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El Martes Crítico de Oti R. Marchante: Manchester frente a los Goya

La película de esta semana podría titularse “¿Quién robó las joyas de los Goyas?”, aunque con ese título da la impresión de que los protagonistas son Martes y Trece (de la película, no del robo, que nuestra farándola es altamente suspicaz). Premiados aparte, yo diría que lo del rocambolesco robo fue lo más “divertido” de la gala. Pero el estreno de la semana es, sin lugar a dudas, “Manchester frente al mar”, una película muy, muy triste que hace unos esfuerzos enormes para que no llore el espectador. Tal cosa, es muy alabada por algunos y despreciada por otros (a críticos me refiero, porque el público que paga su entrada para ver pelis tristes ve compensada su inversión si derrama cuantas más lágrimas mejor).

Entre los apasionados con “Manchester frente al mar” está Sergi Sánchez, que le otorga en su crítica en La Razón su ya célebre Premio Mahou, o sea, cinco estrellas. Las argumenta:

La tragedia es tan brutal que parte la película en dos, y añade una densa capa de aflicción en el espectador. Evitando siempre el sentimentalismo mientras confronta con las emociones en estado puro, sin falas coartadas…

Y el más agrio con la película de Kenneth Lonergan es Carlos Boyero, quien en El País escribe un comentario muy adverso e igualmente razonado:

Me parece un ejercicio autocomplaciente, fatigoso e irritante de alguien empeñado en contar una tragedia de forma distinta, despojándola de recursos melodramáticos que manipulen al espectador convencional, intentando fatigosamente ser enigmático para lograr el mejor realismo, combinando de forma gélida pasado y presente, creándome la sensación en muchos momentos de que los actores son libres para lo primero que se les pase por la cabeza.

Nuria Vidal ofrece en su blog su visión de la película, y explica por qué comprende tanta emoción y tanta falta de ella:

Pero nada es fácil y el proceso de duelo por su hermano se mezcla con su propio proceso de duelo por él mismo. ¡Qué difícil es mostrar el dolor y los sentimientos sin caer en situaciones tópicas y sensibleras! ¡Qué difícil es mostrar las emociones solo con una mirada, con un gesto, con una palabra! Y qué hermoso es cuando se consigue. No sé si la palabra justa es hermoso. En realidad debería decir que emocionante es ver esas emociones latiendo sin aflorar del todo. Lonergan, el director y guionista, consigue hacer que lo cotidiano flote sobre el sentimiento. 

Luis Martínez, en El Mundo, prefiere argumentar su relación con la película de otro modo, mediante una arrancada compleja y unas preguntas muy pertinentes, aunque no sé si para esta ocasión:

¿Qué es la realidad? No esperen que una simple película dé con la clave a la más grave de las cuestiones. Lo que no ha respondido sin contradecirse la Historia de la Filosofía, no quieran que se lo resuelva en poco más de dos horas Kenneth Lonergan. De hecho, y para ser precisos, a este último lo que le preocupa no es tanto el qué como el cuánto. ¿Cuánto pesa la vida? ¿Qué hace que lo real siempre acaba por pegarse de forma tan agobiante al suelo, a la piel incluso? Esa sería la pregunta correcta que planea sobre la irrefutable Manchester frente el mar.

Lo que he escrito yo en ABC intenta, creo, responder a otras preguntas, tales que si compensa esa descripción tan frío del dolor a la sensación de abatimiento y murria que produce la película… Algo así:

… Respeta al máximo un hemisferio del cerebro del espectador, pues le narra sin manoseos sentimentales la estancia en ese lugar irrespirable del duelo por la pérdida mayúscula, de la tragedia inacabable y del arrepentimiento por lo demolido (flashbacks y melódicos golpes de emoción y música explican los motivos del personaje)… Pero a Lonergan no le interesa tanto el otro hemisferio del cerebro del espectador y lo mantiene a distancia de la hirviente tragedia que vive el protagonista, con una temperatura entre tibia y fría que permite ver toda la rompiente de su dolor sin necesidad de llorar…

 

 

Beatriz Martínez en El Periódico se decanta claramente por su preferencia ante la emoción “in” sobre la emoción”out”, que no la veas, pero la notes:

¿Cómo expresar el dolor en la pantalla? El verdadero dolor, el que nace de las entrañas y no se puede canalizar de ningún modo. ¿Cómo hacerlo palpable en imágenes sin caer en el exhibicionismo o en el artificio sentimental? Hay que tener mucha delicadeza para tratar el tema de la pérdida, para adentrarse en los demonios internos que conlleva el sentimiento de culpa. Hay que ser un maestro de las emociones y de la sutileza, ser extremadamente respetuoso con el material y dejar que los personajes vayan abriendo poco a poco su corazón para dejarnos acceder a sus miserias. Eso es lo que hace Kenneth Lonergan en ‘Manchester frente al mar’, y precisamente esa cadencia, esa manera silenciosa de acercarnos a una tragedia que no hace falta ver para sentir, es lo que convierte a esta película en una obra importante.

Y Salvador Llopart, en La Vanguardia, también se alinea con la escasez de ramaje a la que agarrarse en esta historia tan deprimente y contenida:

No resulta fácil mirar el dolor de la pérdida como hace “Manchester frente al mar”, como tampoco es fácil atrapar en imágenes el vacío que la muerte deja. Y el film de Lonergan lo hace a cara descubierta sin –demasiados. Gritos, con la contenida forma anglosajona de tratar el sufrimiento…

Y en algunos medios digitales en los que he husmeado, he podido constatar una admiración general por el “método Lonergan” de tratar la tragedia. Pongo sólo un par de ejemplos.

Mikel Zorrilla en Blog de Cine:

 … Lo bien que se suministra la información que recibe el espectador, tanto en la línea temporal actual como en los cuidados saltos atrás en el tiempo. A fin de cuentas ese pasado ha sido decisivo para lo que es ahora Lee y también para entender sus dificultades para aceptar una situación totalmente inesperada. Habrá quien califique a ‘Manchester frente al mar’ de lenta como algo negativo cuando en este caso era simplemente el tempo que demandaba la historia.

 

Alejandro Alegré en El Confidencial:

Su grandeza radica en la emotividad nada sensiblera que Lonergan derrocha al hacerlo, en su habilidad esquivando las opciones dramáticas más obviamente catárticas y su desinterés por hacernos perder la compostura y poner las mangas del jersey perdidas de mocos. En todo caso, a ‘Manchester frente al mar’ no le hace falta hundirnos en la miseria durante un par de horas para quedársenos impresa a fuego en la memoria.

 

Y al momento de terminar de escribir este Martes, aún se desconocía la identidad del ladrón de joyas, aunque había ya varios rumores sobre la autoría intelectual del luctuoso hecho: alguien de “la cultura”…

Oti Rodríguez Marchante

@OtiRMarchante

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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