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Martes Crítico de Oti Rodríguez Marchante: Algo pasa con Dumbo

En general, la crítica ha recibido al Dumbo de Tim Burton con el mismo entusiasmo que una carta certificada de Hacienda. La ha abierto, sí, pero con una desconfianza y un mal rollo que se aprecia en el interlineado de sus escritos. El público, o sea, mis hijos, sus amigos, el vecindario y tal, que no saben tanto como los críticos, no han parado de ir a verla todo el fin de semana. Pobres. Y encima, les ha gustado como si Tim Burton fuera el mismísimo Tim Burton. Pero, en fin, este ha sido también el fin de semana en el que se ha muerto Agnès Varda. Le echamos una ojeada a unos cuantos extractos de las críticas de “Dumbo”.

Carlos Boyero, que no es burtoniano, está templado:

Burton hace un trabajo solvente, aunque sin sorpresas, con la historia de aquel bebé elefante dotado de unas orejas descomunales que propician la burla. Tengo un recuerdo muy vago del argumento da aquellos dibujos animados, pero alguien me pregunta si en la nueva versión aparece el borracherón que pilla el elefantito. No. Los tiempos exigen corrección, y Burton, cuyo cine siempre estuvo emparentado con la transgresión, se limita a filmar con profesionalidad un guion ajeno que no ofrece sorpresas.

Quim Casas lo ve conservador:

Podríamos pensar que el filme implica una reflexión sobre los nuevos cauces del espectáculo audiovisual (cine, plataformas, Disney, Netflix, independencia), y aunque Burton no es un cineasta de subtextos, algo de ello hay. Pero ‘Dumbo’ es también un filme conservador que no acaba de atacar en firme aquello que cuestiona, plegándose, en ciertos aspectos al cine Disney más tradicional y familiar.

Luis Martínez lo considera impostado:

Ahora Burton prefiere aislarse en sus más íntimas obsesiones para construir un inmenso juguete sin alma tan feliz de su impostada rareza como ajeno al sentido de la medida. El resultado es una delirante y sobreproducida fantasía donde antes sólo hubo un elefante y, como se ha dicho, unas orejas. Digamos que el director, fiel a sí mismo hasta más allá de lo razonable, se deja llevar por el irresistible encanto no tanto de los bichos raros como de sí mismo.

 

Sergi Sánchez escribe que lo mejor de este “Dumbo es la puñalada trapera asestada contra la idea del parque temático monumental y sin alma tipo Disneylandia. Y lo peor, que Burton reivindique la consistencia de su universo, a pesar de que parece haber perdido la magia de antaño.

 

Jordi Batlle titula su comentario “Burton y la docilidad”, lo que da una idea de por dónde van sus tiros… La forma y el barniz siguen siendo burtonianos, y se agradece, pero se echa de menos su poesía tenebrosa, quizá ya perdida para siempre.

 

Oti Rodríguez Marchante apunta lo que hubiera podido hacer Burton:

“Todo envasado con un tono cándido y familiar para que duela no más que un pellizco en la mejilla (si Burton se hubiera dejado ir a su zona oscura, tal y como sabe, este Dumbo acaba de oferta en una hamburguesería).

 

 

Nuria Vidal prefiere escribir sobre Agnès Varda:

Se ha muerto Agnès Varda. Me ha entristecido la noticia. Aunque en realidad no debería estar triste. Agnès Varda ha vivido hasta los 90 años haciendo lo que más le gustaba: filmar y hacer cine en todas sus variantes, conocer gente de todo tipo, tener curiosidad y ganas de saber más cosas. Ha sido una vida plena, feliz, disfrutada. Nos deja un legado extraordinario, un puñado de films inclasificables que solo se pueden entender como el “Genero Varda”. Era una mujer deliciosa, brillante, con mucho humor y muy inteligente.

Nando Salvá, sobre “Conociendo a Astrid”:

Situada entre el culebrón y el relato feminista, la película no solo recurre a la misma fórmula narrativa que tantos ‘biopics’ previos -la adversidad como acicate-, sino que la desarrolla con firmeza pero sin inventiva.

………………………..

Se ha estrenado “En busca de Óscar”, un peculiar personaje (Óscar Peyrou, al que conozco desde hace décadas en los diversos Festivales de Cine) que presume de criticar las películas sin verlas, sólo con el cartel ya extrae sus conclusiones… Y sobre ello escribe Jordi Costa: La figura de Peyrou podría haber dado pie a una reflexión sobre las imposturas del oficio o los espejismos que puede convocar el lenguaje de la crítica, pero la complicidad de Guerra y el crítico cristaliza en algo mucho más interesante: el retrato de un enigma (o vacío) existencial que oscila entre la mixtificación borgiana y una melancólica comicidad casi kaurismakiana.

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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