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O.N.U en Fuera de cuadro. Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Está demostrado que las siglas son una forma de no decir nada, o como mínimo de enmascarar la nada con nada. Como bien se sabe y según el diccionario de la Real AcademiaEspañola, la palabra sigla (Del lat. sigla, cifras, abreviaturas), tiene tres acepciones: “1. f. Palabra formada por el conjunto de letras iniciales de una expresión compleja; p.ej., O(rganización de) N(aciones) U(nidas), o(bjeto) v(olante) n(o) i(dentificado), Í(ndice de) P(recios al) C(onsumo). 2. f. Cada una de las letras de una sigla (palabra formada por letras iniciales). P. ej., N, O y U son siglas en ONU. 3. f. Cualquier signo que sirve para ahorrar letras o espacio en la escritura”.

Resulta fascinante que, justamente cuando se quiere escribir sobre algo, llegue un diccionario como el dela Real AcademiaEspañola y te allane el camino. Viene esto a colación, porque este “Fuera de Cuadro” quiere tratar de la “ONU” (ya han leído, Organización de Naciones Unidas), triste protagonista en la actualidad, pero que ya lo viene siendo desde su creación (recordemos que las Naciones Unidas fueron establecidas el 24 de octubre de 1945 por 51 países resueltos a mantener la paz mediante la cooperación internacional y la seguridad colectiva. Hoy en día casi todas las naciones del mundo son Miembros de las Naciones Unidas: en total, 192 países), y que año tras año muestra la inutilidad de su existencia, el vacío de su significado y la inoperancia de su sistema.

Dos acontecimientos, que están asolando ahora mismo el mundo desarrollado (es un decir), dejando absolutamente de lado toda la problemática que padece el cono sur del planeta Tierra, como son la guerra (guerra, sí) de Gaza, y el avión de la compañía Malasya Airlines derribado por un misil sobre el cielo de una Ucrania también en guerra, han vuelto a poner de relieve lo fatuo e innecesario de este organismo que ha encontrado en sus siglas el disfraz perfecto para vivir del momio y hacer creer a los pueblos del mundo que son algo, que significan algo y que pueden hacer algo.

Efectivamente, estamos en un mundo de siglas y de «clubs» de siglas para colocar a vividores que bajo una bandera honorable, se dedican a vivir de los «fastos» sin avergonzarse de no cumplir con ningún objetivo que les abandera. La «ONU» es un organismo de «lucimiento» para unos y de «colocación» para todos, pero, desde luego no es un organismo mundial que represente a las víctimas de ninguna guerra en el mundo. Las víctimas desmembradas por el misil contra el avión son la demostración palpable de que la «ONU» ni existe ni se le espera cuando debiera enfrentarse a los intereses económicos de unos cuantos que son los que promueven las guerras. Tal vez, porque esos cuantos están a su vez, introducido en su propia organización y nadie se devora a sí mismo, mientras haya víctimas que despedazar.

En las tres definiciones que da el diccionario dela Real AcademiaEspañola la tercera es tan explicita como rotunda. “Cualquier signo que sirve para ahorrar letras o espacio en la escritura”, es decir ahorremos letras para que el discurso sea más breve, más conciso y por lo tanto menos explícito, más enmascarado, menos legible. En buena medida, una conversación a base de siglas nos retrotraería a los sonidos guturales de los simios (ahora de moda gracias al cine), con lo cual la maravillosa capacidad de expresión que tiene el ser humano y que es el lenguaje, dejaría de ser una herramienta de comunicación y de expresión. Pues bien, puede tenerse la impresión de que en las asambleas que la “ONU” organiza ahora si ahora también, sus participantes, representantes de esos países que la componen se comunican con sonidos guturales, donde no hay comprensión y por lo tanto no se pueden ofrecer soluciones. La “ONU”, con todo el respeto para los circos, es un circo, es decir, un espacio donde hay lugar para todo: payasos, equilibristas, domadores, ilusionistas, contorsionistas y trapecistas, sin olvidar a los animales salvajes, domados a fuerza de latigazos. Y mientras tanto, en Gaza siguen muriendo personas, en Ucrania ni se sabe ni se esperan declaraciones oficiales sobre el misil y sus consecuencias y en Nueva York (Oh ¡New York, New York!, que cantaba Sinatra),la Organizaciónde Naciones Unidas sigue reuniéndose para saber el sabor de la última carta del restaurante de turno o cobrar las dietas oportunas. Es bueno saber que estas instituciones internacionales de larga vida, amplio prestigio (para ello están los medios de comunicación) e inoperante actividad viven gracias al dinero de todos los contribuyentes del planeta, mientras que en África los niños siguen muriendo de hambre y de enfermedades que pueden ser tratadas. Y es bueno saber que desde la distancia el dolor ajeno es menos dolor y es más fácil hablar de justicia, equidad, libertad y democracia, término este último, que me perdonen los que crean en ella, se ha manipulado tanto que se ha falsificado. Mientras sigamos empleando siglas para comunicarnos, por aquello de ahorrar palabras, papel o espacio, el planeta Tierra seguirá siendo el desorden institucionalizado que entre todos hemos hecho.

 

Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

 

Estrambote: “La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido”. (Friedrich Wilhelm Nietzsche, 1844-1900)

 

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