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Recordando a Rita Hayworth (habría cumplido 100 años). Por Carlos Mir Andreu

La primera vez que oí hablar de Rita Hayworth (Nueva York, 17 de octubre de 1918-Ib., 14 de mayo de 1987) tendría 4 o 5 años. En casa estaba mi tía, la hermana de mi madre, a las dos les encantaba el cine, y comentaban una película, que parecía era muy fuerte, se llamaba “Gilda”. La querían ir a ver, aunque la Iglesia Católica la había prohibido terminantemente, amenazando a quién la viera con la excomunión.

A España había llegado con varios años de retraso, y censurada. Yo la ví mucho tiempo más tarde, no sé si en televisión o en la primera Filmoteca, la de la calle Mercaders. Mi segundo recuerdo es de un par de años más tarde, yo tendría 7 o 8. Se comentaba que en “Salomé” Rita bailaba el baile de los 7 velos y se quedaba completamente desnuda, yo no podía dormir y me la imaginaba bailando y sacándose los velos. Esta tampoco pude verla hasta muchos años más tarde, el video no existia… ni la televisión!! Precisamente tenía pensado ir a la Filmoteca a volverla a ver, en pantalla grande y Technicolor, el mes pasado, pero unas desafortunadas inundaciones hicieron cancelar el ciclo dedicado a su centenario.

La primera vez que la vi en la pantalla de un cine fué en el  Prado de Sitges, en “Fuego escondida”, una pelicula mediocre junto a Robert Mitchum y Jack Lemmon. Lo único destacable era un calipso que bailaba, tenía 38 años y ya no era ningún sex-symbol, pero imaginé lo que podía haber sido. A los 11 años la ví, también en Sitges, al aire libre, en “Mesas separades”, que me gustó mucho. El argumento transcurria en un hotelito inglés, y en el comedor todos los clientes se sentaban en mesas separadas. Yo los conocía por películas suyas anteriores y eran mis favoritos: Burt Lancaster por “El temible burlón”, David Niven por “La vuelta al mundo en 80 días” y Deborah Kerr por “Las minas del rey Salomón”. Rita Hayworth demostró que sabía actuar y que se podía codear con los grandes intérpretes. Volvió a hacer un papel dramático en “Sangre en primera pàgina”, en la que brilló como actriz madura. Como no la había conocido de joven y sexy ya me iba acostumbrando a verla tal como era, una mujer mayor, buena actriz y con un halo de misterio por su pasado fogoso y glamuroso.

La carrera de Rita Hayworth no empezó enfundada en un sensual vestido de satén negro, haciendo el striptease del guante, y siendo abofeteada por Glenn Ford. Cuando rodó “Gilda” tenía 27 años y había participado, y en muchos casos protagonizado, más de 20 películas. Fué la mejor pareja de baile que tuvo Fred Astaire, en dos comedias musicales seguidas: “Bailando nace el amor” y “Desde aquel beso”, y también la de Gene Kelly en “Las modelos”. Los dos mejores bailarines de la historia del cine elogiaron la manera de bailar de Rita, por su técnica, clase y sensualidad a flor de piel. Ella había bailado desde muy niña, con sus padres, en un grupo llamado “The Dancing Cansinos”. Su padre era el bailarín español Eduardo Cansino y su madre, Volga Hayworth, que había bailado en las famosas revistas de Ziegfield.

 

Rita rechazó el papel protagonista de “La condesa descalza”, que acabó haciendo Ava Gardner, por creer que el argumento se parecía demasiado a su propia vida. En aquella época, principio de los 50, rechazó algunas películas que debería haber aceptado, como “Deseos humanos”, de Fritz Lang, que interpretaría Gloria Grahame, y “De aquí a la eternidad”, en un personaje hecho a su medida que haría suyo Deborah Kerr. En su filmografía también destaca “Pal Joey”, un musical que había triunfado en Broadway interpretado y bailado por Gene Kelly. Estuvo magnífica como la señora Simpson, una viuda millonaria, antigua bailarina de estriptease, que le monta un night-club a un cantante que ejerce de gigoló y que no era otro que Frank Sinatra.


La vida sentimental de Rita fué más agitada que su filmografía. Entre sus 5 maridos destacan dos nombres: Orson Welles, padre de su hija Rebeca, que la dirigió en “La dama de Shanghai”, tiñéndola de rubio platino, con el pelo corto y matándola al final, y el príncipe iraní Alí Khan, con quién tuvo a su hija Yasmine.

En 1972 rodó su última película, “La ira de Dios”, junto a Robert Mitchum, después desapareció de la vida pública y de la prensa.

La antigua diosa del sexo padecía la enfermedad de Alzheimer pero nadie lo sabía. Ella fué la primera persona pública en padecerlo, como había pasado dos años antes con Rock Hudson y el Sida. Su hija Yasmina la cuidó hasta su fallecimiento en 1987, a los 69 años de edad.

La prensa mundial lloró su fallecimiento, recuperando su pasada gloria por unos días. Glenn Ford, su amigo y compañero en tres películas, declaró que la frase publicitaria de 1946 “Nunca hubo una mujer como Gilda” seguía vigente.

Y nunca habrá una estrella como Rita Hayworth

Carlos Mir

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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One comment

  1. Enhorabuena, Carlos, por este magnífico artículo.

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