Sabido es que las películas de Kárate y de Artes Marciales me interesan, me retrotraen a mi infancia, crecí viéndolas en programa doble en cines enormes como el Florida, el Continental, el Alhambra, el Navarra o el Stadium, todos de L´Hospitalet de Llobregat, mi ciudad, cuando las entradas eran baratas y esta experiencia de ocio era muy popular.

En el primer lustro de los años 70 del siglo pasado Bruce Lee era el rey de este género, nadie ha logrado eclipsarlo.

Su nombre real es Lee Jun Fan (nombre que le puso su madre, de ascendencia chino-alemana y que significa Protector de San Francisco), nació en Estados Unidos, concretamente en San Francisco (California), el 27 de noviembre de 1940 y murió en Hong Kong el 20 de julio de 1973, a los 32 años, ahora tendría 72 años.

De niño se trasladó a Hong Kong con su familia, donde llegó a actuar en varias películas. Regresó a Estados Unidos, con 18 años, y se graduó en Filosofía en la Universidad de Washington, interesándose especialmente en Marx y Hegel. En la adolescencia comenzó a interesarse por el Kung fu, creando, más tarde el Jeet Kune Do, o Camino del Puño Interceptor. Su maestro en China fue Yip Man (también conocido como Ip Man), sobre él hay dos películas que están francamente bien “Ip man” e “Ip man 2” en la que al final aparece Bruce cuando era niño.

Bruce Lee es considerado un mito en el cine de Artes Marciales. Hizo varias apariciones en series de televisión, como “Ironside” o “Longstreet”, y fue coprotagonista de la serie de media hora de duración por capítulo “The green Hornet”, traducida como “El moscardón verde” o “El avispón verde”, de la que Hollywood hizo una película hace un par de años. En “The Green Hornet”, era Kato, luchador enmascarado, valiente y descerebrado ayudante del protagonista que interpretaba Van Williams.

La fama le pudo llegar cuando estuvo cerca de ser el protagonista de la serie de TV “Kung Fu”, pero al final los productores se decidieron por David Carradine.

De adulto solo rodó 6 películas, una en Hollywood, con un papel muy corto (fallecía a la media hora), donde el protagonista era James Gardner “Marlowe, un detective muy privado”(1969). Sobre el detective del mismo nombre, película bastante mala.

Molesto por no haber conseguido ser el protagonista de la serie “Kung Fu”, decidió volver a Hong Kong, donde alcanzaría el éxito total. En esta etapa rodó 5 films, de los cuales, el último no llegaría a terminarlo.

Su primer éxito llegó con “Karate a muerte en Bankog” (1971), film muy malo, poco ingenioso y en el que solo destaca la escena final.


Su mejor película, para mí, y fue la que le lanzó de verdad, la dirigió Lo Wei que interpretaba, además, al responsable de la policía china “Furia Oriental” (1972), la considero la mejor película de kárate de todos los tiempos. Tenía un buen guión, en el que Bruce aportaba varias escenas cómicas y se disfrazaba en varias ocasiones, toques eróticos, y donde la venganza y la traición eran los ejes fundamentales. Hay media docena de escenas de lucha muy bien coreografiadas y con elementos de tensión. El final, en el que Bruce Lee muere es original y se aleja del tópico de las películas de mamporros de la época.


También la banda sonora es muy buena, fusiona el sonido oriental con el estilo morriconiano. El score lo firman Joseph Koo y Fu Ling Wang.


Ese mismo año, dirigió su primera y única película, en Roma, bastante chapucera y en la que destaca la pelea en el Coliseo con Chuck Norris, en su primera aparición en cine. Tiene un guión muy flojo y bastante confuso. En “El furor del Dragón”, hay un homenaje al western y a Ennio Morricone, pero la película es torpe y aburrida, cutre y con un final deplorable.


La siguiente “Operación Dragón” (1973), es junto a “Furia Oriental” otra buena película, con un buen guión, mucha acción y diversión. La produjo Raymond Chow que en aquella época creó la productora Golden Harvest para competir con la factoría Shaw Brothers. En “Operación Dragón” hay escenas de lucha excelentes y un reparto de lujo para este tipo de films con Jim Kelly, John Saxon, Anna Capri y Shin Kien, como el villano con esa mano mortífera, en la pelea final, en la sala de los espejos. Robert Clouse dirigió el film con mano maestra y consiguió que Bruce Lee se convirtiera en una estrella a nivel mundial. No pudo disfrutar mucho del éxito ya que poco después murió y esto alimentó todo tipo de historias y leyendas, llegando a convertirse en un mito.

Dejó inacabada “El juego de la muerte”  (1978), en la que la factura era muy chapucera, el guión horroroso, y donde llegaron a sustituir a Bruce (que había muerto) por dos diferentes que poco se parecían a Bruce, solo destacaban un par de escenas de lucha, la mejor en la que se enfrentaba al jugador de basket, que en aquella época era joven, y medía 60 centímetros de estatura más que Bruce, el mítico pivot de Los Angeles Lakers, Kareem Abdul Jabar.

Bruce Lee ha pasado a la historia, tenía una gran presencia escénica y dominaba como pocos el manejo de las nunchakus, pero solo hizo dos buenas películas “Furia Oriental” y “Operación Dragón”.

Para aprovechar el filón comercial se llegaron a hacer, tras su muerte, muchas películas infames, en las que los protagonistas en los títulos de crédito eran Bruce Li, Bruces Lei, o nombres similares. Sus sucesores aparecieron como setas, pero nadie consiguió tener el carisma o ese gesto tan característico en el que antes de dar determinado golpe se tocaba la nariz con los dedos. Muchos han intentando emularle, nadie lo ha conseguido.

Su hijo Brandon Lee fue actor y también murió a una edad similar, de manera accidental, en el rodaje de “El cuervo”. Este suceso reactivó la leyenda.

Wong Kar Wai sobre su maestro Ip man y sobre él acaba de presentar en el festival de Berlín “The Grandmaster”.

Sobre su vida y el posible misterio de su muerte se han rodado varios documentales y películas de ficción, se han escrito varios libros e incontables artículos en periódicos y revistas especializadas. Sus películas se reponen con frecuencia en las televisiones de medio mundo. Quentin Tarantino se reconoce como fan de Bruce Lee.

José López Pérez