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Recuperamos la entrevista que MariaJo López Vilalta le hizo al gran Jerry González en la revista Batonga en mayo de 2003.

Nota inicial del editor: El pasado lunes se nos fue un grande de la música, Jerry González. Trompetista virtuoso, conguero destacado, productor y compositor de Jazz Latino, pero fundamentalmente un músico arriesgado, honesto, singular.

Hoy os ofrecemos la extensa entrevista que nuestra compañera MariaJo López Vilalta le hizo para la revista gratuita Batonga en mayo de 2003

La tituló “Una de piratas”.

 

Tras varios cambios de agenda, parece que por fin estoy citada con el Sr. Jerry González en el hotel donde se aloja estos días en Barcelona en los que anda de promoción con su último trabajo JERRY GONZÁLEZ Y LOS PIRATAS DEL FLAMENCO (Lola Records). Hotel Sant Pau, junto al  modernista Hospital de Sant Pau. Me inquieta tanto el encuentro que llego unos minutos antes de la hora D. Mientras tomo un café, me pregunto por qué habrán escogido un hotel destinado a dar cobijo a enfermos o familiares de éstos… Será que aun no saben que hace más 20 años Jerry González ya se curó con uno de los trabajos más decisivos de su carrera, “YO YA ME CURÉ”.  Los cinco minutos del café se convierten en hora y media de espera. Una llamada, otra. Una buena amiga de Jerry me salva del momentáneo plantón y me convence a que, ya puestos, me espere un poquito más. Parece que el programa se le ha complicado o es que el timing impuesto era humanamente imposible de cumplir.

Al fin cruza la puerta y, sin ni tan siquiera presentarme, me atrevo a hacerlo con un “Lo bueno se hace esperar…” sincero y expectante. Aun no ha comido. Anda semi inclinado, como si al hacerlo, quisiera seguir tocando apasionadamente su tremenda trompeta o golpeando las congas como sólo él sabe hacerlo. Su amiga estaba en lo cierto, valía la pena ese último cigarro para esperar a ese hombre tan poco común con el que entonces iniciaba un rosario de encuentros entrecortados, casuales unos y deliberados otros, que me han permitido acercarme a ese enorme músico y a una tremenda persona que no me ha dejado indiferente. Piensen mal, si quieren.

Una habitación sin vistas

Persianas herméticamente cerradas. ¿Qué importa si allí afuera hace sol o llueve? ¿Pa´qué? Con el panorama interior que ofrece una habitación de hotel ocupada por Jerry González, aunque sólo sea por 48 horas, basta y sobra para disfrutar la intensidad que desborda este nuyorican insumiso y vertiginoso. Es pura energía. Se levanta y se vuelve a sentar. Remueve su bolsa. Busca. Encuentra, o no. Mientras, tararea y patalea con fuerza en el suelo marcando un paso que resulta difícil seguir. Le confieso mi enganche con su último disco junto a Diego “El Cigala”, Niño Josele y “Piraña” y le digo sinceramente que me parece jondísimo, cosa que él recibe con entusiasmo, mejor dicho, con una carcajada contundente y contagiosa. Este hombre no finge, y eso es un regalo para los que andamos por ahí intentando robar palabras a la gente. Aprovecho para comentarle que, en mi opinión, hasta al propio Chano Domínguez le cuesta transmitir esa jondura, a lo que añade: “Él tiene algo que lo cuadra, que le hace quedarse ahí, apretao y que no le deja soltarse”.

Le pillo agobiado con tanta entrevista y soy consciente de que apenas tendré unos minutos para disfrutar de él. “Me sabe mal –dice- Intento complacer a todo el mundo pero… ¿Si no podemos seguir esta noche? Si te va bien…”  Anda además algo cabreado ya que tenía que tocar en Crónicas Marcianas e incomprensiblemente le imponen hacerlo con play back. “¿Puedes creer eso? Pretenden que vaya allá a hacer teatro… ¡play back con mi música! Una TV así y dicen que no lo tienen montado para directo… ¡Están locos! ¡ O directo o nada!”. Gesticula indignado sin dejar de ir y venir entre ese delicioso caos que le rodea allá donde va. “Por fin… ¡la máquina! –exclama-” Está como alucinado con una pequeña máquina que le regaló Andrés Calamaro y que se ha convertido en su juguete preferido. “No la uso siempre pero me fascina, con ella la trompeta suena como si fueran tres y ¡me siento como Jimmy Hendrix! (otra carcajada)” Mientras comparto el exquisito resultado acústico que González consigue con “la máquina” en cuestión, hago un poco de memoria sobre la grandeza de su carrera  al lado de Dizzie Gillespie, Eddie Palmieri, George Benson, Jaco Pastorius… y, por supuesto, como miembro fundador, con su hermano Andy, del ineludible Conjunto Libre junto al timbalero Manny Oquendo del que Jerry no duda en decir: “Él es el mejor”.

