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Nueva crítica de Oti Rodríguez Marchante de “Érase una vez en… Hollywood” (2019): Tarantino, o el arte de darse un capricho con su cine

Nota inicial del editor: “Érase una vez en… Hollywood” es nuestra película de la semana. Y es una de las mejores películas del año, probablemente de los últimos años. Aquí podéis recuperar mi crítica. Y aquí el podcast de audio sobre la película que hicimos junto a Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

El pasado 22 de mayo publicamos un primer artículo con las impresiones, en el festival de Cannes, sobre el film que nos ocupa, de Oti Rodríguez Marchante. Y ahora publicamos su nueva crítica, que aparece hoy en las 2 ediciones del diario Abc, en papel y online. En este medio Oti lleva escribiendo desde hace más de 3 décadas. Publicamos este artículo, por lo tanto, con su autorización expresa. A Oti le ha gustado mucho la película (creo que a mi me ha gustado más, esta tarde volveré a verla), la ha puntuado con 3 estrellas

 

 

Hay varias cosas de «Érase una vez en… Hollywood» que conviene no saber antes de verla, y que, por supuesto, no sabrán al leer estas líneas. Y hay muchas más que sí pueden conocerse sin que por ello se menoscabe el disfrute y la sorpresa de esta última película de Tarantino que ha hecho enteramente «en casa», considerando este «en casa» como su territorio; su «rosebud», su trineo cultural y estético; sus resortes y palancas narrativas para que el tren de la realidad, “lo ocurrido”, se salga de las vías sin ocasionar una tragedia, sino más bien una comedia, negra, «pulp», a su modo en el que lo banal, los clichés, lo casi infantil tienen tanta esencia como lo esencial.

El lugar es importante, un Hollywood de subgénero, de serie B. Y también es crucial la época, finales de los años sesenta, tiempos de ligereza y cambios, de seriales, «spaghetti» y un aura crepuscular en la idea de lo cinematográfico. Pero lo que aporta una sustancia especial y recoloca mentalmente el argumento son los personajes, los dos principales, un actor en horas bajas, Rick Dalton, y su doble de escenas de riesgo, Cliff Booth (Leonardo DiCaprio y Brad Pitt), y los tres de hemeroteca, Sharon Tate, Roman Polanski y Charles Manson… Con estos datos, cualquiera especula sobre el tipo de historia que puede organizar alguien como Tarantino, capaz de construir intriga y violencia a puntapiés.

El objetivo es contar «aquello», pero a su modo, una descripción del estado de ánimo en la fábrica de películas, los ambientes de rodaje, de Estudio, de preocupación por el futuro, de clima soleado y de ese espíritu libertario y festivo que florecía entre música, sexo y otras sustancias y que disfrutaban tanto el Hollywood blanco como el diabólico. La radiografía de un cambio, como si Tarantino nos condujera de la familia Trapp a la familia Manson.

La película es radiante, chisposa (el momento Bruce Lee), pero también sórdida y maléfica (el momento de la visita al rancho Spahn, de Manson, lo que más supura estilo Tarantino), y musical, potente, divertida y violenta, y contiene uno de esos giros postales al pasado, o a «lo pasado», que revientan de ingenio, músculo creativo y desvergüenza, pero en el mejor sentido de la palabra, de la intención. Ojalá la realidad, la vida, tuviera un demiurgo como lo tiene esta fascinante y fascinada película.

@OtiRMarchante

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Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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