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PSICOLOGÍA LITERARIA (1): “THE SHINING” de Stephen King. Por Rubén Arnaiz

Si hay algo que asuste más que alguien que te persiga, que intenta hacerte daño, es que lo haga alguien a quien conoces, y peor aun, alguien a quien quieres.

 

Esa es la premisa central real de esta inmensa novela del genio del terror, Stephen King. Pero no sólo del terror. Se dice que a veces uno es preso de su propio personaje, o de su propia fama. King se ha hecho famoso, lógicamente, por sus novelas de terror, y aunque bien es cierto que en el 80% de sus novelas, el terror sobrenatural está presente de alguna forma, bien es cierto que siempre las utiliza como “excusa” para narrar dramas humanos,  y no al revés.

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Si, en “El Resplandor” se dan cita los elementos “habituales” del mundo de King: tormentas, pueblos de la América Profunda, personajes con trastornos psicológicos, y fantasmas. Siempre fantasmas.  Pero lo que realmente hace grande, épica, a esta obra del nativo de Maine, es su tratamiento de la esquizofrenia del personaje de Jack Torrance. En sus novelas, King, siempre modela en algún personaje atisbos de ésta enfermedad, y siempre procura que el detonante sea un elemento fantástico (en este caso, los espíritus inquietos del Hotel Overlook). Pero pocas veces le había dado el protagonismo a uno de ellos.

 

Torrance es ex alcohólico, temperamental e infeliz. Los fantasmas del Hotel no le vuelven loco: sólo son un detonante de su enfermedad. ¿Le obligan los fantasmas a odiar a su mujer y su hijo hasta el punto de intentar matarlos o acaso era cuestión de tiempo, que en otro lugar, en otro contexto, hubiera pasado lo mismo?

 

En el primer acto del libro, se toma su tiempo en contar la vida de los Torrance “antes” del Hotel, y precisan buscar una nueva casa o un nuevo lugar donde quedarse, por si eso mejora la relación entre la pareja y entre él y el niño. Precisamente aceptar el trabajo del hotel es la excusa perfecta para cambiar de aires.

 

Lo mejor de la novela es esa sutileza, o precisamente la falta de ella, a la hora de exponer los hechos, y hacer una alegoría de lo que se llama “familia disfuncional” en su fase primaria, convirtiendo en “culpables” a los ya comentados fantasmas, cuando en realidad la culpa es sólo suya, incapaz de soportar su fracaso como padre, como marido, y como escritor. Lo que se conoce como un “perdedor” que suele sacar sus frustraciones a la fuerza, en general contra esposa y (o) hijo y con golpes de por medio.

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Aunque al final, podemos ver la otra cara y decir que sí, que la novela es de terror en toda regla (legendarias las figuras del laberinto que cobran vida o las oníricas visiones de Danny)  y con un final, tan ambiguo y triste, como sólo podía ser.

Pero el terror es conocido, es cotidiano, y lo vemos, y sentimos todos los días en la calle, en la televisión, con cifras y estadísticas que ponen los pelos de punta (por la cantidad, y por el tratamiento numeral e inhumano con el que se trata el tema).

 

El libro tuvo 2 versiones para cine y TV. La primera, la archiconocida película del gran Stanley Kubrick que, pese a tomar sólo una “pequeña” parte de la obra de King (el libro tiene casi 450 páginas, es lógico) y aunque a éste nunca le gustó, podemos decir que es una buena adaptación, que trata los mejores temas del libro, como el desarrollo de la locura de Jack o los sentimientos de Danny (aunque sólo se traten por encima cosas como el alcoholismo de Jack, el odio hacia su mujer, o se cambie el destino final para Halloran).  Como sea, Jack Nicholson y Shelley Duvall están magistrales.

 

Cabe mencionar que aunque el film dura 143 minutos, a España y otros países llegó una versión reducida de 120 minutos (la de aquí bajo supervisión de Carlos Saura, de la que tanto se ha hablado a lo largo de los años), lo que aún muchos no nos explicamos.

 

La otra, una miniserie de TV en 2007, que a pesar de ser más larga (4 horas) no ahonda mucho más en lo contado por Kubrick, y se va por las ramas en cosas menos interesantes.

 

King publicó una secuela del libro en 2013, aunque es una vaga continuación, pues es, esta vez sí, un “blockbuster literario” de género puro y duro muy divertido, pero nada que ver con los planteamientos psicológicos de la original.

Rubén Arnaiz

 

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