Cambia el mini-disc por otro que encuentra entre los montones de grabaciones que viajan consigo como quien lleva su cepillo de dientes. “Eso está grabado en Madrid, en Clamores…-apostilla-“ Atónita ante la disciplina y entrega que este hombre demuestra por su profesión, le pregunto si habitualmente graba sus actuaciones: “Todas. Las grabo desde que empecé en esto”. Después de graduarse en la Music and Art High School de Nueva York, debutó con sólo 19 años con Dizzy Gillespie. Tras acompañar a los más grandes maestros del panorama jazzístico y latino, en 1980 Jerry González funda su Fort Apache Band, uno de los grupos más progresivos y comprometidos con la vanguardia del jazz latino “Escucha eso, aquí está “la máquina” …–vuelve a reír-“ “Se llama hamenizer y me la regaló el rockero Andrés Calamaro. Ahora ando muy enrollado con él. Creo que vamos a hacer algo juntos. Parece algo imposible, dos mundos teóricamente tan opuestos, pero hay feeling y él está muy interesado en mi trabajo y con ganas de que salga algo… ¡a ver!”

Es materialmente imposible no dejarse fascinar por alguien tan firmemente coherente en su conducta radical con la música, con la vida, con la injusticia, con el amor… Jerry González es la anti-mediocridad y el anti-snobismo por excelencia. El opina, aclama y denuncia con conocimiento de causa: la que lleva consigo alguien que ha nacido y criado en el Bronx más duro, contra viento y marea, sólo con armas de viento y percusión.

Sigamos. De su tremendo maletón saca un CD (“A primera Vista” INGO MUSICA): “Toma, esto es algo que hice con dúo de piano y trompeta, con Fede Lechner, un pianista argentino que conocí en Madrid y a las dos horas tocábamos juntos. Lo grabamos así, sin ensayos… en dos noches.” Efectivamente se trata de un trabajo con la frescura habitual de casi todo lo que hace Jerry González, que respondo con un trueque en forma de Batonga!: “Siempre leo Batonga! en Clamores… –hojea- ¡Juan Habichuela! ¡Mister Bean! (risas) No lo conozco personalmente, pero me gustaría…”

 

Madrid, le mata.

Hablar ahora con Jerry González, es hacerlo también de Madrid. La ciudad donde parece que ha encontrado la calma y el aliento para seguir en su empeño musical.  “Allí ando. Llegué por una semana a ver que pasaba y ¡llevo dos años! No de forma continuada, porque voy yendo y viniendo de Nueva York cuando tengo cosas con Fort Apache”.  Fue en la primavera del 2001 cuando Jerry González, metido en la promoción del film Calle 54 de Fernando Trueba, descubrió la persuasión madrileña. Así dejaba a atrás su residencia de San Juan de Puerto Rico a donde se había mudado desde su Nueva York natal. “En Madrid me siento más tranquilo –prosigue- Es como Nueva York en miniatura: actividad, gente en la calle siempre… You know… No como aquí en Barcelona que a las dos todo el mundo corre hacia su casa. Aquí me pasó algo que me cayó bien mal… Actué en la Cova del Drac, hice un pase y creí que tocaba otro, entonces me pararon y la cosa se volvió “discotheque”. ¡La música daba tanto asco que uno no podía ni quedarse a gozar del ambiente! Eso no es una cuestión de mentalidad, eso es el interés por la moneda y el desinterés total por la cultura que se está presentando. Lo asombroso es que se llama Jazzroom y ¡después se convierte en un circo! En Londres, por ejemplo, la gente se levanta a bailar aunque sea jazz, eso no pasa ni en Nueva York… Aquí en Europa pasan esas cosas, la gente le pone buen oído…” Conversando con Jerry González es fácil deducir que le ha llegado la hora del desamor con Nueva York y la del flechazo con el viejo continente: “Siempre tuve el sueño de viajar por Europa y hacer cosas como un gitano, you know, tocando, yendo y viniendo… pero ningún amigo se arriesgaba en la aventura. Yo me tiro a ver lo que hay y si hay algo que me anima, me quedo y lo aprovecho. Muchos andan ahí como arrastrando una bola de los pies que no les deja hacer esas cosas que te abren la cabeza y el alma. Yo, a la única cosa que le tengo miedo es a la policía. Por eso me siento más cómodo en Madrid que en Nueva York. De joven tuve problemas allí con la policía, pero ahora ¡aún es peor!. Tenemos a ese alcalde republicano que se encarga de que no pases ni un minuto sin tener a un carro de policía al acecho como tiburones, entrando a cualquiera sin motivo ni sospechas. ¡No me gusta vivir con ese stress! Ya estuve dentro (en la cárcel) como ocho veces por tonterías… Aquí es distinto. Uno se fuma un porrito tranquilo sin que nadie le moleste y sin espectáculos. Creo que uno tiene que ser como uno es y con el estilo de vida que uno quiere.” ¿Y qué pasa ahora en Puerto Rico? –pregunto- “Uf, allí se está imitando a Nueva York, pero todavía más peligroso. Me gustaría vivir allá, de allá son mis orígenes, pero haciendo mi música. En Puerto Rico los rockeros, los raperos y los merengueros son los que están haciendo el money, mientras que los rumberos están pasando un momento muy malo.”

