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Martes Crítico de Oti R. Marchante: Lo artificial, lo natural, lo divino y lo humano

El estreno de “Ghost in the Shell”, dirigida por Rupert Sanders, ha puesto a hablar a toda la crítica de la saga, de la versión animada de Mamoru Oshii, del cuerpo serrano de Scarlett Johansson y de todo ese mundo entre lo divino y lo humano que es la ciencia, la filosofía y hasta la lactancia. Recuperamos algunos “momentos” críticos realmente espectaculares entre lo escrito sobre esta película.

Jordi Costa, en El País, conoce este territorio como un Apache su pradera:

La historia de la crisis existencial de un ser (casi) sintético en un universo donde se están diluyendo las fronteras entre lo humano y lo artificial (o, mejor, lo humano se va convirtiendo en porcentaje minoritario de lo real) pierde bastante espesor al reciclarse según un manido molde narrativo: el del experimento fallido que se formula sus preguntas sobre el origen y, de paso, descubre una conspiración. Sanders convierte la película de Ghost in the Shell en una remezcla sobre el tronco central de la película de Oshii.

Luis Martínez elige a Descartes, al que no conoce tan bien como ese mismo Apache su pradera, para arrancar… Pero tiene gracia en su protesta por la ausencia de pezones en el cuerpo de Johansson:

En el Tratado del hombre, Descartes imaginaba el asiento del alma en la glándula pineal. Allí residiría el fantasma (o alma o ‘ghost’) de lo que somos. Allí, como una diminuta réplica de lo mejor (y peor) de nosotros, vive el genio que nos maneja. Allí, la sangre se transforma en los intangibles espíritus animales que, a continuación, discurren por los nervios. … Por lo demás, lo que llama la atención no es tanto el blanqueado del cutis como la eliminación total de pezones. Todo sea por no ofender a los que clasifican las películas por edades. Y a los lactantes, quizá.

Salvador Llopart se hace otras preguntas en La Vanguardiano menos filosóficas:

¿Hasta dónde llegarán los cuerpos artificiales?, ¿Qué queda de la humanidad en ellos?, ¿qué es la humanidad, en realidad?, ¿tan solo nuestros recuerdos?…. Y también considera que Johansson aporta carnalidad a la máquina y que esta entrega es menos sugerente que la animada de Mamoru Oshii.

Sergi Sánchez elogia en La Razón la elección de Johansson y así cerrar su tetralogía sobre el cuerpo de la actriz en el cine digital, pero termina su comentario de manera muy dura:

Su previsible desarrollo nos condena a la desconexión: la película acaba naufragando en el ciberespacio de la inanidad, y el espectador se convierte en distraído usuario.

Y yo, en ABC, digo cosas raras, porque a mí el mundo cyborg no me llama más la atención que un par de botas con cremallera:

Puesto que el cuerpo cyborg es el muy carnal de Scarlett Johansson y el cerebro es de su desconocido personaje anterior, le asalta a uno esa vieja anécdota entre Marilyn Monroe Albert Einstein (se cuenta que ella le dijo: deberíamos tener un hijo juntos, ¿se imagina un bebé con mi físico y su cerebro?; y él la previno contra el efecto contrario, un bebé con la belleza Einstein y la inteligencia Monroe).

……

A mí, lo que sí me llama mucho la atención es la vulgar naturaleza animal, sin tornillos, ni relés, ni materiales compuestos. Por eso lo pasé tan bien viendo “Cantábrico”:

Aunque la imagen del póster de la película es un prodigio de matices, sugerencias y significados (sobre la narizota de un gran oso pardo descansa una mariposa), no es más que un canapé de la inagotable comilona visual que le espera al espectador de esta película, un documental en estado puro sobre la increíble e insospechada vida que existe en la cordillera Cantábrica, tan palpitante, curiosa, diversa y polícroma como una tarde navideña en el paseo peatonal de una gran ciudad.

Javier Ocaña, en El País, le pone muchísimas pegas a esta película, pero ya conocemos todos a Javier cuando se pone tiquismiquis:

Parte del texto en off, casi perpetuo, es informativo. Y otra parte, a veces conjuntamente, es literario. Pero sólo en puntuales ocasiones aporta aspectos imprescindibles o rezuma lirismo verdadero. La fórmula narrativa de Gutiérrez Acha ya fue utilizada en su anterior película, Guadalquivir, locutada además con el tono algo pomposo de Estrella Morente. Aquí se ha preferido un narrador más neutro, y rebajar la poesía en favor de la ironía. Los resultados son algo mejores en el texto en sí, pero peores en su constante presencia.

Alberto Luchini dice en El Mundo casi todo lo contrario:

… Una fotografía asombrosamente hermosa, en una envolvente banda sonora interpretada por la Orquesta Sinfónica de Praga y utilizando un esquema narrativo kimkidukiano (el filme se podría titular perfectamente Invierno, primavera, verano, otoño… e invierno), el filme del director Joaquín Gutiérrez Acha y el productor José María Morales (en este caso, sin la figura del productor no se puede entender el proyecto) fija su mirada en lobos, osos pardos, urogallos, salmones, armiños, arañas, mariposas, gatos monteses, plantas carnívoras, pájaros carpinteros… para convertirlos, mediante una narración en off que es pura poesía, en personajes de una trama de trágico suspense, en la que la supervivencia comparece como el único objetivo.

Nuria Vidal enfoca en su blog a otro estreno, “Últimos días en el desierto”, y lo hace, como es habitual, con un imaginativo punto de vista:

Últimos días del desierto, de Rodrigo García, una película no apta para cualquier espectador, que recrea un episodio de la vida de Jesús ahora que se acerca la Semana Santa. Lo más potente de la propuesta es la fotografía de Emmanuel Lubezki,, capaz de hacer del desierto una sinfonía de colores, de formas y aristas que se reflejan en el rostro de Ewan McGregor desdoblado en Jesús y su propio demonio. Pero lo que más me ha interesado es algo que subyace en esta terrenal mirada del hombre santo: la difícil, por no decir imposible, relación de los hijos con los padres. El hijo con el padre en la familia que acoge a Jesús antes de entrar en Jerusalén; la del propio Jesús con su padre, un Dios lejano y perturbador. Si Rodrigo no fuera hijo del escritor García Márquez quizás esta relación no me habría llamado la atención.

Jordi Costa también habla de esta película en El País, y del mismo modo con notable imaginación va y se fija sutilmente en la humana religiosidad de un pedo:

En una secuencia de esta película que prefiere acercarse a la seducción de la paradoja que rendirse a la imposición del sermón, Jesucristo escucha un pedo ajeno… y se ríe. Como humano que es. De hecho, si algo tiene especialmente claro Últimos días en el desierto respecto al espinoso tema de la doble naturaleza del personajes es que de lo único que se puede dar fe es de que Jesucristo era un hombre y, como tal, alguien capaz de corresponder a la zumbona injerencia de un pedo con una risa. Y alguien susceptible de ahogarse bajo el imponente silencio de Dios. Y alguien capaz de dialogar con su propio lado oscuro: quizá el diablo no sea más que el amigo imaginario que nos facilita nuestra psique para ser mejores.

En fin, vamos a más en este Martes Crítico, y somos capaces de hablar de lo divino, lo humano, lo animal, lo cibernético y lo asquerosillo.

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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