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OTRAS FORMAS DE EDUCAR. Materialismo educativo. Dejad que los incomprendidos se acerquen a mí. Por Pedro Burruezo

La inadaptación al mundo neoliberal y sus principales dogmas es, en la ecosofía de Pedro Burruezo, un sinónimo de salud mental. Y mucho más que eso: una forma de sobrevivir al entramado social fraudulento del “pan para hoy y miseria para mañana”.

Desde pequeño, siempre me he sentido, profundamente, un inadaptado al mundo moderno y los principales dogmas que lo sustentan. También, en buena medida, me he sentido inadaptado a todo lo que, en la práctica, significa ser un occidental medio, ya sea de Oviedo, de Doha o de Delhi, pues ser occidental es un estado mental y no una cuestión geográfica. Me he sentido un inadaptado, por supuesto, a los sistemas educativos convencionales. Siempre me han interesado muy poco las formas en que las instituciones de la modernidad transmitían el conocimiento y, más allá de eso, siempre he puesto en tela de juicio la validez de ese tipo de conocimiento mismo.

AL PARO

Si el Sistema fuera capaz de repartir la riqueza de una forma más o menos justa, podríamos decir que, aunque lo que se impartiera en las aulas (escuelas, institutos, universidades…) fuera fraudulento, tendría algún sentido (remoto) seguir esa senda. Pero es que el problema es muy gordo. Si haces lo que el Sistema quiere, no llegarás a ser un “integrado” más, con tu hipoteca, tus dos coches y tu casa adosada y tu apartamento en la costa: muy al contrario, si sigues todas las consignas del Sistema… como máximo estarás en paro, solo, enfermo y frustrado. A eso es a lo que aspira el Sistema: el aislamiento, la atomización familiar, un sistema sanitario basado en el fraude, el vivir de espaldas a nuestra naturaleza intrínseca… ¿Qué tiene que ver todo esto con el sistema educativo? Todo.

 

DESPERTAD TERRÁQUEOS

La rueda de prensa de la última edición de BioCultura Barcelona fue muy alentadora. Un montón de jóvenes emprendedores de los diferentes subsectores “bio” nos dieron la clave: para tener algo de futuro hoy, hay que desaprender todo lo inculcado por el Sistema. En la construcción, sólo los bioconstructores tienen futuro, pero no hay en la universidad una respuesta satisfactoria a esta salida profesional. En lo agrario, si vas a una facultad de agrología te enseñarán a contaminar y a producir de forma industrial y te tendrás que comer tus toneladas de patatas propias. Vida Sana, por ejemplo, tiene un máster en agricultura ecológica que no se hace en colaboración con ninguna facultad de agrónomos, sino con una de biología. Si quieres ser periodista especializado en medio ambiente, no vayas a ninguna universidad, pues un tema de tanta relevancia no merece siquiera una asignatura en ninguna de las facultades de Ciencias de la Información españolas. Si te parece que la medicina alopática tiene carencias y quieres complementar ese saber, tendrás que buscarte la vida por otros cauces que son poco habituales para un doctor convencional. ¿Por qué? Porque nuestras instituciones educativas van a años luz por detrás del conocimiento, la demanda y las necesidades de nuestra sociedad. Despertad, terráqueos: no podéis esperar nada bueno del sistema educativo actual. Es preciso cambiarlo radicalmente. O vivir, lo máximo posible, de espaldas a él.

 