Admite que formar parte de “Calle 54”  ha sido un honor para él y que no fue consciente de su repercusión hasta que inició la gira tras su estreno: “Recuerdo el concierto en el Palau de la Musica de Barcelona. Was wonderful! Ese fue el mejor trabajo de esa gira.” A pesar del paréntesis piropeador a la ciudad condal, es Madrid la que definitivamente le cautivó o donde le secuestraron sus compinches flamencos: “Más que secuestrarme, me sedujeron. Desde que llegué quería tocar flamenco y me perdía por ahí… En un club me reconoció el pianista Fede Lechner y me llevó al Café Berlín. Me gustó mucho lo que pasaba allí y me la pasé yendo y tocando cada día. Al final, Erik, el dueño del local, me dio las llaves de su apartamento y allí me pasé un año viviendo ¡sin pagar!. La verdad, es que me trataron todos muy bien… Después Trueba me presentó a Javier Limón y a “El Cigala” y me dijeron “quédate”, y me quedé por siete meses sin notar que estaba pasando tanto tiempo. Era pura actividad tocando todos los días. Cuando volví a Nueva York, me notaron en forma. Allá últimamente ya no pasaba nada, en cambio esto me gusta… Me estoy encontrando con músicos de  Colombia, Argentina, Perú, los gitanos… ¡Y eso es muy rico para mí! No me conformo con el nivel, porque estoy acostumbrado al ritmo feroz de Nueva York, pero noto que hay ganas: agito un poco y la gente toca más de lo que tocaban antes. Estoy subiendo el nivel de muchos músicos, y lo digo sin problemas de ego… Me siento como un profesor para gente que es muy conformista con lo que hace, pero hay mucho más y creo que se como inspirarles. Hay gente que está tocando mejor que nunca y el mérito no sólo es mío, pero creo que les he despertado. Yo soy así, siempre tengo hambre para sobrepasar lo que toqué el día anterior…

Tocan la puerta. Se rompe el encantamiento. Es Silvia de Lola Records, que acompaña y “sufre” a Jerry González con todas sus consecuencias: “Al final vas a hacer Crónicas Marcianas en directo, tú sólo con la trompeta… ¡Tenemos que irnos ya al Fnac!”

“¡No jodas! ¡Que bueno!” –exclama como un niño que ha ganado la partida-

Intento recoger mis cosas que se han entremezclado con las suyas, como por pura inercia. Más que despedirnos, interrumpimos nuestro encuentro y lo aplazamos a cuando Yemayá, Ochún o Elegguá quieran.*

*(Los Orishas fueron generosos. Me vi con Jerry González en dos ocasiones más. En una lo vi y lo escuché pero no me dejaron rebasar la línea de seguridad. En la otra, olvidé mi grabadora,  pero me dejó grabadas un montón de lecciones que no olvidaré en mucho tiempo)

 

Mª José López Vilalta

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About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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