Home / Destacado / El rincón del crimen, nueva sección de Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos para nosolocine.net

El rincón del crimen, nueva sección de Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos para nosolocine.net

Inicio aquí un viejo y deseado proyecto que a veces por falta de tiempo o por una cierta pereza, he creado muchas veces en mi cabeza y que hasta ahora no plasmo en este espacio que bajo el título de “El rincón del crimen” quiere reflexionar sobre el que para mí es el mejor género literario: la novela policíaca, la literatura criminal, la literatura de intriga, el polar, el thriller, la novela negra, o llámese como se quiera, que es el género que mejor dibuja y dimensiona la verdadera naturaleza humana. Mezcla de novela social, histórica, dramática, en ocasiones cínica e irónica, pero siempre aguda como un estilete, la novela negra es el más perfecto ejemplo de lo que debe ser la literatura de ficción, aunque en muchas ocasiones esa ficción no es más que la realidad enmascarada. No por casualidad grandes escritores del pasado, del presente (y con toda seguridad del futuro) han cultivado este género antiguamente despreciado y vilipendiado y en la actualidad ocupando el primer lugar en ediciones, ventas y gustos.

Y quiero iniciar este “Rincón del crimen” solventando un pecadillo de lectura que, afortunadamente he podido subsanar, gracias a esas librerías de lance donde puedes recuperar lo perdido en el caminar del día a día. Me refiero a una novela superior, a un cierre brillante en la carrera de un personaje literario que para mi tiene la misma dimensión que Sherlock Holmes, Hércules Poirot, Jules Maigret, Philip Marlowe o Sam Spade, como es Kurt Wallander.

He leído tarde (pero nunca es tarde cuando la dicha es buena) “Huesos en el jardín” (“Handen”, 2004/2013), editado en nuestro país por Tusquets Editores en su colección Andanzas, Serie Wallander, en una primera edición de octubre de 2013, en magnífica traducción del sueco de Carmen Montes Cano, de ese gran autor, desgraciadamente ya desaparecido, que fue Henning Mankell (Estocolmo, Suecia, 3 de febrero de 1948-Gotemburgo, Suecia, 5 de octubre de 2015).

Es la novela número once de las doce dedicadas al personaje de Kurt Wallander y aunque después se editó “El hombre inquieto”, en 2009, no cabe duda que “Huesos en el jardín” es por su propia naturaleza la última novela de la saga y lo prueba el extraordinario posfacio escrito por el propio Henning Markell, que bajo el título de “Cómo empezó, como acabó y lo que ocurrió entretanto”, narra, para que el lector entienda perfectamente al personaje de Kurt Wallander, la creación del mismo y su desaparición. Como se sabe Henning Mankell, además de su serie sobre Wallander (llevada en dos ocasiones a la televisión y una vez al cine), tiene publicada una densa obra literaria y teatral ajena al personaje, pero que fue, sin duda, el que dio la gran popularidad que sigue teniendo.

Una lectura apasionante

Hay que decir, antes que nada que la lectura de “Huesos en el jardín” es una lectura apasionante. Una lectura ante la que solo caben dos posiciones: o la lees de un tirón (solo 159 páginas, que un lector medio puede leer en una corta noche de insomnio) o la lees a golpes de emociones, porque es tanta la intensidad de la historia, la complejidad de la investigación de que lleva a cabo Wallander, que hay momentos que debes dejar la lectura para recuperarte de las emociones y sensaciones que te transmite el relato. He de confesar que he tenido que utilizar la segunda lectura porque la novela impacta desde el primer párrafo hasta la última línea. Con toda seguridad, porque el personaje de Kurt Wallander (el otro yo de Menkell) el escritor lo hace tan real que lo sientes cerca de ti, buscando esa casa imposible, meditando sobre lo que es su vida o discutiendo con su hija Linda.

El estilo literario de Henning Mankell me recuerda mucho (salvando las distancias lógicas) al de Geoger Simenon, tanto en las novelas de Jules Maigret como en las otras novelas criminales del escritor belga. Ambos escriben directamente, sin subterfugios, en línea recta, con una brillante economía de palabras. Henning Mankell sabe dibujar, con cuatro trazos a los personajes: sea el policía retirado Simon Larsson o la testigo Kristina Fredberg. Domina la naturalidad de los diálogos como si de un gran dialoguista de cine se tratara y sabe crear los espacios sin abrumar de detalles al lector que entra, como entra él en el jardín de la casa que quiere comprar o viaje por la helada Escania. A partir de un macabro hallazgo la vida de Kurt Wallander se complica, pero a la vez le sirve para reflexionar sobre la misma, mirar su futuro con temor, pero apreciar la consistencia de los dones que posee, como, en buena medida, hace cualquier mortal.

Una novela ejemplar, de esas que hay que releer de tanto en tanto, porque no solo narra una investigación criminal, si no que nos habla de la vida y de la muerte, de la soledad y de la persistencia, del amor y del perdón. Es esa literatura eterna, incombustible (ni a 451 grados Fahrenheit), que deja la mejor huella de lo que el ser humano puede hacer con algo tan sencillo como contar una ficción que es menos ficción de lo que se pueda creer.

Y sobre todo, los que quieran recuperarse de su “pecadillo” (es decir si todavía no han leído la novela) no dejen de leer, de saborear, de bañarse en la impresionante declaración de principios que hace Henning Mankell en uno de los posfacio más memorable de la historia de la literatura.

Sobre Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Periodista cultural,Crítico de Cine

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

Check Also

“Coco” (2017): ¡Maravillosa! La película de la semana de nosolocine.net

Pixar fue pionera en crear films de animación que gustaran a públicos de todas las …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *