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Martes Crítico: Los Dardenne y Paco de Lucía. Por Oti R. Marchante

He estado en el Festival de Valladolid y he visto dos películas muy buenas, una que ha ganado la Espiga de Oro, «La Fiesta de despedida», y otra que no la ganó, «Whiplash». Y dicho lo cual, que ya sé que no es gran cosa, pues me pongo la camiseta de Martes Crítico, me dejo de espigas y voy al grano: de los estrenos de este fin de semana, yo, caprichosamente, me quedaré con dos, el de los hermanos Dardenne, «Dos días y una noche», y el documental de Francisco Sánchez Varela sobre su padre, «Paco de Lucía, la búsqueda».

De la película de los Dardenne, quiero subrayar el detalle que han recogido varios críticos en relación a su anterior cine-cogote… Tanto Nuria Vidal en su blog, como Salvador Llopart en La Vanguardia le dan importancia a este detalle:

Nuria Vidal dice: Bienvenida sea esta nueva línea de los Dardenne. Bienvenida porque saben hacer cine, saben mover la cámara que ya no está en el cogote siguiendo histéricamente a sus personajes, sino enfrente, mostrándoles el espacio a recorrer. Esta es una película de ahora mismo que quedará para el futuro.

Y Llopart, también lo ha visto: Los Dardenne se ponen realistas sin adoctrinar. Su cámara es ágil, lejos de los encuadres tediosos del cogote de los que antes abusaban…

Carlos Boyero en El País también habla de su reconocido y austero estilo (del que no soy incondicional, apunta), y que retrata la vida con tono y vocación documental, sin enfatizar diálogos ni situaciones…, huyendo de la descripción maniquea…

Y Yo, en ABC, no sé si digo lo mismo o tal vez otra cosa: Lo esencial de esta película esa búsqueda desesperada de la solidaridad obrera en un paisaje selvático y al tiempo desértico, que los Dardenne retratan con una pulcritud muy alejada del tufillo de lo dogmático o groseramente social, pero aún resulta más interesante el efecto colateral de esa mirada, las reacciones y explicaciones del contraplano, de esos compañeros que han de decidir entre lo que más necesitan (el dinero) y lo que más quieren (dignidad), y los Dardenne, tal vez sin proponérselo, nos muestran esa flagrante incapacidad de decidir como individuos, de escudarse en los demás, de aspirar a gloria o respeto individual pero a penuria colectiva.

Del documental sobre Paco de Lucía, Nuria Vidal dice algunas cosas interesantes, aunque no las pondré aquí todas… Una larga entrevista que repasa su vida nos permite descubrir no solo historias y anécdotas, sino conocer a un hombre divertido, irónico, y muy sensato. De sus palabras me quedo con la famosa frase que le trajo tantos problemas en el tardofranquismo. “La mano izquierda es la que crea, la inteligente; la mano derecha es la que ejecuta”. Y a continuación nos da una lección de honestidad: “el día que gané dos millones de pesetas y las puse en el banco, dejé de decir que era de izquierdas”.

Jordi Batlle, en La Vanguardia, da la impresión de no haberse dejado eso, impresionar, por la figura del guitarrista, y arranca su escueto comentario con una frase como de alguien entre dos aguas, el sí pero no: «De corte convencional, este documental se revela de gran interés para todos los que quieran aproximarse a la figura del malogrado guitarrista». Yo detecto un ligerillo como desapego, algo así como es que a mí la guitarra flamenca no la acabo de ver… Por lo demás, no es fácil encontrarle lo convencional a un trabajo que empieza mirando a un padre vivo y ha de ensimismarse con un padre muerto.

En ese sentido, Jordi Costa en El País, que tampoco da la impresión de que se lo va a encontrar uno en una juega flamenca nocturna, ha visto otra cosa: «En las entrevistas que articulan este documenta no se cae nunca en la autoindulgencia, ni en el ombliguismo ridículo, lo que da la medida de una altura moral y humana en consonancia con la artística.

Y yo, en ABC, reconozco que me pongo algo modorro en la profundidad de mi comentario, del que sólo extraigo quizá la parte más directa: … modélico trabajo, en el que nunca se revela otro punto de vista que el esencial, el de un vitalista, cercano y genial Paco de Lucía: el director, el hijo, el admirador consigue un majestuoso grado de invisibilidad (incluso podría hablarse de generosidad, si entráramos en ciertos detalles y circunstancias estrictamente íntimas que trascienden lo fílmico) que hacen de esta película mucho más que un marco de una gran figura; es envoltorio y regalo a un tiempo.

Y entramos ya en noviembre, mes tonto donde los haya.

Oti Rodríguez Marchante

 

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