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De nuevo en Casa de Tapes Cañota, de Barcelona

“Uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, ni no ha comido bien”. Virginia Wolf (1882-1941). Novelista británica.

En 2014 celebramos San Valentín en el Koy Shunka. Este año lo hicimos en Casa de Tapes Cañota. Fui por primera vez hace un par de semanas con mi buen amigo Christian Marco y como ya dije en aquel artículo, que podéis recuperar aquí, que me quedé con ganas de repetir.

Bianca se decidió por la carne y yo quise repetir algún plato y probar otros. La carta es muy extensa y permite múltiples combinaciones.

En esta ocasión nos atendió con gran cortesía David.

El precio es razonable, el ambiente es acogedor.

Bianca, mi compañera, no bebe alcohol, de manera que la opción de vino por copas suele ser la que más practico. En esta ocasión una copa de vino blanco Bobo Pulpín, afrutado de Galicia. No lo conocía, encaja muy bien con el Pulpo a Feira. Y luego una copa de rosado Ánima, de la Denominación de origen Costers del Segre, de Lleida y que tiene dos variedades de uva: Pinot Noir y Chardonnay. Es ligero, tampoco lo conocía, y repetiré. Marida bien con carne y con pescado, tiene un sabor muy original.

Me decidí por empezar la cena con una Ostra especial de la Bretaña, que me recuerda a la cocina japonesa, y que ya probamos Christian Marco y yo en mi primera visita. La Ostra roja con salsa Ponzu (se elabora con yuzu, que parece una simple vista una mandarina alimonada, y vinagre de arroz, y es muy refrescante) y huevas de salmón.

Luego unos boquerones que estaban riquísimos y, a continuación, mi plato favorito que no podía falta, el Pulpo a Feira, con cachelos (patatas cocidas) y que hacen con esmero.

Compartimos el Pincho de secreto ibérico, que estaba en su punto, como en mi anterior visita a Cañota.

Y seguimos con los Tacos de carrillada de ternera, con una salsa especial de la que no quieren revelar la receta. Estaba en su punto, muy tierno, bien emplatado.

Y de postre nos decidimos por el riesgo, por La Ruleta Rusa, que así se llama este postre, y fue una sabia y divertida elección. Compartimos el surtido de bombones de Escrivá. Son 8 en total, todos de diferente sabor, y siempre hay uno especialmente picante, con el que hay que tener cuidado. Jugando, jugando fuimos esquivando el peligroso, hasta que solo quedaban dos, por lo tanto había que tener cuidado. Le tocó a Bianca, que solo le dio un mordisco y comprobó que era verdad. Luego probé yo un poco, me cercioré absolutamente. Con buen criterio dejamos parte de ese bombón en el plato. Pica muy especialmente, no hay duda.

Para la próxima visita nos quedan varios platos exquisitos para probar y otros que repetiremos.

José López Pérez

@JLPnosolocine

Fotos: José López Pérez

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About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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