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Martes Crítico: Anacletolandia. Por Oti Rodríguez Marchante

Tras unas semanas de birlibirloque, y para demostrar que es crítico, pero no crónico, este Martes Crítico vuelve a No Solo Cine, su lugar natural y no Menorca o el norte de España donde ha estado los últimos martes. Coincide la vuelta con el estreno de Anacleto, otra incursión en esa Marvel de las batuecas que es la editorial Bruguera. En general ha gustado a la crítica la película de Ruiz Caldera, aunque, en particular, a mí, me ha parecido que está varios peldaños por debajo que el Mortadelo de Fesser. Es tranquilizador comprobar que a nuestra vuelta aún están ahí los críticos de cabecera, sin los cuales esto no tendría sentido (se podría discutir si aún con ellos lo tiene), pero no moderaré yo esa discusión.


De “Anacleto…”, Jordi Costa, dice muchas cosas buenas, pero a mí me ha gustado especialmente ésta, por el uso del espanglis y por el término “fricción”:

Ruiz Caldera propone una buddy movie paternofilial, donde la gran fuente de comicidad es la fricción entre un extraordinario Imanol Arias y un Quim Gutiérrez entregado a muerte a su papel

De mi comentario en ABC puedo entresacar este párrafo, que ya sé que no es gran cosa pero estoy probando el coche, como Fernando Alonso:

En líneas generales, está bien distorsionada la realidad al estilo Bruguera, aunque se le aprecie a Ruiz Caldera menos amor por sus «dibujos» que a Fesser por los de Ibáñez. Pero hay algunos momentos excelentes, como el más irresistible de la película, la «cena de la verdad», uno de esos golpes llenos de imaginación, malicia y risotada continua que valen por sí solos el precio de la entrada.

 

Nuria Vidal se muestra muy, muy entusiasmada con la película en su blog: Anacleto es un divertimento lleno de diálogos brillantes e ingeniosos, con una clara vocación de homenaje al cine de espías y al de aventuras; tiene un malo de película y una pareja protagonista con una química perfecta. Los secundarios roban las escenas que les toca robar y las secuencias de acción son espectaculares.

Para Carmen Lobo, en La Razón, hay mucha comicidad, mucha acción de la buena, hay “gags” verbales memorables y otros físicos también excelentes, y hay una atmósfera muy definida tipo universo Bruguera.

 

Y Jordi Batlle, también muy a favor en La Vanguardia, no para de ver “cosas” en la pantalla: “… Esta hazaña en familia le da un aire a la película de la cuarta entrega de Indiana Jones. Hay otros ecos evidentes, como la espectacular huida del megavillano (eficaz caricatura de Carlos Areces) y su promesa de venganza, muy parecida a la de Philip Seymour Hoffman en Misión: Imposible III. Su comicidad tiende al desmadre, pero hábilmente controlado, sin pasarse, y con toques de humor negro: papá triturando un cadáver (muy Fargo) o el breve y contundente cameo de Buenafuente y Corbacho (muy Tarantino).

Otro estreno es “Ático sin ascensor”, y no es que nos aporte una nueva visión del mundo…, ni siquiera del mundo inmobiliario, pero tiene a esa pareja protagonista, dos actores que empiezan, Diane Keaton y Morgan Freeman, y que han sorprendido a toda la crítica, siempre atenta a los nuevos valores y al gato que salta.

2052807En La Vanguardia, Jordi Batlle, nos lo descubre: hay una calidez humana en la atmósfera, una grata serenidad expositiva, donde todo se cuenta en voz baja, sin alharacas, y sobre todo dos intérpretes en plena forma: una Diane Keaton acogedora a la que quisiéramos ver en más papeles como este y un Morgan Freeman que no estaba tan bien desde Invictus.

Y a mí, que soy un lince, no se me escapa en el ABC el futuro de estos dos actores noveles:

Morgan Freeman y Diane Keaton, su tuya-mía, su tono jocoso e irónico, hacen adorable esta comedia que reniega abiertamente de su parte amarga, del acoso de la vejez, del virus inmobiliario y del trauma post 11-S… Todo está mirado con ojos jocosos, los mismos con que Morgan Freeman observa el fulaneo por su hogar de los posibles compradores, el regateo inmobiliario y el bombardeo de ofertas y agentes. Y aún esa mirada jocosa, aunque en el fondo vitriólica y amarga, se endulza algo más al inmiscuir entre esta algarabía de presente unos «flashback» del feliz pasado de la pareja desde que llegaron recién casados.

 Javier Ocaña se fija más en el “flashback” en su comentario Paisano: Los flashbacks con los protagonistas en su juventud abren subtextos (el racismo), pero puede que ayuden al espectador perezoso tanto como molesten a los amantes de la sutileza. Y al final, entre el sentido común y la idiotez contemporánea (será la sensibilidad de cada espectador la que califique cada decisión), la película, desplegada con sencillez y honestidad por Loncraine, se impone por algo que verdaderamente no tiene precio: el valor de las miradas.

 

Y a Sergi Sánchez le ha gustado la otra peli neoyorkina, la de Noah Baumbach, “Mientras éramos jóvenes”, que vendría a ser la otra cara de la moneda, más moderna, más “cool” , y según el crítico de La Razón, muy dura y amarga. No sé qué pensar, tal vez me he equivocado de piso y no era el ático…

 

Ya sé que siempre acudo a los mismos críticos, a mí y otros cuantos con los que tampoco tengo tanta confianza; pero no es por intención, sino por vaguería. O sea, que si alguien quiere añadir críticos (o visiones críticas, que queda más molón) a mi rosario habitual, no tiene más que poner el grito en el cielo de esta página web. No le cerramos la puerta a nadie; perdón, a casi nadie.

 

Oti Rodríguez Marchante

 

 

 

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