HUID DEL MATERIALISMO

El materialismo y, más concretamente, el materialismo pedagógico es una vía frustrante en todos los aspectos. Sólo sirve para enriquecer a unos pocos y hundir en la miseria al resto. Como muy bien dice L. García Garrido: “Cuando se habla de materialismo pedagógico se hace referencia a aquellas facetas doctrinales del materialismo que inciden en la teoría y en la práctica educativas. Puede decirse que todos los principios básicos de la filosofía materialista afectan decisivamente a la entraña misma de la educación. El materialismo pedagógico no intenta, por tanto, dar soluciones concretas a determinados problemas pedagógicos, sino que impone una visión radical del mundo y del hombre, de la cual se sigue, a posteriori, una particular concepción de la educación y de la pedagogía”. El mismo pensador continúa: “Aunque pueden encontrarse en la Antigüedad manifestaciones de materialismo pedagógico, su gran desarrollo se ha operado progresivamente a partir del Renacimiento. Algunos humanistas, en efecto, resucitaron viejas formas del naturalismo pagano, desconocedor de la existencia de realidades verdaderamente espirituales y trascendentes. El gran interés que el Renacimiento manifestó por los problemas educativos hizo posible que tales concepciones repercutieran pronto en la pedagogía”. Y, desde el Renacimiento, la apisonadora cartesiana ha llevado a cabo un borrón y cuenta nueva. Sin embargo, a pesar de que nuestra sociedad se encuentra en el paroxismo del materialismo y del materialismo pedagógico, ¿alguien puede decir que conocemos cómo funciona el mundo? Las escuelas científicas se niegan la una a la otra y, cada año que pasa, surgen nuevos pensadores que abominan de lo que se dijo sólo dos meses antes. No sabemos nada y adoctrinamos en escuelas, institutos y universidades en la ignorancia, mientras nuestra sociedad pierde a marchas forzadas los rasgos de nuestra humanidad.

RUPERT SHELDRAKE

En una entrevista concedida a mi buen amigo Carlos de Prada, Rupert Sheldrake, muy conocido por sus postulados en contra del dogma científico desde dentro mismo del “obispado” tecnológico, ha aseverado: “Lo que sí critico es lo que yo llamo el ‘credo científico’, que se puede resumir en diez mandamientos. En el fondo, hay muchas similitudes entre el fundamentalismo científico/materialista y el fundamentalismo religioso. Unos y otros necesitan la certidumbre total…”. El autor alude al “espejismo científico”: “Lo que yo digo es que aún no entendemos realmente cómo funciona el mundo, que nos quedan muchas cosas por averiguar y que nada está escrito en piedra. La ciencia, hoy en día, presume de saberlo todo y no deja lugar a la duda. Hay que liberar la ciencia del dogmatismo, esa es mi humilde aspiración… En mi último libro me remonto a Albert Michelson, premio Nobel de Física, que en 1894 proclamó que las leyes de la física estaban ya firmemente establecidas y que la posibilidad de nuevos descubrimientos eran ‘muy remotas’. Me pregunto qué pensaría Michelson de la Teoría de la Relatividad o de la física cuántica”.

 

SEPUKKU

Bien pensado, el materialismo, en sus múltiples facetas y ámbitos, no intenta saber cómo funciona el mundo. Pues, si de veras llegara a comprenderlo, sería como hacerse el “sepukku”, suicidio ritual al estilo samurai, mal llamado “hara kiri”, que es la traducción literal, “cortar barriga”, ya que el verdadero funcionamiento del mundo es totalmente incompatible con la doctrina materialista. Así, pues, el pensamiento materialista, impuesto en los dos últimos siglos en todo el planeta, no anhela comprender el universo sino establecer un dogma que le sirva a sus intereses para poder desarrollar el tipo de sociedad y de valores asociados que le servirán no para asimilar el mundo, sino para someterlo. Y, además, para hacerlo con el beneplácito de todos, pues, digámoslo así, el materialismo es una supraideología que está más allá de nacionalismos y de ideas políticas. El materislismo es la esencia misma de la modernidad. Hasta el punto, que ha tiznado los sectores más exoteristas del mundo religioso, preñados también de modernidad. La Banca Vaticana es, por supuesto, de esencia muy materialista, como el programa nuclear iraní o la elite informática de pulcros muchachos/as indios/as e hindús. Con greñas “progres”, corbata “pepera”, nómina “indie”, sotana católica, turbante chiíta o sari a lo Bollywood, los tuétanos de todo el planeta están teñidos de materialismo y hasta los sectores espirituales han perdido buena parte de su razón de ser vinculada a la Tradición Primordial. ¿Qué nos queda para presentar batalla? Muy pocos reductos, con una visión más mística del hecho espiritual, son los únicos que se atreven hoy a plantarle cara al “Matzinguer” imperialista de la modernidad.

