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Martes Crítico de Oti R. Marchante: A la búsqueda del que tanto se reía en “El Bar”

Semana muy corrientita en cuestión de películas de estreno, aunque sí tiene el morbillo de que entre ellas está la de Álex de la Iglesia, “El Bar”, que, a falta de otras virtudes, ha hecho coincidir a la mayor parte de los críticos y sospechosos habituales en eso que se suele denominar un entusiasmo descriptible. Aunque algunos de ellos hacen notables esfuerzos por licuar su habitual ácido (incluso los más “hidras”, como Boyero o Salvá), la sensación al leer los diversos comentarios es la de que no hace falta mucha prisa en ir a verla. Otros estrenos, como el de Guédiguian o el chileno “Rara”, también encuentran su huequín en este martes, mientras esperamos que en abril nos caiga ya alguna de esas películas del año, que luego olvidaremos en octubre.

Carlos Boyero, aunque duro, se le aprecia algo de empatía con Álex de la Iglesia y su bar:

Si el encanto inicial de El Bar dura poco, la parte final me resulta insoportable. Todo obedece al delirio y al pasote, y además se desarrolla en un lugar escasamente apetecible para la vista. Y no quiero imaginar que las películas también desprendieran olor. Hablo de cloacas, de gente gritando posesa en medio de excrementos. Tal vez el autor considere necesaria para la conclusión de la historia ese agresivo naturalismo fecal. Tiene derecho. Allá él.

Luis Martínez viene a decir lo mismo en El Mundo…, yo que Álex de la Iglesia me empezaría a preocupar:

Durante la primera parte, la cinta se mantiene en estado de vibración mientras juega con el misterio; mientras somete a la audiencia a un histérico carrusel entre la comedia, el enigma, la furia y el ruido. La situación de ellos es, nos pongamos como nos pongamos, la nuestra. Lástima que transcurrido un primer tercio de la cinta, el caos fagocite casi todo. Y lo haga de tal manera que cualquier progresión dramática acaba arrojada a las cloacas. En el más literal de los sentidos.

Sergi Sánchez parece que va algo nuevo, pero no, prefiere repetir:

Es fácil entresacar lecturas políticas de “El Bar”, aunque De la Iglesia tienda a universalizarlas… Es el trabajo del misántropo: medir a todos, mezquinos y estúpidos, con el mismo rasero. Así son los humanos según el cineasta bilbaíno. Y así los presenta, en el fenomenal arranque de la película: gritones, desconfiados, reservados, hostiles… Y es en ese descenso a las cloacas que la película empieza a quedarse atrapada en su propia premisa, cuyo enigma ha sido revelado demasiado pronto…

Sorpresa: Nando Salvá tampoco dice otra cosa en El Periódico. Ahora, el que se empieza a preocupar soy yo:

Es una lástima que, transcurrido su musculoso primer tercio, la película se deje avasallar por el caos al tiempo que De la Iglesia vuelve a evidenciar su pueril tendencia a recrearse armando barullo y rompiendo cosas sin preocuparse por la finalidad que ello tiene ni dosificar fuerzas. En cuanto el bilbaíno traslada la acción literalmente bajo tierra y ‘El bar’ se convierte en un relato de supervivencia darwiniana, desaparecen casi todo rastro de humor.

Afortunadamente leo a Oti Rodríguez Marchante en ABC, que dice por fin algo distinto, a pesar de que no tenga ningún interés:

«El Bar» es, en el fondo, una tragedia, aunque en ningún momento de la película se sienta como tal. El arranque, que es lo mejor, lo más kafkiano y digno de la intriga que pretende, reúne a unos personajes marca de la casa en el interior de un bar, sitiados allí porque salir del local implica (lo muestra) un disparo en la cabeza. El resto es tebeo, aunque se aderece con elementos de ciencia ficción…

Jordi Batlle en La Vanguardía, en cambio, dice algo distinto y además tiene interés, porque a punto está de ponerlo por las nubes:

Sólo del magín de Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría, su frecuente guionista, podía surgir una propuesta tan descabellada, tan excéntrica, como la de “El Bar”, entre el teatro del absurdo pasado por el túrmix apocalíptico y es esperpento posmoderno. Es la película conceptualmente más arriesgada de De la Iglesia…Sigue tomándole el pulso al caos de nuestro tiempo sin abandonar la ferocidad y el humor negro…

Dani Arrébola en APTC Cine tiene la osadía de no hablar mal de ella, y además les tira un poco de las orejas a los que prefieren criticarla que disfrutarla:

Podríamos valorar si la fórmula archiempleada del cineasta bilbaíno se ha quedado sin la suficiente originalidad para sorprender y seguramente sería un debate tan lícito como necesario; pero lo que no se puede negar es que nuestro director más tiznado en la excentricidad sigue manteniendo los gramos de oxígeno necesarios para que nos interese -aunque sea lo más mínimo- lo que les va ocurriendo a unos personajes llevados poco a poco al límite de sus fuerzas tanto físicas como mentales… Seguramente El bar no es la película más redonda que le ha salido a De la Iglesia, pero sí merece un juicio nutritivo y libre de mazos sentenciadores que se sientan en las butacas con más ganas de escudriñar los defectos que de pasárselo bien.

……..

Pasamos ahora al estreno de “Una historia de locos”, lo último de Guédiguian, película que ha tenido una crítica general entre positiva y templada.

