Tal como dejó bien claro Daniella Aronica, directora de la Mostra de Cinema Italià de Barcelona, en el desayuno que la organización ofreció a la prensa el pasado jueves 12 en el Hotel Majestic de esta ciudad, el documental goza de una salud envidiable en Italia. Tanto es así que la programación de este año está dedicando especial atención a este género ofreciendo dos interesantísimas proyecciones especiales.

El primero sirvió para dar un pistoletazo de salida de lujo: documental y concierto en vivo en el espacio inmejorable del auditorio de La Pedrera. Una apuesta valiente por partida doble, ya que que no se trataba de un documental rodado en Italia, sino en Grecia, y además de una pieza que da un consistente y protagonista papel a la música. Bajo el título de Indebito, su director Andrea Segre, hizo una exhaustiva presentación que iba más allá de lo cinematográfico para meterse de lleno en un aspecto tan candente como es la crisis generalizada en la que nos encontramos inmersos. Porque Indebito, aunque está rodada en su totalidad en Atenas y cuenta con el peculiar género musical del Rebetiko como hilo conductor, no es una historia sobre la crisis griega, sino sobre una mucho más preocupante y globalizante en la que todos estamos metidos hasta el cuello en más o menos medida no sólo a nivel económico, sino social, de identidad… Un documental tan sabio y profundo como el propio protagonista, Vinicio Capossela (quien transmitió la idea e inspiró al propio Segre) que nos transporta por el blues helénico nacido también de la tremenda crisis de la huida de Esmirna a inicios del siglo XX, una música visceral sólo apta para las tabernas portuarias de humo y vino.


En el segundo documental de la Mostra de este año, en cambio, la música deja espacio a los silencios o, como mucho, al tenue y omnipresente sonido de fondo de los coches circulando a gran velocidad por el GRA (Grande Raccordo Anulare) de Roma. Sacro Gra es una película dedicada y enmarcada en la mayor autopista italiana, la que rodea Roma y donde el director Gianfranco Rossi escoge a la perfección a seis personajes extremos algunos de los cuales llegan realmente al alma, que se encargan de representar a los tres millones de romanos que viven dentro de ese gigantesco “anulare”. Ni rastro del “cupolone” Vaticano, ni de Fontana di Trevi, ni tampoco del Colosseo, todo se adivina, se imagina, pero no se muestra, no se echa en falta. Una descripción contemporánea, creíble y absolutamente explicativa de esa off-Roma que no nos enseñan los catálogos turísticos, una ristra de pequeñas historias que se entrelazan a la perfección, que te sacan una sonrisa o te erizan la piel.


En cuanto a largos, merece especial atención la soberbia película de Paolo Zucca, rodada en blanco y negro en el corazón más rural de Cerdeña y que pudimos ver el sábado 14, L’arbitro. Como su título indica, la cosa va de fútbol, pero también del peso religioso, de la emigración italiana a las Américas (en la piel de un magnífico y disconocido Jacobo Cullin como Matzutzi), de la corrupción desalmada, de la ambición frustrada (representada por el árbitro Cruciani interpretado por el ya consagrado Stefano Accorsi), del amor, del arcaico mundo rural, de la venganza… Todo ello con una fotografía impecable, una estética áspera pero amable y una banda sonora ecléctica y exquisita que multiplica los efectos de un film de esos que te mueven y remueven.

En cuanto a la última película de Daniele Luchetti, las expectativas eran tan altas que quizás no consiguió satisfacerlas del todo. Anni Felici se ambienta en la Roma de 1974 y, al parecer, responde en buena parte al perfil de la familia donde se crió el propio Luchetti. El boom del arte vanguardista en una capital europea que por aquel entonces atraía a genios de la talla de Andy Warhol, el abrir de ojos de la mujer italiana sometida a los caprichos del macho que empezaba a mirar hacia las francesas guerreras del mayo del 68 y una familia que vivía a su manera unos, teóricamente, años felices. Un buen casting, una interpretación magistral de los dos niños que cargan buena parte del peso del film, un estilismo setentero bien conseguido y en definitiva, una historia que aunque no llega a conmover resulta de algún modo muy cercana a los que vivimos esos felices años 70.

MariaJo López Vilalta