 

LA LABOR

La principal labor que se asigna a la educación es la de remover los obstáculos que se opongan al desenvolvimiento perfectivo de la naturaleza tal como la entiende el materialismo y, concretamente, el materalismo pegagógico. Una vez negada la existencia de todo aquello que no pertenece al mundo material, la nueva doctrina no sólo es una apisonadora que funciona como ente que impone una dictadura ideológica, sino que condena al ostracismo y a la superstición a todo lo demás. “Por el mismo motivo, combate toda ética edificada en base a valores trascendentes. En expresión de los materialistas, no existe más ética que aquella que impone la naturaleza material, de tal modo que el comportamiento del hombre, su conducta moral, viene a ser regulado por leyes físico-naturales, económicas, etc. Por eso, los objetivos fundamentales a que apunta la educación moral materialista apenas rebasan el ámbito de la pura educación física; se trata, en efecto, de procurar al educando una buena salud, física y mental, y de desarrollar en él algunos hábitos superficiales de convivencia social, incapaces de superar las exigencias del propio egoísmo”, señala Luis García Garrido. Hablemos en plata: el materialismo pedagógico modela las mentes de los que luego serán los obreros y las elites del Sistema, y nadie queda fuera, ni los dominantes ni los dominados, sea cual sea su raza, condición social, sexo… Igualdad para todos.

 

ADOCTRINAMIENTO

Lo que el Sistema llama educación es, en realidad, un método de adoctrinamiento en unos de valores muy concretos. Nos vuelve a aclarar las cosas García Garrido: “En el terreno de las realizaciones escolares, el materialismo pedagógico se hace propulsor de técnicas que pongan directamente al alumno delante de sólo las realidades materiales o de las ciencias que versan sobre ellas. La eficacia de la labor escolar será medida en función de su productividad material. En unos casos, esta productividad se buscará indirectamente, a través del aprendizaje de ciencias y de técnicas dirigidas sólo al conocimiento y al dominio de la materia. Otras veces, se pretende que la misma escuela sea una fuente directa de productividad material; en el manifiesto comunista de 1848, Marx y Engels exigían la plena «fusión de la educación con la producción material», que posteriormente se concretaría en la creación de las llamadas escuelas productivas, uno de cuyos más destacados defensores fue el ruso P. P. Blonskij (1884-1941)”. Los tiburones neoliberales y los comunistas tienen una misma visión mecanicista y materialista del mundo. Y esa esencia es la que nutre a sus diversos sistemas educativos que, aunque diferentes, tienen muchísimos nexos de unión, por imposible que pueda entenderlo el profano. Son las dos caras de una misma moneda materialista, cartesiana y racionalista. En fín ¿a qué escuela llevar a nuestros hijos? A cualquiera. Siempre que, eso sí, en casa reciban la correspondiente dosis de contraadoctrinamiento, siempre que nosotros estemos libres de toda impureza, cosa que también se me antoja realmente imposible. En fin, que sea lo que Dios quiera…

Escuelas de música.  Métodos obsoletos

Una de las entrevistas que realicé hace años a un intérprete hindú de música tradicional me cautivó. Me dijo que, cada mañana, iba con su maestro a hacer las abluciones al Ganges, muy temprano, cuando despuntaba el alba. Luego, se sumergían en horas de enseñanza general, leyes tradicionales, ética, espiritualidad profunda, conocimiento, oraciones, meditación. Al final de la jornada, llegaba el momento de las ragas, cuando el alumno ya había pasado por otras fases. En la actualidad, en cualquier escuela de música, el hecho artístico es algo encorsetado, fragmentado. Si a algún profesor se le ocurriera despertar en su alumno inclinaciones espirituales, probablemente sería denunciado como sectario o algo parecido. Por otro lado, la capacidad de fantasía y la libertad creativa no abundan en las escuelas y conservatorios. Hoy con todas las posibilidades tecnológicas y la autoidolatración, las músicas son cada vez más limitantes. En el siglo XIX, en cualquier barrio caló de Jerez de la Frontera, diez gitanos cantaban una seguiriya y todos la cantaban distinta y cada metal tenía sus propias características. Hoy, cientos de flamencos quieren sonar a Camarón, lo que es irrepetible. Y en las escuelas te enseñan a ser un clon. ¿Cómo enseñar la capacidad de fantasía? Es imposible. Sólo puedes enseñar los métodos, pero los métodos deberían inducir a la verdadera originalidad, pues originalidad viene de origen, y no hay arte sin raíz que sea, al mismo tiempo, común y propia e intransferible. Viva el sucedáneo, gritaba Warhol.

 

Pedro Burruezo

 

 

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