A José López le ha gustado más de lo que expresa este párrafo de su comentario en No Solo Cine:

El film intenta mostrar diferentes actitudes de diferentes personas implicadas en la causa armenia pero no muestra directamente a los turcos. Eso hace que se distancia del estilo, por ejemplo, de Costa Gavras y Jorge Semprún. Algunos personajes son meros clichés, están poco desarrollados, como por ejemplo el máximo responsable del ESALA en Beirut. La trama romántico-sexual de Aram es excesivamente esquemática, ocupa mucho metraje para lo poco que aporta. Es una lástima porque la línea central es interesante.

También muy fundado y completo lo que escribe Carlos Losilla en Sensacine, y que yo extraigo sólo este trozo especialmente interesante:

La película se muestra especialmente ambiciosa cuando, de manera inevitable, la cuestión del terrorismo, el debate sobre las víctimas inocentes, la diferencia entre entender y justificar esas acciones, se traslada en forma de metáfora a la actual situación política internacional, quizá al impacto en territorio francés de los atentados del ISIS. 

Javier Ocaña en El País se muestra receloso con la película:

Dividida en dos partes bien diferenciadas, Una historia de locos se inicia con el relato históricojurídico del asesinato del dirigente otomano Talat Pashá, arquitecto del holocausto armenio, ejecutado por el héroe Soghomon Tehlirian. Muy didáctica, aunque demasiado plana en lo narrativo y aún más en lo formal, a esta primera parte sucede un folletín familiar y político, romántico y redentor, centrado en un atentado con penosos daños colaterales.

Lluis Bonet en La Vanguardia está más comprensivo con Guédiguian:

Atentar contra la vida de los demás bajo el pretexto de motivaciones políticas es uno de los temas clave de la película. También la capacidad de perdonar, así como la posibilidad de volverse atrás cuando se prepara un atentado ignominioso. Guédiguian acierta con su habitual solvencia narrativa.

Igual que Alberto Bermejo en El Mundo:

El afán didáctico multiplica los puntos de vista, confrontando los de distintas generaciones, los de contrapuestas facciones ideológicas y el de la víctima, de modo que la emoción fluctúa entre momentos inspirados, bien articulados sobre los intérpretes, con otros lastrados por excesivas explicaciones, lo que trastoca puntualmente la fluidez narrativa y la lógica dramática.

Nuria Vidal reproduce en su blog parte de la entrevista que le hizo a Robert Guédiguian a propósito de esta película, y traigo aquí el párrafo que le dedica al concepto Patria/Nacionalismo:

Desconfío cada vez más de todas las reivindicaciones nacionales. Incluso la idea de patria es una idea que no me gusta. En Francia está muy mal visto decir esto, pero es una idea que encuentro cada vez más sospechosa. Hay una palabra, una de las más hermosas de la lengua alemana, que quiere decir lo mismo, pero no es lo mismo. Heimat es el hogar que se crea entorno a la madre, a lo cercano. En cambio Fatherland, la patria, el país del padre, es casi siempre el pretexto de una conquista, una imposición sobre los otros. Por eso creo cada vez menos en la idea de patria.

Y aunque hay otros estrenos que hubiéramos podido entresacar en este Martes, que ya se me va haciendo largo, pondremos sólo cuatro extractos de los escrito sobre “Rara”, y que empiezo por lo que yo he publicado en ABC, no por nada, sino porque puede servir un poco de información de lo que, luego, los otros tres críticos analizan sobre la peli con notable criterio.

Oti Rodríguez Marchante:

Primera película de la directora chilena Pepa San Martín que aborda con cierta originalidad de punto de vista una historia familiar en un ambiente burgués de la sociedad chilena de Viña del Mar, inspirada en un caso real, de un matrimonio separado cuyas hijas viven con la madre, que ha rehecho su vida en pareja junto a otra mujer.

Quim Casas en El Periódico:

En vez de filmar el litigio, la directora chilena Pepa San Martín cuenta el estado de ánimo, más que el proceso, desde el punto de vista de la hija mayor, quien se enfrenta a sus propios cambios adolescentes mientras intenta entender los conflictos que la rodean.

Sergi Sánchez en La Razón:

Vaciada de clímax telefílmicos –qué fácil habría sido insistir en los llantos por la guerra por la custodia o incluir las consabidas escenas del juicio-, “Rara” se conforma con demostrar que, más allá de las teorías y leyes, la existencia de nuevos modelos de familia aún es cuestionada por el heteropatriarcado.

Jordi Costa en El País:

Decir que Rara es una película sobre la homofobia sería reducir drásticamente su alcance. Como Elle, de Paul Verhoeven –aunque con maneras muy distintas-, la ópera prima de Pepa San Martín habla del poder opresor de la normalidad, centrándose, en este caso, en los efectos que este tiene sobre la fragilidad y las incertidumbres de una adolescente, que vive, junto a su hermana pequeña, con su madre y la nueva pareja sentimental de esta, que es una mujer.

….

Y cuanto más largo hago este Martes Crítico, mayor es la sensación que tengo de que es incompleto. Mogollón de estrenos sin traer aquí, y no digamos ya el océano de críticos que probablemente serán estupendos y que yo ni siquiera conozco ni sé dónde escriben. Tengo que reflexionar sobre ese inmenso vacío que rodea al Martes Crítico. No sé si reflexionarlo ya ahora mismo o dejarlo mejor para mañana.

Oti Rodríguez Marchante

@OtiRMarchante

 

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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