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Martes Crítico 22 (8 de julio de 2014): Sobre «Open Windows», «Omar» y «Bajo la misma estrella». Por Oti Rodríguez Marchante

Una de las funciones de la crítica de cine es la de abrir ventanas, y tal vez por eso creo que esta semana no ha estado a la altura de su cometido, pues en general se ha mostrado muy reticente con el ingenioso ejercicio de abrirle ventanas al lenguaje cinematográfico de Nacho Vigalondo en su película «Open Windows», un «thriller» a tiempo real e inmerso en la pantalla de un ordenador. Tiene muchas virtudes y algunos defectos, y creo que los comentarios críticos se han centrado de modo obsesivo en los segundos. O sea, que el empuje crítico a la película ha sido más hacia atrás que hacia adelante.

Nuria Vidal, Time Out, dice que el resultado de hacer una película en la que nunca salimos de las pantallas es abrumador y en la primera mitad de la historia, fascinante. Después, poco a poco, te va fatigando el mareo de imágenes e informaciones cruzadas, y desconectas de lo que le pasa a Nick o lo que hace el loco de Nevada con la chica secuestrada.

En cambio, Nuria Vidal se esfuerza en encontrarle su punto especial en el comentario que hace de «Open Windows» en su blog: No voy a hablar del argumento de este film de suspense, me voy a centrar en dos cosas que me llaman la atención. Una es la elección de actores protagonistas. Que Vigalondo haya  pensado en Sasha Grey, mito del cine adulto y a Elijah Wood, mito del cine para toda la familia, no deja de tener gracia. Sasha y Frodo juntos producen un cierto cortocircuito.

Javier Ocaña, en su crítica de El País, habla de que es un divertimento que aguanta la metralla mientras no se agota la paciencia del espectador por seguir la trama, en principio jugosa, al final más débil, conforme el rizo corre el riesgo de convertirse en embrollo después de tantos giros.

Y Sergi Sánchez en La Razón dice que el principal problema del filme es que no se acaba de decidir entre la película comercial en la que necesita convertirse y la experimental que no se atreve a ser….

Yo en mi crítica de ABC he sido algo más generoso, aunque menos, creo, que lo que se merece la película de Nacho Vigalondo. Y digo en un párrafo: Podría decirse que la primera hora de «Open Windows» es un alarde asombroso y modélico de fusiones narrativas, de poner en escena una medidísima intriga que mantiene al espectador fascinado por la doble sorpresa de lo que le está contando y cómo se lo está contando, también convertido en una versión doblada, o duplicada, del «voyeur». Pero esta increíble genialidad deja en evidencia el desconcierto, la aparente improvisación, de todo el tramo final, cuando abrir ventanas ya no es suficiente y hay que darle consistencia, sentido, entidad y grandeza a la obra. El terreno que separa el ingenio del genio.

 

De vuelta a El País, es un dato que Carlos Boyero, su crítico titular, haya elegido otra película para hablar de ella en vez de la de Vigalondo. Y hace un elogioso comentario de «Omar», del palestino Hany Abu Assad, director de la interesante «Paradise Now». Dice Carlos Boyero: Hany Abu-Assad no es panfletario ni maniqueo. Describe la fragilidad de la voluntad humana ante el chantaje, la traición hacia su propia gente motivada por la necesidad de sobrevivir, el terror o los privilegios que aporta venderse al enemigo. No simplifica las cosas salvando o condenando a los personajes. Es realista y amargo.

Y coincide con Sergi Sánchez, que en La Razón considera que este director hace cine de personajes, no de ideas… Aunque su contexto político es muy claro dada su condición de palestino… Y también apunta que Abu Assad no justifica la lucha armada, pero quiere exponer las razones de sus compatriotas sin ser explicativo. La violencia sin sentido es la única manera que tiene un pueblo de reivindicar su libertad cuando está en desventaja… Y leo otra vez esta frase y, al menos a mí, me parece muy arriesgada…, no sé si me gusta.

 

Había muchos estrenos, pero traemos a esta sección el titulado BAJO LA MISMA ESTRELLA, una película muy complicada, muy melodramática, sobre una adolescente que se va a morir de cáncer y que encuentra el consuelo pasajero de un jovencito que también padece esa terrible enfermedad.

Sobre ella, Javier Ocaña dice en El País que está bien por la solidez interpretativa de Shailene Woodley, un prodigio en el plano corto, en la contención, la simpatía y los matices. Por la delicadeza de Josh Boone, el autor de Un invierno en la playa, que nunca hurga en la herida. Y por un texto original con unas cuantas frases que calan por su sencilla contundencia: “Lo único peor de estar muriéndose de cáncer es tener una hija muriéndose de cáncer”

A Sergi Sánchez se le nota en su comentario en La Razón las muchas, muchas, reservas previas y titubeos, y la duda de si está a favor o en contra de esta peripecia juvenil y terminal. Acaba diciendo que la película ofrece un retrato convincente de una heroína que aprende a pensar en sus padres antes que en ella misma, que se enfrenta con la idea de la muerte sin aditivos, interpretada por Woodley sin un atisbo de narcisismo… Pero le achaca que le falta arrojo en sus intenciones…

De mi comentario de ABC extraigo un par de párrafos, en los que no sé si acabo de explicar con precisión las dificultades de hacer bien y de ver bien esta película: El éxito y el encanto de «Bajo la misma estrella» tal vez se debe al modo en que acopla mundos discrepantes, muy hostiles, como la juventud y el cáncer con bala de plata, la vitalidad y la agonía, la pasión y el desahucio, el beso y el tubo de oxígeno, el sentido del humor y el dolor….

Entre esos bordes de precipicio se levanta un retrato de adolescentes peculiares, alejados del egoísmo y con un trazo de madurez e inteligencia que le permite un aire grato a lo ingrato. Naturalmente, es imposible no caer en el sentimentalismo, en momentos de tensión y sensibilidades extremas y forzadas (¿forzadas?), en un dibujo sublimado del dolor, la paciencia, la familia y las circunstancias, pero «Bajo la misma estrella» es el ejemplo de que se puede hacer potable, fresca y nutritiva hasta el agua de una charca.

 

Me hubiera gustado encontrar otras críticas más estimulantes sobre la película de Nacho Vigalondo, no sé, un entusiasmo más general y no sólo vistazos más bien rácanos (empezando por el mío, que no expresa con rotundidad lo que tiene esa película de admirable por su riesgo y su inventiva).

Oti Rodríguez Marchante

 

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