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Martes Crítico de Oti Rodríguez Marchante: Es peligroso enfrentarse a Los Vengadores

El estreno de la semana, y puede que más si miramos la taquilla, es “Los Vengadores: Infinity War”, y ha tenido críticas favorables, algunas entre aquí y allá, y otras muy, muy adversas. Algo natural, tratándose de una película de tal naturaleza. Lo que ya no es tan natura es la agresividad de la fauna y flora internauta contra los críticos que han tenido la osadía de ponerla a parir. A mí me han insultado con moderación, pues no me dicen nada que no sospeche, como trasto viejo o indocumentado, pero han sido muy injustos con otros, como el pobre Luis Martínez, que algo trasto sí que es, pero tiene bien documentada su dedicación y su juventud eterna… Pero veamos algunas líneas rectas y torcidas sobre le mega película:

Jordi Costa se descubre ante ella:

… La suntuosa, faraónica logística de producción- con este trabajo que no parece compuesto de fotogramas –o de bits de información-, sino de hipérboles: probablemente, Vengadores: Infinity War no es la mejor película de superhéroes que uno podría soñar pero, a la vista de la magnitud del desafío y la eficacia del resultado –eso sí, más propio de un notable alto de alumnos aplicados que del sobresaliente del visionario de la clase-, lo justo es descubrirse ante ella.

Sergi Sánchez da en el clavo en su primer párrafo:

Como buena parte del cine de superhéroes que nos acosa, “Vengadores: Infinity War” parece diseñada para satisfacer a la numerosa clientela de fans del universo Marvel, dispuesta a dilapidar en redes sociales a toda aquella película que ignore cualquiera de sus picajosas exigencias.

 

Salvador Llopart hace una comparación graciosa, al menos si no te llamas Homero:

¿Sencillo? ¿Infantil? ¿Bobo? Tanto como si decimos que La Ilíada es la historia de unos amigotes pendencieros que parten en sus barcos a buscar a la novia de uno de ellos y a liquidar al tipo que se la ha birlado…

 

Luis Martínez titula su crónica “Un incontinente desastre”, y le arrea con todo:

Digamos que Vengadores: Infinity war es toda ella una provocación diurética; una invitación a huir camino del mingitorio a la primera presión; una gran, por decirlo en corto, micción. El problema no es que dure dos horas y media que, la verdad, ya es bastante. No, lo grave es la incontinente inanidad de 156 minutos soltados a chorro con la emotividad y tensión de un dolor de vientre. 

 

José López no es tan rotundo, pero tampoco se muestra partidario:

Trama en “Vengadores: Infinity War” hay poca. El coctel se construye con elementos de western, de comedia, de ciencia ficción, de cine de aventuras e incluso hay unas gotitas de terror. Sobra tanta metafísica, porque el film se quiere tomar a sí mismo muy en serio, es excesivamente trascendente, cuando en el cine escapista habría sido mejor, más interesante. Hay varios momentos de humor conseguidos, también son excelentes los efectos especiales, los visuales, los de sonido y todo su ensamblaje técnico. También es meritoria la banda sonora de Alan Silvestri.

 

En cuanto a mí, reconozco que no me la he tomado suficientemente en serio, lo cual me ha valido que me pongan a caldo algunos seguidores de la serie. Aunque no me han atizado con tanta saña  como a Luis Martínez:

…El argumento es, obviamente, una metáfora de la situación política actual en España: hay un fulano llamado Thanos, con mentón como de escroto y que quiere conseguir las seis Gemas del Infinito para asegurarse que elimina a la mitad de la Galaxia, mientras que en casa de los Vengadores todo son rencillas y malos rollos, muchas intrigas y algo de épica de “partido”…, una sutil moción de censura sobrevuela sobre ellos…, incluso se diría que hasta Hulk se ha puesto un poco en huelga de brazos cruzados.

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Y un breve espacio para otro estreno, la “Banal pero divertidísima” (según titula con enorme acierto Jordi Batlle) “Noche de Juegos”. Y dice, entre otras cosas, “…pone en marcha una cascada de enredos y equívocos cada vez más rocambolescos, propulsados por una energía constante, diálogos y réplicas de real ingenio…”

Oti Rodríguez Marchante no dice otra cosa de ella:

La demencial historia consiste en una intriga criminal a partir de una retorcida noche de juegos de mesa, y la estructura argumental trata de un enredo, al que sigue un equívoco y luego otra vez un enredo… Como intriga no deja de ser siempre una broma, pero como broma o comedia, no deja de tener su intriga, pues los personajes son sólidos (dentro de su precariedad y de sus bien enfundados clichés) y las situaciones extravagantes.

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Y otro estreno, para mí excesivo y que pone a prueba toda mi paciencia, es el de “El león duerme esta noche”, de Nobuhiro Suwa, pero que ha sido visto con buenos ojos por el maestro Lluis Bonet:

El resultado es una película fascinante, si uno decide acceder al rocambolesco universo del protagonista (Jean Pierre Leaud), un veterano actor inmerso en dos mundos, el más o menos real y el de los sueños.

Sergi Sánchez es aún más entusiasta:

Cualquiera diría que es un filme mortuorio, crepuscular, cuando en realidad se trata de una celebración del cine como registro de una vida que, o se niega a cerrar los ojos, o está siempre a punto de empezar delante de la cámara (…) qué feliz idea: la infancia es el cine, lo que Derrida llamaba “el tiempo de aprender a vivir, sin presente, que nos regresa a vivir con los fantasmas, a vivir de otra forma mejor”…

Ahí lo tienen…

Y ahora voy a darme una manita de minio para el óxido y a documentarme un poco.

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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