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MASTERCHOF: UNA PARODIA PARA EL CORTOCIRCUITO DEL MODELO AGROALIMENTARIO. POR MARTA GANDARILLAS. CORTESIA DE BIO ECO ACTUAL

Un irónico concurso con dos peculiares concursantes: la agroindustria y la agricultura local, un cuantioso premio: el monopolio de la cocina pública de todo el estado: 3000 millones de euros al año y un jurado muy exigente: “la devora croquetas” y “el cuatro postres”.Se trata de Masterchof, una parodia de los concursos de la tele para denunciar el sistema de alimentación actual y más en concreto, el de la restauración colectiva pública. Los cuatro capítulos de Masterchofforman parte  de la campaña Cortocircuito que puso en marcha la asociación VSF Justica Alimentaria Global para denunciar el modelo agroalimentario imperante.

Cada año, las administraciones públicas españolas gastan en torno a los 3000 millones de euros en la compra de alimentos para la restauración colectiva pública, es decir, la que abastece a centros públicos: escuelas, hospitales, residencias, penitenciarías… Así lo indica el informe “Compra pública en sistemas alimentarios locales” elaborado en 2013 por VSF Justicia Alimentaria Global.

La mayor parte de este gasto se centra en el sector de la educación (2180 millones de euros) y una de cada cuatro comidas de los comedores escolares españoles la sirven dos empresas, que controlan el 25 % del mercado. En el informe se aporta también el dato de que,el número de comidas servidas a través de catering en todo el estado aumentó de  376 millones durante 2006 a 427 millones en 2011.

En países como Francia, Italia,  Hungría o Polonia el 18% de las granjas realizan venta directa mientras que, en España, es solo el 0,3 %. Eso quiere decir que el potencial de crecimiento de estos “circuitos cortos” en España es enorme y que la compra pública puede ser un motor importante para ello. En este sentido, la campaña Cortocircuito hace una llamada a las administraciones públicas, para que, a través de la inversión en alimentos destinados a los centros públicos, contribuyan a cambiar el mercado hacia un modelo económico más sano, justo y sostenible.

Como también se dice en “Masterchof”, tenemos un sistema alimentario injusto que causa del 50 al 60% de las emisiones de gas invernadero y que está en manos de unas pocas empresas transnacionales. Cortocircuito denuncia que el modelo de alimentación actual genera hambre en los países productores, perjudica el medio ambiente y destruye empleo rural en nuestro país, además de empeorar considerablemente nuestra dieta.

Según Javier Guzmán, director de VSF Justicia Alimentaria Global, “las decisiones sobre lo que comemos se toman en espacios y a través de mecanismos cada vez más alejados de la sociedad y de los intereses generales”.

En el informe podemos encontrar otros datos llamativos y que nos deben hacer reflexionar. Por ejemplo, de cada 100 euros que pagamos por la leche, la fase de producción se queda con 0 euros de beneficio, la distribución se queda con al menos el 60% (puede llegar a ser el 90%) y el resto se lo queda la industria (10% 40%). Los productores sobreviven por las subvenciones europeas, que pronto se van a retirar.

El dinero que percibió la agricultura en el año 2012 es el mismo que recibió en 1992, 20 años atrás.

Solamente para la soja y el maíz que consume la ganadería intensiva española y que procede de Argentina y Brasil, utilizamos 3,5 millones de hectáreas de superficie agraria de esas regiones, lo cual representa más que toda la superficie de Cataluña.

Con esta campaña, se defiende una vez más, que necesitamos “circuitos cortos” que acerquen a productores y consumidores. Como hemos tratado ya en números anteriores de BioEco Actual, los mercados alimentarios locales son fundamentales parareactivar la economía local de las zonas rurales, crear puestos de trabajo y permitirnos el acceso a alimentos sanos, de temporada y proximidad y empleando métodos de producción más respetuosos con el medio ambiente.

Es importante darnos cuenta de que nuestro papel como ciudadanos individuales tiene sus repercusiones. Como dice Javier Guzmán, “cada vez que compramos o consumimos estamos decidiendo por qué modelo queremos apostar, la gran distribución y las grandes empresas o el comercio local y la agricultura de la comarca”. Y añade “el estado tiene un papel fundamental y como ciudadanos tenemos que reclamar ese papel.  Si toda la inversión destinada a la restauración  fuera para el apoyo de la agricultura local y del circuito corto, posiblemente veríamos como toda esta realidad podría empezar a cambiar, como está ocurriendo ya en otros países

 

2014©Bio Eco Actual
2014©Marta Gandarillas

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