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Martes Crítico de Oti R. Marchante: Cursi Hou Hsiao-hsien, tremendo Ripstein, fresquita Coixet

El_viaje_de_Arlo-271497053-largeMontones de estrenos otra vez, y magníficos, unos por cursis, como el de Hou Hsiao Hsien; otros por terribles y amargos, como el de Ripstein; otros porque significan el fin de una saga interminable, como la de “los juegos del hambre”. Y además, el de Isabel Coixet, que por una vez se queda corta de pasión en “Nadie quiere la noche”. Bueno, un rápido recorrido por algunas de las preferencias de los críticos este fin de semana:

Para Carlos Boyero la película de la semana es “El viaje de Arlo”, a la cual, además, le pone muchas pegas:

Todo me resulta previsible y sé fatigosamente lo que va a ocurrir en el desarrollo de esta historia, la del dinosaurito que a diferencia de sus fogosos hermanos ha nacido con mínimo sentido de la supervivencia en un mundo muy duro, una criatura llena de miedos e incertidumbres, también intuyo el destino de su protector y preocupado padre, su desamparo en medio de una intemperie para la que no está preparado y los entrañables amigos y peligrosos enemigos que va a encontrarse en su problemático regreso a casa. Me suenan excesivamente los diálogos, me molesta el abuso del ternurismo y la sensiblería, la machacona presencia de la música subrayando los sentimientos, la blandenguería amable como recurso infalible para manejar las emociones del receptor.

 

Así despide Jordi Batlle a la última entrega de “Los juegos del hambre”:

Los_juegos_del_hambre_Sinsajo_Parte_2-600596131-largeEl itinerario se hace largo y tedioso, aunque en el tramo final el relato saca bíceps y luce dos aceptables escenas consecutivas: la del brutal atentado a las puertas del Capitolio (que hoy, a tenor de la actualidad del terrorismo, tiene un doble impacto) y el clímax final, de estética próxima al péplum. La saga, en fin parece haber llegado a su final. Descansemos en paz.

 

10665172_10152385883856417_2974402877292359669_nNuria Vidal nos habla de La maniobra de Heimlich: Un experimento de cine en el cine, o de literatura en el cine, o de cómo contar una historia antes de que sea una película o, en definitiva, de un falso documental. Un novelista en horas bajas quiere adaptar al cine la única novela que le dio un cierto éxito. El futuro director del film pasa de todo y es el novelista/guionista el que ensaya con los actores y el que intenta sobrellevar su vida como puede. Lo más gracioso de la historia es la mezcla de personajes de ficción pura, Alex Pareja, el novelista y el director de cine que hace Miki Esparbé, con personajes reales, los escritores, Quim Monzó, Lucía Etxebarría, Enrique Vila Matas, o los actores, Marta Torné y Jordi Vilches. Esta inteligente sátira sobre la insoportable banalidad de la cultura tiene humor, ironía, distancia y una actriz estupenda, todo un descubrimiento, al menos para mí, Alba Yáñez.

 

Hay que centrarse un poco en el estreno de “The assasin”, la película de Hou Hsiao-hsien. Mi opinión sobre ella, es que consigue algo insólito en este género del “vuxia” o lucha oriental, y es que organiza un “relato” sobre la lucha y la intriga que te permite a la vez estar asistiendo a una pelea impresionante y bostezar como en el sillón de casa. Magnífica aportación del maestro Hou a un género en el que hasta ahora uno se divertía sin ton ni son, a lo tonto, y que con él uno puede aburrirse con absoluta confianza.

Pero, lo explica mejor Jordi Costa en El País:

Riguroso heredero del realismo baziniano con su portentosa capacidad para capturar el fluir del tiempo y convocar el azar revelador mediante largas tomas y una concienzuda fusión de sus personajes en el espacio, Hou coloca –y, en cierta medida, condena- al espectador a la misma posición que Yinniang se ve obligada a ocupar en su propia historia: oculta tras suntuosos laberintos de seda, en las zonas marginales de ese relato que ha sido encomendada a alterar…

Es mucho más entusiasta Sergi Sánchez en La Razón, que dice que “Los árboles del bosque o la pura sequedad del montaje reducen a cenizas las convenciones formales del género”, y añade: “Olvídense del espectáculo exterior, fastuoso pero de cara a la galería, de los acercamientos al “wuxia” de Ang Lee, Yimou o Wong Kar Wai…, la belleza de esta película es centrípeta, replegada…”…

Acabáramos, ahora entendiéndolo todo: su belleza era centrípeta.

José Manuel Cuéllar, en ABC, titula sobre “The assasin”, Plomiza pedantería, que se puede no estar de acuerdo con ello, pero se hace entender. Y escribe: Nada en la película se entiende, el argumento es deslavazado, el guión no existe y, o te lees la sinopsis antes, o no te enteras de nada pues no hay un solo engarce entre escena y escena

Salvador Llopart en La Vanguardia se queda con las ganas de decir esto mismo, “de narrativa impenetrable. Hay quien insiste y la ve dos y tres veces. Quizá sea necesario. Pero no para mí”.

La_calle_de_la_amargura-918876879-largeYo esta semana he escrito de un montón de películas, pero me pondré aquí con el primer párrafo de una, la de Ripstein, “La calle de la amargura”, que es la que más me ha gustado y la que menos le recomendaría a cualquiera, porque no hay por dónde cogerla de extremada y patética. Pero, claro, es Ripstein, que le enseñas los planos del maestro Hou y de su “vuxia” y se pone a potar directamente. Al que encuentre un segundo de cursilería en el cine de Ripstein le regalan un apartamento en la costa:

Mero Ripstein, sin colores, sin medias tintas, lijoso y rijoso, mirada de frente a la desesperación, al egoísmo, a la lacra, a la fatalidad, y una escritura primorosa, un texto en el que verbos y adjetivos están untados con la malicia del talento. El argumento es complejísimo, pero la sinopsis fácil, brutal: dos mujeres de esa calle, la del amargor, que la hacen y la padecen, tienen un aciago encuentro con dos hombres diminutos y enmascarados, luchadores de ring y de bar.

Y he buscado algo positivo sobre la película de Isabel Coixet, “Nadie quiere la noche”, y me he encontrado en Nosolocine este artículo del músico y brújula ecologista Pedro Burruezo:

En la más profunda oscuridad de la noche polar, Isabel Coixet ha encendido una luz para alumbrar a la Humanidad entera. Cuando la protagonista blanca, la extraordinaria Juliette Binoche, regresa de la catacumba ártica para volver al mundo civilizado… en realidad no va de la tiniebla a la claridad, sino de la luz a la penumbra, en buena medida, como ella misma reconoce en la frase final del filme. ¿Por qué? Porque su encuentro con la Naturaleza más redentora y su profunda y potente capacidad evocadora, más su aventura vital junto a una mujer innuit, Allaka (también estupenda Rinko Kikuchi)… le ha hecho entrar en contacto con la pureza más bella.

Oti Rodríguez Marchante

@OtiRMarchante

 

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One comment

  1. Pero que rebién ha quedado esta semana el Martes, aunque quizá no haya sido muy justo con el chinísimo Hou Hsiao Hsien, pues deja la impresión de que su película es un auténtico truño cuando no es así, sólo es muy pesada, inteligible, pretenciosa, pedantorra y hueca, pero buena, buena de cohones.

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