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Martes Crítico de Oti Rodríguez Marchante: Pintor de corte (de oreja) y viaje en 4 Latas

Semana de transición, sin títulos que den verdadero juego, al menos aquí en el Martes Crítico. Ya en la próxima llega la de Clint Eastwood, “Mula”, y enseguida también la de Pedro Almodóvar, “Dolor y Gloria”, que es de suponer que tienen más chicha crítica. En resumen, que apañamos hoy un trabajo de aliño y solo nos referiremos a dos de los estrenos, “Van Gogh, a las puertas de la eternidad”, de Julian Schnabel, y la española “4 Latas”, a ver si se anima la Renault a esponsorizar esta humilde página.

Sobre Van Gogh:

Cogemos lo de Carlos Boyero con la sospechosa locución adverbial “sin embargo”:

Sin embargo, ocurre algo paradójico en esta película. Me ocurrió lo mismo con Antes que anochezca, retrato del acorralado y exiliado escritor cubano Reynaldo Arenas, y es que dejándome frío el trabajo de Schnabel, la interpretación que hace Javier Bardem de un personaje tan complejo y desdichado me parece extraordinaria, me toca, me conmueve. Y quiero pensar que algún mérito de esto le corresponde al director. ¿O no? Me ocurrió lo mismo con Bardem en la insufrible Biutiful. Aquí, Willem Dafoe hace una creación memorable de Van Gogh. Con sobriedad, profundidad, matices, naturalidad, en un personaje excesivo que se prestaba a todos los desmadres histriónicos.

A Quim Casas, con un “pero además”:

Pero además de Dafoe, lo más destacable de la película es que está realizada por un pintor. No es algo anecdótico, ni mucho menos, ya que Julian Schnabel intenta en todas las escenas, con resultados a veces muy logrados y en otros algo toscos, equiparar el cine con la pintura, el movimiento de la cámara con el trazo del pincel sobre el lienzo. Lo hace con encuadres subjetivos, movimientos bruscos de cámara, arrebatos en la planificación, todo muy consecuente en la difícil equiparación entre las dos artes.

A Oti Rodríguez Marchante con un “lo mejor”:

Lo mejor de la película es esta (con)fusión, la idea de soledad y dependencia del hombre (un pobre hombre, en realidad) junto a la de aislamiento e independencia del artista, además de la interpretación que hace Willem Dafoe de la lucidez y al tiempo simplicidad de alguien desterrado en su tiempo y nostálgico ya del éxito abrumador en los siglos venideros. Visualmente, Schnabel atrapa lo cromático de sus interiores y de su obra en muchos momentos, la angustia y la explosión en el lienzo.

De Sergi Sánchez nos quedamos con esta frase:

La película resulta más discutible cuando reinventa la propia pintura de Van Gogh, en una especie de relectura sinestésica-.panteísta de su obra.

Y de Jordi Batlle, con esta:

El filme de Schnabel se aproxima al de Pialat con menos genio pero suficiente arrebato, personalidad y talento visual.

Sobre “4 Latas”:

Beatriz Martínez

En ‘4 latas’ lo importante es reivindicar las vivencias y la necesidad de alcanzar la libertad por encima de las ataduras sociales, lástima que se apueste por una ‘road-movie’ articulada a través de un buen número de clichés, lo que impide que adquieran el peso que merecen un puñado de personajes bien construidos y mejor interpretados.

Javier Ocaña

Una vez más tiene gracia el choque de civilizaciones que, en cambio, acaban fundiéndose en un abrazo de cordialidad gracias a la influencia de aspectos en principio banales pero de decisiva importancia, y ahí la universalidad del fútbol ejerce de patrón. Sin embargo, como ya le ocurriese en 14 kilómetros (2007) y El faro de las orcas (2016), el esteticismo de su propuesta acaba enturbiando los matices casi antropológicos de su relato.

Sergi Sánchez:

A Gerardo Olivares le resulta más fácil empatizar con una duna que con el malestar de sus personajes, que necesitan convertirse en Fitzcarraldos de bolsillo para reapropiarse de sus paraísos perdidos…

Jordi Batlle:

Es una comedia ligera, pero llena de incidentes y de personajes pintorescos, entre ellsop un valenciano caradura pero simpático al que da vida Arturo Valls.

Oti Rodríguez Marchante:

Con ser crepuscular, la historia es muy vitalista y extrovertida, y presenta innumerables momentos de tensión, de humor asilvestrado, de chocante extravagancia, de emociones, ilusiones, fidelidades y lo contrario para rezumar al tiempo una seca seriedad y un manguerazo de ligereza. El trío viajero, Jean Reno, Hovik Keuchkerian y Susana Abaitua, son un pantone de colores y carácter, y los incidentes del camino (Arturo Valls, Francesc Garrido, Juan Dos Santos) son la broma, el peligro y el sentimiento de cualquier viaje para llegar a Kurtz.

Y ahí se queda esta frugal ensalada, a la espera de que llegue la carnaza de Eastwood y de Almodóvar.

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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