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Martes Crítico de Oti Rodríguez Marchante: Un martes cualquiera y una crítica transversal

Cuando entre los estrenos del fin de semana hay alguno con dinosaurio o con superhéroe la crítica es mosquetera: todos para uno, pero en semanas como esta, que hay montones de estrenos pero ni rastro de superhéroes o dinosaurios, la crítica es transversal (término multiuso que no es preciso entender para estar de acuerdo) y haremos también un Martes Crítico transversal… Todas las películas pueden ser “la película del fin de semana”, o sea, democracia pura para estos tiempos en los que se juega al fútbol y todo el mundo tiene una idea personal, pero no propia ni intelectual, de lo que significa “democracia”. Y así queda el Martes transversal, con muchos trozos de muchas críticas de muchos críticos:

Nuria Vidal elige Western:

Me gusta el western. El clásico, Hawks, Mann, Ford; el crepuscular, Eastwood, Peckinpah; el supermoderno, Westworld. Si me gusta el cine del oeste por lo que tiene de icónico, reconocible, por las contantes de sus códigos, de sus personajes, de sus situaciones, de sus paisajes. Me gusta mucho el western por eso me gusta mucho Western, una película alemana que, curiosamente, no se va al oeste sino al este, a Bulgaria, pero en la que encontramos todos los elementos de ese cine de conquista (la del Oeste, la del Este); de enfrentamientos entre culturas (los ganaderos y los granjeros; los indios y los colonos; los obreros alemanes que van a construir un pantano en Bulgaria y los habitantes del pueblo cercano)…

Carlos Boyero no elige ninguna y se cisca en todas:

Escribe un artículo titulado ¿Qué hacen los cinéfilos durante el Mundial?… Y dice: Y me gustaría que los cinéfilos tuvieran algo sabroso que llevarse al paladar durante esta época. Por mi parte es imposible aconsejarles nada. Solo hay saldos del cine de autor o idioteces con afán y cálculo de espectáculo.

Jordi Costa se decanta, para ponerle pegas, por “Las Maravillas del mar”:

Al contemplar las espectaculares tomas submarinas de Las maravillas del mar, uno desearía que El mundo del silencio fuera algo más que el título de un documental clásico para convertirse en inapelable cláusula de estilo, porque son precisamente las palabras –de Cousteau hijo, su esposa, sus compañeros de inmersión y del estelar Arnold Schwarzenegger- las que, con pertinentes mensajes de concienciación ecológica, perturban el goce contemplativo y, sin pretenderlo, contaminan el camino hacia el total deslumbramiento.

José López, también, pero la coloca en todo lo alto:

En definitiva “Las maravillas del mar” es un film necesario, didáctico, muy informativo y armónico. Por méritos propios es nuestra película de la semana.

De Oti Rodríguez Marchante elegimos también esta porque tiene un título ingenioso: Otra de Cousteau: ¡chapeau!, y un arranque chistoso:

Es un documental y está dirigido por alguien que se apellida Cousteau (Jean Michel, hijo de Jacques), por lo que el título no puede llevar a engaños: no se trata de cosas que se pueden echar a una paella, sino de un paseo con la conciencia en estado de alarma por esos fondos marinos tan llenos de vida, color, escaparates y modelos como Rodeo Drive.

Javier Ocaña elige “A estación violenta”, y así la describe:

Relato sobre el reencuentro de un grupo de amigos comandado por un alma de mujer bella y torturada, con toda probabilidad contaminante, A estación violenta es felizmente escueta, de poco más de una hora, y plenamente física, y no solo por la naturalidad de sus desnudos masculinos y femeninos. Una obra que se huele, que quiere hacer sentir más que mostrar, y que transcurre entre dos baños de la pandilla en una playa. Entre ambos han pasado ocho años, pero, sobre todo, ha transcurrido un viaje al fin de la noche.

Luis Martínez encuentra en la película “En tránsito”, un modo para hablar del tiempo:

El tiempo, además de relativo, es grave. Es decir, en su gravedad, pesa. Y como prueba, En tránsito. La nueva película del alemán Christian Petzold regresa a las preocupaciones de buena parte de su trabajo anterior. Como en Bárbara o en Phoenix, lo que básicamente se pretende demostrar es que el pasado no está muerto. Es más, y con Faulkner, el pasado ni siquiera es pasado. Vivimos por siempre instalados en él. Así las cosas, el director adapta la novela de Anne Segher redactada en el exilio. 

Sergi Sánchez también encuentra En tránsito”, pero no habla del tiempo:

Parece “Casablanca” filtrada por la sensibilidad de un Brecht que ha conocido de primera mano el cine de Straub y Huillet, es la película más conseguida de Petzold, también la más ambiciosa y radical en su objetivo, que no es otro que demostrar que la Europa de la ocupación nazi no es tan distinta de la Europa de la ocupación neonazi. Sustituyan judíos por refugiados y el sistema de ecuaciones se resolverá con pasmosa sencillez…

Alberto Luchini ve en “No dormirás” materia para hablar de Belén Rueda:

Vale que ha tocado otros géneros, con resultados más que dignos e incluso notables, pero si por algo pasará a la historia del Cine Español Belén Rueda es por ser la gran dama del género de terror, hasta el punto de que casi se puede decir que existe un subgénero de películas-de-terror-con-Belén-Rueda, al que se adscribe esta coproducción hispano-suramericana que supone el segundo largo del uruguayo Gustavo Hernández y que marca un giro copernicano en la trayectoria de la madrileña: de sempiterna víctima y sufridora pasa a ser quien mueve los hilos de la trama y quien maneja, con un punto entre cínico y sádico, el sufrimiento y el dolor ajenos.

Insisto conmigo y con lo que escribo sobre “Los 50 son los nuevos 30”, para que no se quede fuera:

Es evidente que con esos hilos argumentales, un cineasta fetén te amarga la tarde y te hace sentir todo lo asqueroso de la vida, la familia, el sexo y las cocinas de los restaurantes, pero afortunadamente Lemercier le pasa un paño húmedo a «la realidad» y deja esta película entrañable, divertida y hasta optimista (un poco).

Jordi Batlle escribe poco y bien sobre “El repostero de Berlín”:

El filme es plácido y acogedor, dulce como las múltiples galletas y pasteles que por él desfilan, pero también destila una cierta y muy humana tristeza.

Y Nando Salvá no habla de él, sino de “¡Qué guapa soy!”:

Los directores Abby Cohn Marc Silverstein recurren al más elemental slapstick y a estereotipos sobre el aspecto físico para hacer entender a su protagonista que lo importante no es la imagen externa sino lo que hay en el interior, pero en el proceso no la dotan de interior alguno. Y si por un lado muestran rechazo a los estándares que impone la industria de la belleza, por el otro se echan unas risas a costa de quienes sufren confusión a causa de ellos.

……………………………………………….

Y esto es lo que da de sí un Martes transversal sin dinosaurios, superhéroes, ni galaxias, ni grandes estrellas. O sea, un Martes que parece un martes cualquiera.

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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