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El Martes Crítico de Oti Rodríguez Marchante: El escote de Jessica Chastain

Todd Haynes y “Wonderstruck. El museo de las maravillas”; Mike White y “Qué fue de Brad”; Aaron Sorkin y “Molly’s game”, y Curro Velázquez y “Que baje Dios y lo vea”, son cuatro de los títulos que se han estrenado en la primera semana de 2018. ¿Nos acordaremos de ellos cuando llegue la última semana de este año?… Como pregunta retórica que es, no espera respuesta alguna. Yo podría responderme a mí mismo, pero no lo haré y por una razón muy sencilla: no me aguantan las películas en la memoria más allá de cuatro o cinco semanas, o sea que ni siquiera recordaré a finales de 2018 de qué títulos me tenía que olvidar o recordar… Pero le paso la pelota a otros, a ver qué opinan ellos de lo estrenado.

Carlos Boyero no da la impresión de que “Wonderstruck” se convierta en su película del año:
Existen delicadeza y ternura en el retrato de esas infancias atormentadas por la pérdida, un notable sentido visual, pero también excesiva morosidad, la sensación de que falta nervio y un hilo conductor, de que si te pilla un poco cansado puede asaltarte la tentación de cerrar los ojos. Espabilas cuando el desenlace está cercano. Los críos que la protagonizan son naturales y creíbles, están muy bien, pero agradezco mucho que en la parte final aparezca esa actriz y señora fascinante llamada Julianne Moore.
Francisco Marinero para abril la habrá olvidado:
Todd Haynes vuelve a demostrar su voluntad de originalidad, al tiempo que su gusto por el melodrama, con la adaptación del libro Maravillas, del novelista, ilustrador, guionista y admirador del cine primitivo Brian Selznick, con resultados tan ambiciosos como estéticamente brillantes y narrativamente discutibles. De hecho, da la impresión de que ha intentado seleccionar los episodios fundamentales de una obra muy larga y de estructura compleja que da pretexto para fantasías visuales y le ha salido una película caprichosa, de personajes cuyas trayectorias y motivaciones se difuminan y demoran mientras se alternan dos tiempos aparentemente sin coincidencia.
A Nuria Vidal le aguantará, parece, al menos hasta el otoño:
La película adapta una novela de Brian Selznick que no conozco pero me encantaría leer. Está ambientada en dos tiempos, 1927, 1977. Tiene como protagonistas a una niña sorda en 1927, y a un niño sordo en 1977. Las dos juegan con el cine mudo, pero el segmento del 27 lo hace en blanco y negro y con estética que bebe en Chaplin más que en Griffith; mientras que el segmento de 1977 lo hace con estética que bebe en el mejor Spielberg. La música es fundamental en un film donde las palabras no se oyen casi nunca. Una música que por un lado nos evoca el 2001 de Kubrick (si, lo hace aunque sea de forma muy sutil) y por otra nos lanza al espacio con la voz de David Bowie cantando Space Oddity.
Y a mí, me gusta, pero ya digo que mi memoria no responde al menor criterio:
La ferocidad argumental y el nivel socialmente corrosivo de otras películas de Haynes se transforma aquí en una fábula familiar y en un sentimental canto a esos dos mundos y dos tiempos, y dos cines, el mudo y el coloreado, que hornea con absoluto aroma y gusto la mirada de este director; y también con oído, pues la partitura es magnífica.
En “Qué fue de Brad”, Javier Ocaña ve un hombre cansado de tonterías. No sé, no lo comparto, y yo veo más bien un hombre obsesionado por sus tonterías… Pero hace ya varias semanas que vi esta película y apenas la recuerdo:
Dice Ocaña: Un formidable Ben Stiller y un perfecto en su sosería Austin Abrams, el intérprete de su hijo, ambos de viaje físico en busca de la mejor universidad para el joven, y sobre todo de viaje existencial, pero divertidísimo, delicado y refrescante, por las más altas meditaciones de la vida. En forma de monólogo interior y con mucha voz en off. Desde el legado a la competitividad, desde el sexo en el matrimonio a la espontaneidad de actuación. El retrato de un hombre cansado. Cansado de tonterías.
Dice Oti: Película eminentemente exploradora, que transcurre gran parte de ella en los pensamientos del personaje central, Brad, y que profundiza en los resortes de su feliz vida burguesa y en la profunda y constante sensación de fracaso que se traduce en un distorsionado e infeliz retrato de sí mismo y en una autocompasión tan patética como entrañable. Explora, pues, en el caos personal de ese cincuentón, pero también en las posibilidades dramáticas de un actor como Ben Stiller, aplastado como un tatuaje a la carne de comedia.
Dice Alberto Bermejo: Inusualmente descarnada resulta la mirada que Mike White proyecta sobre su personaje, o el propio personaje sobre sí mismo, pues está narrada en primera persona, un hombre de mediana edad que acompaña a su hijo a elegir universidad al tiempo que hace recuento pesimista sobre lo que fue y lo que es, sobre todo respecto a su antiguos compañeros de juventud, a los que considera auténticos triunfadores.
Sobre la película española “Que baje Dios y lo vea” me gusta mucho más lo que ha visto y lo que dice Jordi Costa que yo, aunque mi título es muy bueno: “Tiquitaca en el Vaticano”
Dice Costa:
Resulta desalentador que a un actor como Karra Elejalde no se le pida (o no se le deje) construir un personaje, porque lo que se busca no es a un actor que interprete a un monje, sino la inmediata comicidad derivada de un Karra –a poder ser, el mismo Karra de sus últimos trabajos- con hábito. Que la película conciba a los novicios como una suerte de tiernos inmaduros afectivos y que el camino a la victoria pase por la celebración de ese tan fastidioso factor identitario –los cojones- corona el desaliento.
Digo yo:
No hay la menor vocación de trascendencia en la película, que decide resolverse mediante un humor grueso, tirando a fácil, pero eficaz y aceptable gracias a esa infalibilidad casi papal de algunos de sus protagonistas. Mide bien Velázquez sus capones al clero y el manejo de sus «clichés», y pesan más que sus opiniones al respecto la construcción que de esos personajes tópicos (el cura progre, el obispo zampón, el novicio escapista…) hacen unos actores entregados sin prejuicios ni pudores a resultar graciosos, y en exceso si es preciso. No hay el menor rastro de cine sutil o arriesgado, pero, para ser una película de frailes y fútbol, va que chuta.
Pero lo que más me gusta de este Martes es el párrafo tan políticamente incorrecto que se marca el amigo José López sobre “Molly’s game”, de Aaron Sorkin:
Dice José: Brilla especialmente Jessica Chastain (está magistral) que participa en la mayoría de planos. Vuelve a demostrar que es una de las mejores intérpretes actuales y, además, tiene probablemente el escote más bello y sugerente de Hollywood. Idris Elba es su abogado en esta ficción (tiene una curiosas relación con su pequeña hija), mientras que Kevin Costner es su padre, un psicólogo que tuvo mucha importancia en la formación de Molly y con el que no tiene una relación fluida desde que Molly dejó de esquiar y de estudiar.
¿Qué…, qué os parece el valor de José López?… Justo ahora, en estos días en los que le caen chuzos de punta a los “maromos” que chiflan a las “tías”, a él se le ocurre alabar el escote de Chastain en vez del “paquetón” de Idris Elba.
Al loro con eso, José, que te sacan los colores en la gala de los Goya.

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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