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Martes Crítico de Oti Rodríguez Marchante: Mucho cine pero menos críticos

Muchos estrenos, mucho calor, mucha pasión mundialista para los futboleros…, pero sobre todo, una mala noticia para la crítica de cine con el desmantelamiento de la redacción de Barcelona de Fotogramas. Por lo que dejamos una parte triste y final para este asunto con el que Martes Crítico se solidariza:

 

Carlos Boyero tiene buenas palabras para “Sicario: el día del soldado”:

El argumento, las situaciones y los personajes rezuman tensión, violencia evidente y subterránea, profesionalidad. Y el metraje transcurre deprisa, la trama interesa, posee ritmo, las secuencias de acción (que son muchas) están muy bien rodadas, es un entretenimiento digno y sólido, algo bastante agradecible en la época veraniega, ancestralmente plagada de saldos.

Jordi Batlle ve “Sicario 2” tan poderosa visualmente como “Sicario 1”:

Algo del sensacionalismo estético de Villeneuve pervive, pero la pelícu, bañada en una maciza y taladradora partitura de Hildur Guonadottir, tiene fuerza y te clava en la butaca. La presencia física de Brolin y Del Toro es admirable…

Jordi Costa se centra en “Formentera Lady”

Durà se muestra algo dubitativo a la hora de encontrar una identidad estilística y no logra que la manera de interpretar el banjo de su protagonista quede demasiado convincente, pero su mirada sobre ese personaje anclado a su revolución personal y, sobre todo, la delicadeza de José Sacristán a la hora de dar vida a su personaje alejándose de arquetipos elevan este trabajo que rellena un importante hueco en la destilación narrativa de la herencia contracultural. 

Luis Martínez también piensa en Baleares y en aquellos “Casi 40”

Durà, en el que es su debut como director, se las arregla para construir desde lo más a mano, sin nostalgias impostadas ni afectación, el retrato elegante y sereno de la derrota y de la responsabilidad. No es tanto melodrama como simple herida. Y obviamente, para que todo suene a verdad no hacen falta ni oráculos ni santones ni curas, sólo un inmenso, meticuloso y perfecto Sacristán, de nombre Pepe.

Y esto sobre la de David Trueba: Lo único que da sentido y justifica la memoria de cualquier espectador es, efectivamente, la certeza del tiempo, la claridad de lo que desaparece. Decía Tarkovski que la condición indispensable de la imagen cinematográfica es que no sólo ella viva en el tiempo, sino que también el tiempo viva en ella. El matiz lo es todo. Y le creemos. Richard Linklater, de hecho, tiene clarísimo que no puede ser de otro modo. Y David Trueba, desde ahora, también.

Javier Ocaña y Beatriz Martínez también se quedan con los “Casi 40”:

Ocaña: Con una puesta en escena directa, más asentada en la elegancia del encuadre que en los movimientos de cámara y el montaje, Trueba articula una visión de España y los españoles en su relativa madurez, con la que parece que estés leyendo sus columnas en este periódico, pero sin que la sucesión de temas parezca impostada, como una especie de lista de la compra de la vida, que la emparenta claramente, tanto desde fuera como desde dentro, con la, en cierto modo, película hermana: Antes del atardecer, la segunda entrega del proyecto vital y artístico de Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy.

Beatriz: Además del romanticismo crepuscular que impregna la película, resulta realmente asombrosa la manera en la que el director integra una serie de actuaciones musicales en momentos clave de la película (algo que también ha practicado su sobrino Jonás) que sirven para contar a través de las letras y su representación escénica no solo el devenir, sino también las emociones de los personajes a lo largo del tiempo. Y es que la película se hace grande en los momentos de intimidad, cuando Lucía Fernando se muestran vulnerables y desnudos y se olvidan de teorizar. 

Lluís Bonet titula “La cortina de la ducha” su corto pero jugoso texto sobre “78/52 (la escena que cambió el cine)”, y entre otras cosas dice:

El asesinato en la ducha de Mario Crane por Norman Bates se plasmó en 78 planos y 52 cortes, que precisaron siete días de rodaje… Alexander OP. Philippe disecciona la mítica escena en un apasionante documental… y tal y tal…

Algo de Sergi Sánchez sobre “En la playa de Chesil”, o más certeramente sobre la excelencia de su autor literario Ian McEwan:

La obra era como un barco metido en una botella: cada palabra, un mástil; cada coma, una bandera. Dominic Cooke responde a esa maníaca obsesión por la miniatura de la prosa de McEwan con una puesta en escena atenta al detalle…

Y algo más de mí mismo:

Sobre “Casi 40”: Hay viaje, pero no «road movie», y hay sencillez, pero no simpleza. La cámara, a la altura de los ojos de ellos y del espectador, muestra un respeto absoluto por la memoria sin «flashback» y por el amor sin vuelta. Y un respeto mayúsculo por las maravillosas canciones a plano fijo en ti (sin la grosería del parpadeo de varios planos)…

Sobre “Formentera Lady”: José Sacristán construye (con su ya sobresaliente máster en Fernando Fernán Gómez) la personalidad de Samuel, esa valla de espinos que rodea su mundo y esa fidelidad a sí mismo, a su banjo, al vive como quieras enquistado en una isla, Formentera, desconectada (para él) del continente

Sobre “Nos vemos allá arriba”: Con muy buen sentido visual, musical y estético, las peripecias de esta pareja se enlazan en lo picaresco y lo sentimental, y el asombro de la barroca puesta en escena, el fasto de los decorados y el diseño (en las máscaras es especialmente artístico y emocional), y la diversa temperatura de las interpretaciones

Y voy con Nuria Vidal, que esta semana también descubre “cosas”:

Tres películas que he visto esta semana me han hecho pensar en el hacerse mayor. En una la historia empieza en una (falsa) armonía, se sumerge en el conflicto y acaba encontrando una (real) armonía. En otra, se vive un paréntesis armonioso entre dos conflictos, uno que ha quedado atrás, otro que se anuncia en el futuro. La tercera es una historia de conflicto sin armonía en el horizonte. Es la más desgarradora.

Y habla de “Casi 40” y de “Formentera Lady”, pero anoto aquí lo que dice de esa tercera película:

El tercer film se titula Desaparecer, lo dirige Josecho de Linares, un joven malagueño formado en la ESCAC y se puede ver todo el mes de julio en Filmin dentro de la selección del Atlántida Film Festival. Desaparecer cuenta la historia de Zurdo, un joven que aún no ha cumplido treinta años pero le falta poco. Un hombre que vive en conflicto permanente consigo mismo. 

Y termino con lo que dice Nuria de la catástrofe Fotogramas, y alude, de paso, a lo que dice Salvador Llopart, al que ya se hecha de menos:

El cierre de la redacción de Fotogramas en Barcelona, que deja en la calle a nueve personas, es un síntoma de algo que debería preocuparnos mucho a todos. Salvador Llopart lo decía muy claro en Facebook: “Esta huida sin retorno habla bien a las claras de la pérdida de peso específico de la capital catalana en el mundo audiovisual. ¿Más síntomas? Los pases que escamotean las multinacionales a la crítica de la ciudad.” Podíamos encontrar muchos más síntomas. Barcelona ha dejado de ser un referente en el mundo audiovisual, en realidad, en el mundo cultural. 

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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