
Por su especial interés reproducimos hoy integramente un artículo que aparece en el último número de la revista The Ecologist (por supuesto, con autorización de la publicación) y que complementa la visión que os mostramos recientemente en el artículo de Dionisio Romero sobre la aceleración del tiempo.
Un programa emitido en TVE dedicado a la obsolescencia programada está recorriendo el mundo. El tema es gravísimo. Las empresas crean aparatos que morirán enseguida para que volvamos a comprar otros productos “más nuevos”. Esto se sabe y es perfectamente legal. Sólo una sociedad en plena decadencia es capaz de algo tan bárbaro.
Los aparatos de consumo, los electrodomésticos, los coches… duran cada vez menos. ¿Por qué, aunque avanza la tecnología, ésta es cada vez menos eficiente? Recientemente, un documental televisivo ha sacudido muchas conciencias y ha hecho reflexionar a muchas personas.
Rodado en Catalunya, Francia, Alemania, Estados Unidos y Ghana, “Comprar, tirar, comprar” hace un recorrido por la historia de una práctica empresarial que consiste en la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo porque, como ya publicaba en 1928 una influyente revista de publicidad norteamericana, “un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”.
COSIMA DANNORITZER
El documental, dirigido por Cosima Dannoritzer y coproducido por Televisión Española, fue el resultado de tres años de investigación, hace uso de imágenes de archivo poco conocidas; aporta pruebas documentales y muestra las desastrosas consecuencias medioambientales que se derivan de esta práctica. También presenta diversos ejemplos del espíritu de resistencia que está creciendo entre los consumidores y recoge el análisis y la opinión de economistas, diseñadores e intelectuales que proponen vías alternativas para salvar economía y medio ambiente.
VIDA ÚTIL
Edison puso a la venta su primera bombilla en 1881. Duraba 1.500 horas. En 1911 un anuncio en prensa española destacaba las bondades de una marca de bombillas con una duración certificada de 2.500 horas. Pero, tal y como se revela en el documental, en 1924 un cártel que agrupaba a los principales fabricantes de Europa y Estados Unidos pactó limitar la vida útil de las bombillas eléctricas a 1000 horas. Este cártel se llamó Phoebus y oficialmente nunca existió pero en “Comprar, tirar, comprar” se nos muestra el documento que supone el punto de partida de la obsolescencia programada, que se aplica hoy a productos electrónicos de última generación como impresoras o iPods y que se aplicó también en la industria textil con la consiguiente desaparición de las medias a prueba de carreras.
LA RESISTENCIA
Hay varios ejemplos de resistencia. El caso de los hermanos Neistat, el del programador informático Vitaly Kiselev o el catalán Marcos López, dan buena cuenta de ello. Pero hay muchos más. La gente se está organizando para sacarle la máxima vida posible a los productos, sean del tipo que sean. Lo contrario es despilfarrar e inundar nuestro planeta de residuos difícilmente reciclables. Cuando menos vida útil le damos a un producto, más transformamos nuestra ecosfera en tecnosfera. Cuanto más nos arrodillamos ante el Sistema, cuanto más les permitirnos que sigan en sus trece con nuestra absoluta complicidad, más insostenible es el futuro de nuestros hijos.
EL VERTEDERO AFRICANO
Este usar y tirar constante tiene graves consecuencias ambientales. Tal y como vemos en este trabajo de investigación, países como Ghana se están convirtiendo en el basurero electrónico del primer mundo. Hasta allí llegan periódicamente cientos de contenedores cargados de residuos bajo la etiqueta de “material de segunda mano” y el paraguas de una aportación para reducir la brecha digital y acaban ocupando el espacio de los ríos o los campos de juego de los niños.
OTRAS INICIATIVAS
La transnacional Philips acaba de poner en el mercado norteamericano una bombilla que dura veinte años. El anuncio del lanzamiento se hizo coincidir con el Día de la Tierra. Funciona con el dispositivo LED y su precio en el mercado es de 60 dólares. La empresa ha anunciado que lanzará también el producto en el mercado europeo. La bombilla ganó un concurso que lanzó la propia administración estadounidense. Sólo Philips se presentó al concurso y la bombilla necesitó 18 meses de pruebas antes de ganarlo. El consumo masivo de las convencionales bombillas incandescentes es un absoluto desastre medioambiental.
The Ecologist Redacción
Foto: P.M




Un artículo muy interesante y que provoca la reflexión. Gracias por compartirlo, cada vez nosolocine.net va un poco más allá. Un saludo