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Martes Crítico de Oti Rodríguez Marchante: Cuando Dick encontró a George

La película de este fin de semana es “El vicio del poder”, que es un vicio tan extendido que ni siquiera se necesita tenerlo (el poder) para tenerlo (el vicio). Y que lo mismo se lo encuentra uno en alguien al que le han dado una gorra que en alguien al que le han dado una presidencia (de portal, de distrito, de ciudad o de superpotencia). La película tiene como protagonista a Dick Cheney y su etapa como vicepresidente de los Estados Unidos, en la época de George W. Bush, y se da la circunstancia de que todo el mundo, al Este y el Oeste del Atlántico, tiene un doctorado sobre esa época. Lo sabemos todo de Bush, de Cheney y de la Casa Blanca en general, por lo que las críticas sobre esta película y este periodo vienen a ser un zumo de todo lo que sabemos. Un pequeño vistazo a algunas de ellas:

Nuria Vidal:

Las elipsis, los giros, los cortes, los diálogos, nos enseñan poco a poco la formación de este hombre terrible, que convirtió la administración de Bush hijo en una oficina siniestra con la ayuda de personajes aún más siniestros que él, cómo Donald Rumsfeld o el propio Bush, retratado sin piedad en toda su estupidez. Es un espectáculo como cine, es una lección como historia, es una prueba de en manos de quien estamos y es también una explicación de la propia figura de Donald Trump. Cuando la vean, no se vayan antes de que acaben los créditos: hay una secuencia imprescindible.

 

Javier Ocaña:

Coinciden en la cartelera Silvio (y los otros), del director italiano, sobre Berlusconi, y El vicio del poder, de McKay, sobre el exvicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney, y ambos acuden al simbolismo, a una sustitución de la realidad por una suerte de espectáculo grotesco. Ya desde el primer minuto, y a través de una serie de frases sobreimpresionadas, casi como en una novela de no-ficción, la película ofrece explicaciones jocosas sobre el modo de abordar la figura de la mano derecha de George W. Bush. Así, McKay, también guionista en solitario, ha compuesto una película que, al mismo tiempo, es un reportaje de investigación y una denuncia, una hipótesis y una comedia desvergonzada. Un trabajo formidable con el que incluso supera la ya excelente La gran apuesta (2015).

 

Luis Martínez:

En un juego de espejos entre la posmodernidad y la simple ocurrencia, la película juega a ser escenario de una representación en la que el protagonista es tanto un desmedido, por gordo y por genial, Christian Bale como la obesidad de nuestra más íntima estupidez. En efecto, lo peor no es lo que pasó, sino lo que vuelve a ocurrir. Lo peor, como dijo el filósofo, no es que nos mientan sino que ni siquiera merecemos conocer la verdad.

 

Carmen Lobo:

Toda la película destila una asombrosa, humorística e inteligente mala leche un poco al estilo del vitriólico Michael Moore envuelta en una poderosa y relevante (esta vez sí) voz en off que va desgranando los avatares del protagonista mientras en la Casa Blanca se suceden los distintos y anodinos líderes y Cheney va ganando terreno mientras pisa las cabeza que haga falta.

Quim Casas:

Christian bale, en otra nueva demostración de sus transformaciones físicas que dejan en nada la de Robert De Niro en ‘Toro salvaje’, encarna a Cheney con todas sus contradicciones iniciales y peligrosas certezas finales. Su trabajo es excelente, pero lo que da sentido a este filme sobre el vicio del poder y el poder del vicepresidente (de ahí su título original con doble sentido, ‘Vice’) es, sobre todo, las calculadas salidas de tono que procura McKay, el papel que juega el narrador en tercera persona o esa manera idílica de concluir la película a mitad del metraje para volver atrás y explicarnos la dura realidad.

Antonio Weinrichter:

Para el espectador español, además, no sé si es tan evidente que ya nos lo sabemos… Haría falta más metraje –una miniserie casi aunque a este ritmo resultaría agotadora– para documentar el significado real de nombres y escándalos como el de la corporación Halliburton que aquí se mencionan como de pasada. Aunque solo sea para que no puedan repetirse, en esta era de Donald Trump al que no se menciona tampoco más que de pasada: ¿quién será su «vice», su Cheney, más allá del chiste de decir que es Putin?

Jordi Batlle Caminal:

Edificada sobre la figura de Cheney, “El vicio del poder” avisa al espectador en un cartel inicial de que este es un personaje escurridizo, difícil de perfilar, “pero nos lo hemos currado como cabrones”, frase que ya deja entrever que, sin llegar a ser una sátira feroz, la película tendrá un tono de comedia, dramática si se quiere, pero comedia al fin y al cabo.

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En cambio, del estreno de “El gran baño”, película francesa sobre un improvisado equipo masculino de natación sincronizada, poco podemos decir: los críticos, si pueden, prefieren no tirarse a la piscina:

Beatriz Martínez

La crisis de la masculinidad y de la mediana edad son dos de los temas principales alrededor de los que el actor Gilles Lellouche, en esta ocasión en su faceta como director, hace girar su segundo largometraje, ‘El gran baño’.

De la crítica de Oti Rodríguez Marchante sobre ·”El gran baño” sólo destacaré aquí su titular: Al agua, gansos.

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Y el estreno raro de la semana ha sido “Border”, interesante pero que te quita las ganas hasta de comer.

Nando Salvá:

La de ‘Border’ es el tipo de premisa que en las manos equivocadas habría resultado en una película risible. Afortunadamente, el director Ali Abbasi la fundamenta sobre emociones reconocibles incluso cuando el relato se adentra en terrenos definitivamente bizarros. 

Sergi Sánchez también habla de lo bizarro de “Border”:

Después de la secuencia de sexo más bizarra del cine reciente, “Border” entra felizmente en los pantanos del fantástico, sin miedo a perder al espectador creyente cuando decide transformarse en uno de esos thrillers nórdicos tan proclives a sacar la basura a pasear.

Jordi Costa y la contemporaneidad dominada por el vacío:

Son muchos los lazos que unen Déjame entrar con Border: en ambos casos, un arquetipo extraído del folklore y el mito –conviene no revelar la naturaleza de la figura que entra en juego en la película de Abbasi- es enfrentado a una contemporaneidad dominada por el vacío, el mancillamiento de la inocencia y la sordidez moral. También las dos películas hablan de la ternura del monstruo, sin caer en sensiblerías: lo monstruoso nunca deja de serlo… y queda claro que libra una encarnizada batalla con esa arbitraria normalidad que se encarga de designar y delimitar el territorio de lo anómalo sin reconocer su propia sombra. 

Oti Rodríguez Marchante sobre el exterior de arcada:

Hay momentos, giros de guion, miradas de la cámara, que son un pulso a la cordura en los que hacen argamasa la soledad, lo romántico, lo asqueroso, lo tierno y lo fantástico…, todo es insólito, potente y también algo repugnante, y tan recomendable de ver como de olvidar… Los dos protagonistas, Eva Melander y Eero Milonoff, consiguen mostrar un interior complejo y rico envueltos en un exterior de arcada.

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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