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Martes Crítico de Oti R. Marchante: “Moonlight”, la gran competidora de “La La Land”

Este fin de semana se ha estrenado una película distinta, “Moonlight”, y que dispara con sensibilidad a muchas dianas a la vez, pues su protagonista es negro, de ambiente familiar problemático, de barriada dura, de condición “blanda”, homosexual y listo, y es niño, adolescente y adulto… Un disparo a lo ancho. La película se ha situado en ese lugar de privilegio para los Oscar, pues es una de las esperanzas negras para arrebatarle algunos premios a la blanca “La La Land”. El recibimiento crítico entre nuestros habituales aquí ha sido formidable: le gusta a todo el mundo. Pero al que más es a Sergi Sánchez, que le da todo su arsenal de estrellas.

Sergi Sánchez, su comentario en La Razón, encuentra la influencia del Hous Hsiao Hsien de “Tiempos de amor, tiempos de juventud”, también de Edaward Yang, de Wong Kar Wai, y en cambio no encuentra otras:

La película se hace más transparente, menos dependiente de los tics –madre drogadicta, acoso escolar, primera experiencia sexual, violencia callejera- que la podrían definir como una revisitación contemporánea de los “gangsta film” dirigidos en los noventa por John Singleton o E Gary Gray.

Carlos Boyero, en El País, todo son alabanzas:

Nada resulta previsible ni está forzado en esta hermosa película. Los sentimientos reciben un trato exquisito en su descripción. No hay juicios morales, no busca con recursos efectistas la lágrima del espectador ante la desdicha de alguien que lo ha tenido muy crudo en su existencia desde que era pequeño. La densa carga emocional está plasmada con sobriedad. Prefiere el valor de los pequeños gestos, las miradas, los silencios, los diálogos justos. 

Luis Martínez,en El Mundo, ve detrás a Linklater:

Por buscar líneas de contacto con el cine reciente, la película se mantiene muy cerca de Boyhood, de Richard Linklater. El tiempo es tratado no como un accidente, tampoco como una sensación necesariamente de pérdida. La propia película respira en el tiempo, hace de él su razón de ser. La idea es hacer escuchar la respiración de la propia vida, sentirla como el aliento de un animal herido. Y así hasta alcanzar, como decía Dennis Potter, ese instante lúcido y agónico en el que lo insignificante alcanza la gravedad de lo imprescindible. 

Salvador Llopart, en La Vanguardia, la ve muy, muy especial:

Pero esta historia, me dirán, ¿no se ha contado cien, mil veces ya? Efectivamente, es la historia del joven homosexual que se descubre a sí mismo. Pero nunca como aquí, donde un giro de luz es un sentimiento y una mirada tiene la intensidad de todo un monólogo.

Quim Casas, en El Periódico, ofrece un interesante detalle:

… Es una de las pocas películas sobre la situación de los afroamericanos en la que se elude por completo la imagen del “otro”, es decir, el blanco, por lo que no hay conflicto racial y se puede ahondar en muchos otros problemas que afectan a la comunidad de raza negra. Son los mismos que puede encontrarse alguien de raza blanca: ‘mobbing’ en la escuela, familia desestructurada, drogas e identidad sexual.

 

Y yo, Oti Rodríguez Marchante, en ABC, también le veo muchas cualidades, aunque no tantas para quitarme del horizonte “La La Land”:

La película consigue aclimatar todas las penosas circunstancias sociales que le rodean a su proyección o progresión como individuo, y le sustrae al espectador (podría considerarse un hallazgo) los detalles de su transformación: es curiosa la naturalidad con la que uno acepta las elipsis, y no es preciso ver el camino de sus metamorfosis, sin duda durísimo, para entender sus variaciones físicas y psicológicas, y una mutación mezcla de sí mismo y de aquel personaje de su infancia que lo ayudó. Es una película dura e imantada, de narración y cámara precisas, y que probablemente viene, más que a criticar situaciones sociales y existenciales, a proponer un inevitable consenso entre ti mismo y tu entorno.

 

De algún otro estreno sacaré el comentario que más me gusta. De la infantil “Batman: la Lego película”, extraigo un largo párrafo de Jordi Costa en El País, que me hace particular gracia por lo poco que se para a pensar este estupendo crítico en la posibilidad de que algún niño lo lea, y escribe con términos que hasta los propios adultos hacen “glup”:

Batman: La LEGO película no pretende tanto deconstruir al icónico superhéroe como gratificar al fan fatal capaz de responder con una sonrisa de reconocimiento a cada estímulo que lanza su intrincada red de guiños para iniciados: incluso hay un gag para un personaje tan alejado del foco principal en el Universo D.C. como el Detective Marciano. En una secuencia, el mayordomo Alfred enfrenta a Batman a una serie de imágenes que remiten, irónicamente, a sus anteriores encarnaciones cinematográficas: al final del recorrido, aparece una mítica escena de la serie televisiva de 1966, a cuyo frente estuvo un guionista tan incisivo y brillante como Lorenzo Semple, jr. Inevitable pensar en la distancia entre ese trabajo pionero que sí sometió al icono súperheroico a los rigores de la transgresión camp con esta película que, en el fondo, no tiene más mordiente que un ingenioso meme para redes sociales o una representación de fin de curso.

Nuria Vidal, en su blog, hace un curioso recorrido por “Felices Sueños” y su propia memoria. Muy íntimo y evocador, y animo a leerlo entero, y no sólo este párrafo:

Hay películas que funcionan como despertadores de la memoria. No tienen que ser buenas películas, ni siquiera películas interesantes. Su función es otra. Aunque desde luego, mucho mejor si además de accionar los mecanismos del recuerdo son buenas películas, películas interesantes. Para mí, el último trabajo de Marco Bellocchio, un director que no figura entre mis favoritos, ha sido ese despertador. Felices sueños es un film evocador.

La película más “atractiva” para el público era esa de “Cincuenta sombras más oscuras”, y de ella ofrezco dos perlas, que desanimarán mucho a cualquiera que las lea. Por una vez, y sin que sirva de precedente, el ogro de la crítica, Nando Salvá, el hombre que no perdona, se ha visto adelantado por la agresividad de Helena García en No Solo Cine hacia esta película:

Nando Salvá, aunque duro, parece contenido:

Pese a lo que su título sugiere, la segunda película basada en la célebre saga literaria de E.L. James sustituye buena parte de las referencias de su predecesora a dinámicas sadomasoquistas por más ñoñería sentimental de la que la mayoría de comedias románticas se atreven a manejar. Aparte de menos oscuridad, también tiene menos intriga. Y menos argumento.

Helena García Castaño entra ya con el hacha y titula “50 sombras más oscuras”, vergüenza ajena:

Pues sí, eso es que lo he sentido al ver la película. Los casi 10€ peor invertidos de mi vida, tan sólo superados por los que tuve que desembolsar al ir a ver la soporífera “To the wonder”, de Terrence Malick.

Y leído lo cual, me temo que me acabo de encontrar diez euros (los que no me voy a gastar para ir a ver ese medio centenar de sombras).

 

Oti Rodríguez Marchante

@OtiRMarchante

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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