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Martes Crítico de Oti R. Marchante: La Momia y la (no) crítica

A veces ocurre: se estrena una película sin haberle dado la oportunidad a la crítica de verla antes, con el fin, supongo, de ahorrarse el trago y aprovechar el tirón de un fin de semana sin opiniones contrarias. “La Momia” de Tom Cruise lo acaba de hacer, y me imagino que con buen resultado en la taquilla.

Pero, sobre eso hablaba Carlos Boyero en El País:

… Al constatar algo tan insólito como que Universal, una de las invulnerables majors, no hace pases para la crítica antes del estreno de La Momia, que confía al progresivamente tibio estrellato de Tom Cruise e inaugura una serie de remakes protagonizados por las memorables criaturas del horror que crearon en el curso del tiempo estos legendarios estudios. Y veremos si da para mucho o para poco artísticamente tan idealista y entrañable actualización. Pero imaginas que los notables cálculos taquilleros estarán ajustados a la realidad. Por ello, no entiendes qué temor pueden suscitar las críticas negativas en el opulento reino si La Momia guarda parecidos con un engendro. O tal vez la actitud de Universal solo esté relacionada con el desprecio hacia los opinadores. 

Nuria Vidal habla en su blog de otras dos películas, pero lo hace también con decepción:

Esta semana se estrenan dos películas que a priori eran interesantes y a posteriori han resultado decepcionantes.

American Pastoral reduce la  novela fundacional de Philip Roth a un insulso melodrama familiar.

El sueño de Gabrielle solo se salva por la voluntariosa interpretación de Marion Cotillard, capaz de brillar incluso en medio de una telenovela barata y de Álex Brendemühl que se consolida cada vez más como el heredero de Paco Rabal en el cine europeo.

El estreno español más esperado, el titulado “Pieles”, una película para mí indescriptible, irrecomendable, pero que encuentra precisamente en algunas críticas esos agarraderos que quizá no le vengan mal.

Luis Martínez, en El Mundo, entre unas cosas y otras la propone como ejemplar:

Pieles, de Eduardo Casanova, es básicamente eso: una anomalía, una propuesta con alma de provocación a la que, por desgracia, hace tiempo que renunció el cine español. E incluso el de más allá. Todo en ella irrita, todo molesta, todo desconcierta ( ….). Si se quiere, la principal virtud de esta película es hacer daño. Pican los ojos. Y eso es así por su voluntad de irritar, de mover y conmover los cimientos de lo que con demasiada frecuencia simplemente vemos. Sin más. Pican los ojos. Y eso es bueno. El cine español debería empezar de nuevo aquí.

Sergi Sánchez en La Razón también encuentra un flotador que echarle:

Lo más estimulante de “Pieles” es su capacidad de riesgo: en sus mejores momentos sabe elaborar una singular poética de la diferencia jugando a fondo el registro del melodrama a la vez escabroso y naïf.

Y Jordi Costa, en El País, se esfuerza igualmente en lanzarle un cabo:

Pieles encarna, pues, un gesto de rebelión, una violenta toma del Palacio del Afecto con el ariete de una aparente comedia cruel que acaba mutando -¡y cómo!- en desgarrado melodrama. Ni siquiera la obsesión por lo excrementicio y lo anal que puntúa la delicada estética de la película es gratuita: de lo que se trata aquí no es tanto de mirar al abismo de frente como de dejar que sea el propio abismo quien escrute a la platea desde la pantalla.

Quim Casas en El Periódico es más duro con ella, y habla de las pretensiones de su director, Eduardo Casanova.

 (que quiere) jugar con su debut en el largo la carta de la provocación mediante una exhibición de horrores humanos que se queda en la mera superficie, sin tensión malsana, sin tampoco ternura y con un discutible sentido del humor.

A mí me ha desagradado enormemente, de hecho, más aún de lo que escribo de ella en ABC:

Los primeros diez minutos podrían considerarse insoportables si no vinieran seguidos por momentos, escenas, personajes y propuestas aún más agresivas contra la vista y las entendederas del público. Más allá de lo visual y escatológicamente transgresor, las historias que cuenta son de lo más común: soledades, desamores, complejos, sueños, desconexiones sociales o personales… Lo brutal, desagradable e hiriente son los personajes protagonistas, todos física y psicológicamente muy deformes, como una burla exagerada de aquella «Parada de los monstruos» de Browning.

De lo escrito por Lluis Bonet en La Vanguardia extraigo:

Pieles sorprende desde su secuencia inicial, pero que el espectador se deje capturar por esta sardónica galería de los horrores ya es otra cosa. En el fondo, la película lanza al final un mensaje optimista y establece que la felicidad siempre es posible.

Nando Salvá le dedica en El Periódico su ración de palo sin zanahoria a “Pastoral Americana”:

La nueva película trasquila el libro. Al omitir detalles narrativos cruciales no solo elimina la complejidad, la personalidad y la ironía del relato sino que le altera el sentido por completo: lo que originariamente era una formidable reflexión sobre los pilares de la psique americana queda convertida en un melodrama rutinario sobre padres e hijos aderezado de clichés sobre los convulsos años 60.

……

Desastre, pues, de fin de semana cinematográfico, al menos para mí, pues entre la que no me han dejado ver (La Momia), la que me hubiera gustado no ver (Pieles) y las que si te he visto no me acuerdo… Menuda colección de estrenos.

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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