Home / Cine Español / Martes Crítico de Oti Rodríguez Marchante: Santiago segura y Jennifer Lawrence, un fin de semana juntos

Martes Crítico de Oti Rodríguez Marchante: Santiago segura y Jennifer Lawrence, un fin de semana juntos

Es la semana del Oscar, pero no es éste el terreno del Oscar. Es el terreno de los estrenos, bueno de los dos que vamos a reflejar, el de Santiago Segura, “Sin Rodeos”, y el de Francis Lawrence, “Gorrión Rojo”. Y ya sé que me dejo “La vida Lliure”, de Marc Recha, pero no es por ningún motivo raro: no puedo con él, mi vida es ya lo suficientemente aburrida sin necesidad de ver (o hablar de) sus películas… La de Santiago Segura es muy divertida, y la de la pareja de Lawrence es muy excitante. Nos quedamos aquí con ellas:

En general, y salvo alguna excepción, así lo ha visto algunos críticos.

Carlos Boyero, que no es de risa fácil, confiesa su interés en “Sin Rodeos”:

Sigo con interés la tortura cotidiana —en un mundo donde todo cristo pretende ser oído pero nadie escucha al prójimo— de esa mujer tan afortunadamente normal que los demás tratan como si fuera anormal, su resignada desolación constatando que no existe o únicamente la quieren para explotarla en su entorno familiar, profesional y sentimental. Y sobre todo, agradezco que personajes, situaciones y gags me despierten la sonrisa y la risa, gestos que escasean en el cine y en la vida.

Antonio Weinrichter también le encuentra su punto “social”:

En línea con esa filiación feminista que le descubrimos, Segura parece dirigir mejor a las mujeres de su nutrido reparto; ninguna desafina (menos Alaska, pero eso nunca importó). Quizá sea que los hombres están aquí sólo para ilustrar diversas variedades de fastidio, pero es un placer ver a Candela Peña clavar un monólogo indigno del bardo, pero sublime (en lo escatológico), a Toni Acosta y las demás… hasta Cristina Pedroche sale bien parada del roce con tan ilustres payasas. 

José López, sin alardes, la aprueba:

Hay pocos cambios con respecto al original, se mantiene el espíritu, pero se nota la mano de Santiago Segura, especialmente en lo relacionado con España y el personaje que interpreta, el “sanador” indio Amil Narayan. Estamos ante una comedia que funciona, que tiene varios momentos muy divertidos. Quizá le falta algo de empaque a la resolución, pero cumple sobradamente su objetivo, entretener.

Quim Casas está a punto de aprobarla:

Es la primera película dirigida por Santiago Segura sin Torrente. Y es también, como en el caso de Perfectos desconocidos de Álex de la Iglesia, el remake de una cinta foránea, en este caso la producción chilena Sin filtro. No deja de ser sintomático (¿crisis de ideas originales?) este interés en rehacer filmes de otros cineastas y países. En todo caso, Segura lo lleva a su terreno, mezclando cierta mordiente con comicidad más simple.

Y Alberto Luchini le da literalmente una patada:

A una comedia se le pueden perdonar muchas cosas, siempre y cuando cumpla con su cometido primordial, que no es otro que el de entretener y divertir. Pero cuando ni entretiene ni divierte… La sexta película como director de Santiago Segura, y la primera fuera de esa saga Torrente donde ha lidiado hasta el momento, peca exactamente de eso: es un quiero y no puedo de principio a fin, una sucesión de escenas supuestamente humorísticas que, bien por extremamente previsibles, bien por una puesta en escena desacertada, bien por unas interpretaciones más que discutibles, bien por unos diálogos que no acaban de funcionar, no alcanzan su objetivo prácticamente en ningún momento.

La otra película, “Gorrión Rojo”, tiene virtudes que prácticamente todos señalan, aunque tengo la sospecha de que al que más le ha gustado es a mí. De hecho, no entiendo cómo han pasado estos Oscar sin darle uno a Jennifer Lawrence, que aquí hace saltar las alarmas:

Se nota que Javier Ocaña quiere parecer partidario:

Para convertir a su película en algo alejado de los convencionalismos contemporáneos, posee dos virtudes formidables. Un personaje de tomo y lomo, espía a la fuerza, forjada en la brutalidad de los ensayos del ballet del Bolshoi, en sus brillos y en sus envidias. Y una intérprete mayúscula, bellísima voz, con total dominio de su cuerpo y de su rostro: Jennifer Lawrence. Con secuencias de sexo de gran erotismo, presencias interpretativas de incuestionable carisma y una insólita perversidad en el dibujo de ciertos personajes, Gorrión rojo se aleja, por la vía formal clásica, y por el camino de fondo de lo malsano, de las habituales superproducciones de Hollywood.

Alberto Luchini, también, pero se procura una vía de escape:

Con esta premisa y una enrevesada trama internacional digna de Le Carré, Francis Lawrence pone en pie una película que funde acción, suspense, violencia, grandes dosis de erotismo y hasta ciertos toques de melodrama romántico y que, en un arriesgado ejercicio de funambulismo, camina durante todo su largo metraje por encima de un delgado alambre, sin llegar a caerse nunca… aunque en ocasiones está cerca de hacerlo. 

Quim Casas está fresquito con ella, en la misma temperatura que la película:

Los Lawrence, Jennifer y Francis, sin parentesco alguno entre ellos pese al apellido, se conocen bien: han hecho juntos tres de las cuatro partes de Los juegos del hambre. En Gorrión rojo cambian de tercio, tema, género y estilo. Se trata de una película de espionaje que revive de manera asumida ciertos elementos clásicos (el contexto de la guerra fría, la manipulación, los agentes dobles, la sospecha permanente) con alguna y no decisiva secuencia de acción.

Oti Rodríguez Marchante, se nota, la disfrutó mucho más:

La trama es de puro espionaje, un relato de una dureza excepcional y con una carga de «erotismo sucio» que se encarga de ennoblecer la total entrega de la actriz y su progresiva, inhumana y complejísima encarnación del personaje, constantemente empitonado por la fatalidad y con unas capacidades de supervivencia y control de la situación que asustan, desconciertan y convierten el argumento en un lugar irrespirable y embarrado. Magníficas, chocantes, las secuencias de su adiestramiento como «Gorrión» (agentes, o mejor «agentas» en vocabulario actual y correcto, entrenados para conseguir todo del enemigo sin otras armas que las sexuales y morbosas), sutilísimas las relaciones con el agente de la CIA (Joel Edgerton, un palo pero rugoso y seco) al que tiene que desactivar, enrevesadas, maliciosas y letales con los jefes de la seguridad rusa…

Esto es lo que se llama un Martes cortito.

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

Check Also

Tráiler del drama canadiense “Closet Monster”. Se estrena en España el 29 de junio

Coincidiendo con la fiesta del orgullo gay, el 29 de junio se estrena en España …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *