía a empezar a comprender tu entorno social de forma más acelerada y profunda. Esa permisividad encubierta hoy en día no existe y los contenidos audiovisuales (porque no todo es cine , ni mucho menos !) fluctúan libremente por las redes sociales, cualquier niño puede visualizar contenidos no aptos ya no por su mensaje sino por su información que está fuera de lugar( contenidos que no deberían de existir). Me pongo talibán porque el concepto del cine está fuera de ciertos contenidos audiovisuales que dominan el mercado incluso el televisivo y destruyen la sensibilidad de cualquiera de nosotros.

Esos paraísos de pequeño formato  que eran los cines, que los podíamos encontrar en toda nuestra geografía, que reunían a todas las generaciones un sábado por la tarde, han desparecido, y ahora, novios, adolescentes, matrimonios, abuelos, ya no tienen donde estar juntos contemplando una historia que les una.
Habrá que volver a los orígenes y encontrar una noche mágica de verano en un pueblecito donde renazca una sala cine y volvamos a soñar…despiertos.

Enric Urrutia