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“Los ríos de color púrpura 2: Los ángeles del apocalipsis” (2004): Arranque entretenido y resolución final totalmente disparatada y bochornosa

En el año 2000 fue un éxito de taquilla el thriller francés con temática religiosa “Los ríos de color púrpura”. Era un propuesta simplemente resultona, entretenida a ratos y con algún momento gore.

El protagonista era Jean Reno que bordaba su personaje. Le daba buena réplica Vincent Cassel. El guión lo firmaban Mathieu Kassovitz y Jean-Christophe Grange. El primero era también el director.

Esta era su línea argumental: El mismo día, en dos lugares separados por 300 kilómetros de distancia, a dos policías les asignan investigaciones muy particulares. Pierre Niemans (Jean Reno), un hombre con experiencia y un instinto infalible para los casos criminales, viaja a Guernon, una ciudad universitaria de los Alpes, donde se ha cometido un violento asesinato. Mientras tanto, el joven y solitario Max Kerkerian (Vincent Cassel), un antiguo ladrón de coches cuyo amor al peligro lo llevó a ingresar en la policía, está investigando en Sarzac la profanación de un cementerio, especialmente la tumba de una niña que murió hace veinte años. Inesperadamente, se establece una conexión entre ambos casos

Era inevitable una secuela, llegó en 2004. Se le encargó la dirección a Oliver Dahan. Repitió como productor Luc Besson que también firmó el guión (un guión que parece prometer mucho y que naufraga absolutamente al final).

Repite protagonismo Jean Reno y vuelve a estar solvente, también sus dos compañeros de equipo Benôit Magimel y Camille Natta. Johnny Hallyday tiene un personaje que no hay por donde cogerlo y está fuera de tono un Christopher Lee que aparece solo en el tramo final y tiene un personaje absolutamente ridículo y excesivamente visto.

En esta ocasión para Niemans (Jean Reno) el caso del hombre emparedado en un monasterio de Lorena no es un caso cualquiera, razón por la cual trata de buscar una explicación tanto del rito como de las marcas esotéricas que aparecen alrededor del cadáver. Al mismo tiempo, en la zona se multiplican los asesinatos; los responsables son unos extraños monjes dotados de una fuerza sobrenatural que además dominan las artes marciales y que desaparecen sin dejar rastro. Niemans empieza a entender algo cuando cae en la cuenta de que todas las víctimas tienen el mismo nombre y el mismo oficio que los apóstoles.

El film tiene varios momentos inquietantes en el arranque, el conjunto es disparatado y el desenlace ridículo y patético, tira por tierra toda la película, es un bochorno absoluto.

Es una secuela de muy bajo nivel que se mueve entre el frikismo y el cine Z,  y que tiene un desenlace de vergüenza ajena.

José López Pérez

@JLPnosolocine

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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