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Martes Crítico de Oti Rodríguez Marchante: Terry Gilliam, Roman Polanski y el padre de Domingo Ortega

El estreno de la película inestrenable de Terry Gilliam, “El hombre que mató a Don Quijote”, y la última del megaoctogenario Polanski, “Basada en hechos reales”, es la carnaza en la que más se han entretenido esta semana los buitres de la crítica. Y, coño, otra semana más que no encuentro modo de traer aquí lo escrito por los críticos de La Vanguardia y de La Razón: ¿qué tienen esos periódicos en contra de sus críticos?…, no lo sé, pero los ocultan como si fueran tesoreros del PP… Y me da rabia, porque había subrayado un par de cosas que les leí el viernes (me compro los periódicos en papel porque tengo la sensación de que ya es una de las cosas más saludables que puedo hacer con mi dinerito), pero busco hoy y ya han ido a parar al puto reciclaje… Total, que esta semana todo son pegas, empezando por las críticas a estos dos renombrados directores. Nadie está contento, ni directores, ni personajes, ni críticos, ni público. Un pequeño repaso:

Javier Ocaña, que le atiza con cierta simpatía al Quijote de Gilliam:

Y es ahí, en ese proceso de identificación entre el propio Gilliam y Alonso Quijano, agravado por las demenciales circunstancias de producción del imaginativo sueño de la razón de ambos, donde reside lo más interesante de una creación desequilibrada, con instantes de brillante impacto visual y narrativo, en los que se intuye lo que pudo ser y no es, junto a pasajes cerca del desastre, no ya impostados sino directamente pedestres, en lo cómico y en lo cinematográfico.

Nuria Vidal, que se autoconvence de que mejor es verla que no verla:

Por qué hay que verla: No es una película fácil, no es nada complaciente. Es barroca, desmesurada, larga. Es confusa y a veces irritante. Pero se ha de ver porque en estos tiempos de irritación y confusión en que vivimos, donde los gigantes no son molinos sino gigantes de verdad a los que hay que combatir, este Quijote de los Monty Phyton (se sienten en todos los poros del film) es el que nos merecemos.

 

Inmisericorde Quim Casas:

Es un filme de ideas mal resueltas, de planos atropellados, de narrativa muy tosca, de secuencias delirantes en las que falla tanto el diseño de producción como la creatividad acostumbrada en el director de Las aventuras del barón Munchausen, quien hasta en sus peores películas deja, al menos, dos o tres momentos memorables. La parte final, por ejemplo, que es la más Gilliam en terminos de barroquismo onírico, no parece de Gilliam: es un desfase sin sentido alguno.

 

Oti Rodríguez Marchante, perdido en la película:

No es nada fácil encontrar el sitio adecuado desde el que mirar «El Quijote» de Terry Gilliam, y casi hay que llegar a él por descarte: es evidente que los sitios menos confortables para verlo son la novela original de Cervantes y la filmografía, también original, de Terry Gilliam. Desde esas dos atalayas, la película puede resultar decepcionante: «El hombre que mató a Don Quijote» sólo adquiere sentido si se analiza (o disfruta) desde el mismo y caótico cambio de tonos, posturas y puntos de vista que sugiere desde su interior el relato, tan preso de la extravagancia como del atropello, tan esperpéntico y banal como, en ocasiones, profundo y lírico, tan traído por los pelos como por la peripecia de su propia y nefasta historia.

……………………

Jordi Costa escribe sobre todo de la novela de Delphine de Vigan, y solo un poquito de la película de Polanski, y casi como con pena:

Llevar al cine esta novela de una autora de dolorosas autoficciones que decide jugar, por una vez, a la metaficción paranoica podía parecer una elección natural para un cineasta como Polanski, artista no sólo versado en explorar los fantasmas de la subjetividad, sino sujeto de una larga persecución judicial y de un reforzado cuestionamiento social y mediático. 

Nuria Vidal repite su esfuerzo de autoconvencimiento con Polanski:

Por qué hay que verla: No es el mejor Polanski, aunque si hay muchos elementos reconocibles de su universo creador.  Nos hace pensar en el Misery de Stephen King, aunque a veces recuerda el horror de la página en blanco de El resplandor. Las dos actrices se crecen una frente a la otra. No son suficientes elementos para hacer de la película un film importante, pero si para descubrir una autora, la escritora francesa Delphine de Vigan, sugerente y muy inquietante.

Quim Casas duda entre el hacha y el bate de béisbol:

Es un Polanski algo domesticado, o un poco previsible. El juego de seducción y posesión entre las dos mujeres lo hemos visto mejor trabajado en anteriores películas suyas, y por momentos se cuela en la historia una influencia más directa de Mujer blanca soltera busca…, de Barbet Schroeder, que del imaginario siempre perturbador del realizador polaco.

Alberto Luchini le echa la culpa a Assayas (¡como se enteren los caimancillos se la lían!, ¡le piden al director del periódico que lo echen! ¡Firmas contra Luchini!)

Otra cosa diferente son los resultados, que no están a la altura de las grandes películas del cineasta, principalmente por culpa de un guion que resulta un tanto confuso, deja demasiados cabos sueltos y apuesta por soluciones un punto manidas y obvias. Eso sí, Polanski sigue siendo un maestro en la composición de atmósferas oprimentes y enfermizas y un magnífico director de actrices, capaz de conseguir que salten chispas entre Eva Green y Emmanuelle Seigner, una pareja tan improbable como absolutamente insustituible.

Y José López corre el mismo peligro, que le pidan a su director (risas) que lo eche de No Solo Cine:

El film no acaba de ser todo lo redondo que es en su comienzo, probablemente debido al guion que firman Olivier Asayas y el propio Polanski. Lo que si consiguen es hacer dudar al espectador de lo que está viendo, en varias ocasiones. La parte que sucede en la casa de campo me parece que  dura demasiado. El desenlace no acaba de dar la talla. Asayas y Polanski muestran bien el entorno literario, el proceso creativo.

Aún así, estamos ante una película muy recomendable que tiene varios momentos cautivadores, fundamentalmente en su primera hora.

Yo, Oti Rodríguez Marchante, soy cauto, y ciscándome en el guion pongo un “a pesar de Assayas”, con lo que me ahorro la campaña caimanita en mi contra, que yo ya no estoy para defensas numantinas de mí mismo:

A pesar de que está Olivier Assayas en el guion y de la mano turbia de Polanski al frente de los mandos, la historia se queda sorprendentemente corta, sin filo, sin alta tensión, sin alcanzar la profundidad, la suciedad y la lucidez y altura intelectual que se le sospecha al rijoso Polanski, y desde luego muy lejos de otras similares, como la de Margo Chaning y Eva Harrington en «Eva al desnudo».

Siento no incluir a los vetados por sus propias web, y en especial porque había encontrado en el comentario de Jordi Batlle un juego de palabras muy divertido, y que ahora soy incapaz de recordar… ¿cómo era?…

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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One comment

  1. Como no soy tan eficiente en la destrucción de diarios y el presente artículo me ha despertado la curiosidad sobre las opiniones de Jordi Batlle en La Vanguardia, las he rescatado y evidentemente, las críticas no ofrecen dudas y nos introducen con sus encabezamientos en universos ludico-cinéfilos: De Vigan “polanskinizada”y la de Terry Gilliam se titula “La malditísima”

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