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Martes Crítico de Oti R. Marchante: Pasión por los fantasmas

Semana tragicómica, con sus desaparecidos, sus fantasmas, sus luchas antideportivas y su romanticismo de recuelo. En los estrenos de cine, también. Para todos los gustos, ideologías y críticos. Y algún estreno para el público en general. La peli exclusiva para críticos de este fin de semana era “A ghost story”, de David Lowery, que ha conmocionado a algunos de los críticos menos conmocionables del sector, incluso a Nando Salvá. Pondremos cuatro ejemplos de comentarios muy elogiosos de esta película, aunque también se detecta, oculto entre sus líneas, un ligerísimo aviso de que muy, muy divertida no es…
Salvador Llopart, en La Vanguardia:
Estamos ante un maravilloso poema en imágenes sobre algo tan inasible como es el tiempo y su enormidad… Un filme que no será del gusto de los inquietos ni de los impacientes.
Sergi Sánchez, en La Razón:
Apenas hay diálogos en el filme, pero su elocuencia es aplastante: a partir del uso del tiempo como cárcel de los afectos también reescribe la crónica de un espacio, una casa que es, también, un hogar y un limbo, un purgatorio que se proyecta del futuro al pasado y vuelta a empezar, como si el fantasma tuviera que experimental del peso de la Historia para regresar a donde todo arrancó, y lo cósmico se fundiera con lo íntimo…
El referido Nando Salvá en El Periódico:
Es un retrato devastador del amor, el luto y la soledad, y una melancólica meditación sobre el paso del tiempo y la inevitabilidad de la muerta, y sobre lo pequeña e insignificante que es cada una de nuestras vidas…
Alberto Luchini, en El Mundo:
Posiblemente, se trata de la película más inclasificable y desconcertante del año, de los últimos años. De primeras, descoloca, mostrando con un ritmo lentísimo el día a día de una pareja tan parca en palabras como en actos. Luego, cuando el personaje masculino muere y se convierte en un fantasma a la vieja usanza (con sábana y dos agujeros para los ojos), genera cierta sensación de tomadura de pelo, que da paso a la irritación con un plano fijo de diez minutos que retrata el dolor de la mujer mientras devora con ansia una tarta.

Y Javier Ocaña, en El País:
La película de Lowery muestra un exquisito gusto para el encuadre, para el montaje iluminador de los grandes instantes de una vida, y para el tratamiento musical. Pero, por momentos, también parece innecesariamente alargada desde su atractiva idea, e incluso más indescifrable que misteriosa. Aun así, sus imágenes, y ese discursazo sobre lo que lo que permanece y lo que se va, sobre la grandeza de la inspiración y las verdaderas obras de arte, quedarán en la memoria.
…………
El título que parece más de público que de críticos es “La gran enfermedad del amor”, comedia romántica americana que, a mi juicio, es lo más recomendable para enviar a verla a la gente que te cae bien y a familiares cercanos. Es la que ha señalado Carlos Boyero en El País como película de la semana, algo que yo me figuraba ya porque, conociendo a Boyero, lo de los fantasmas no es muy de su agrado:
Carlos Boyero
Mama, como todos, listos y tontos, de Woody Allen. Cuenta los infinitos equívocos, encuentros y desencuentros, entre un humorista y taxista con familia paquistaní, que le exige una esposa de su país, y una psicóloga divorciada con padres liberales que no admite lógicamente su dependencia de los rituales y de los principios que le pide su familia. Y no me ocurre nada malo por estar un par de horas en esta grata compañía. No es mucho, pero menos es nada.
En cuanto a , ya digo, es la que uso para recomendar:
La física de la joven pareja protagonista es clave para el desarme de los prejuicios de género, y también de sexo, pues ambos, Kumail Nanjiani y Zoe Kazan, están a mil millas de lo cursi, y poseen una enorme belleza, pero no en el plano, sino en la secuencia. Hay momentos, encuentros y desencuentros, en los que se traspasan la gracia y la emotividad como si fuera el convoy del aceite, y tienen eso tan difícil de calibrar (y de contener) que se llama desparpajo y transmiten el latido de sus personajes, tan sencillos, tan culturalmente complejos, a un ritmo sin «jazz» pero con el eco woodyalleniano.

José López también la recomienda desde No Solo Cine:
Los diálogos están muy bien conseguidos, también las situaciones. Todo rezuma frescura, proximidad. Kumail hace una buena interpretación y le da buena réplica Zoe Kazan que tiene mucho encanto. Holly Hunter y Ray Romano interpretan a los padres de Emily, forman una pareja en crisis. La escena final, que tiene mucho que ver con el comienzo del film, es muy buena, funciona muy bien. Es todo un acierto.
En cambio, Salvador Llopart prefiere mandar a sus lectores a la del fantasma que a ésta:
Patética como un chiste contado sin gracia y, a la vez, entrañable por el candor… El filme es un pulso a muerte con el relato para que todos los implicados –todos- resulten encantadores, y tal esfuerzo suscita compasión…
…….
Muy de público también es la de “La batalla de los sexos”, que trata de dos asuntos muy pelotudos, tenis y feminismo:
Javier Ocaña lo explica:
La batalla de los sexos ha querido ser demasiadas cosas al mismo tiempo, y se ha quedado en un notable relato romántico, una convencional película deportiva, y una discreta obra de denuncia feminista contra el poder.
Luis Martínez lo vuelve a explicar:
La película lo quiere todo: es comedia estridente (aquí, Carell completamente fuera de sí y del sentido de la medida) con el mismo empeño que drama romántico (quizá la parte más conseguida) sin olvidar que se trata de denunciar lo a todas luces injusto. El guion siempre inteligente de Simon Beaufoy se hace cargo y opta siempre por el camino más fácil, más resultón, más encarnizadamente obvio.
………………………….
Y luego está el estreno tan recomendable como el más recomendable, el documental que sobre Carlos Saura firma Félix Viscarret, del cual habla Nuria Vidal en su blog:
Saura(s) es un “supuesto” documental sobre el cineasta Carlos Saura realizado en primera persona por Félix Viscarret. Lo de la primera persona es importante porque explica la posición del director de la docuvida frente al protagonista de esa docuvida. Ante la incapacidad de conseguir que Saura evoque el pasado, Félix Viscarret busca la complicidad de sus hijos para entenderlo. Eso es lo más bonito de este trabajo. No habla de la vida de un hombre mirando hacia atrás, como es lo habitual en este tipo de reflexiones; sino de un hombre que mira el futuro. Saura afirma en las charlas con sus hijos su aversión a la nostalgia, a mirar el pasado, a la melancolía.
Y yo también algo en ABC:
De las conversaciones y confesiones con ellos se atisba un algo de la personalidad familiar de Carlos Saura, y también un algo de sus perfiles de cineasta (tan influidos por sus cambios de productor y de pareja) y de la peculiar relación, el ser y el estar, con sus hijos, que intentan rodearlo emocionalmente (en especial, la hija menor, Anna Saura Ramón, su presente activo e incansable) ante la cámara de Viscarret, ante la cual él no disimula su incomodidad y recelos. Es lo curioso de este documental, lo cómoda y hasta entrañable que resulta la incomodidad de Saura ante sí mismo y sus «circunstancias», y lo mucho que sugiere de él, de los suyos y del entresijo de su obra.

El día de la marmota pasó a ser, después, la semana de la marmota y yo no pierdo la esperanza de que nos espere otro mes y luego otro año de la marmota.

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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